Ópera y Teatro musical

Cuando el buen humor no aspira a ser gracioso

Agustín Blanco Bazán

miércoles, 31 de julio de 2019
Joėlle Harvey y Christian Gerhaher © 2019 by Mark Douet

La Royal Opera House acaba de cerrar su temporada 2018-19 en el Covent Garden con dos producciones ya añejas de Bodas de Figaro e Hija del Regimiento. El público se rió hasta las lágrimas de estas dos viejecitas haciéndose las graciosas. En cambio, mis lágrimas fueron de pena, porque no puedo dejar de recordarlas lozanas y sardónicamente contenidas de la mano de sus regisseurs originales, respectivamente David Mc.Vicar y Laurent Pelly. ¡Las vieran ahora!

Las Bodas de Fígaro*

 

Estas Bodas dirigidas con seguridad y brío por John Elliot Gardiner el 4 de julio fueron repuestas con una equivocada vena bufa por el regisseur Thomas Guthrie. Equivocada, porque las Bodas de Figaro no es una ópera para hacer reír. ¡Así, como lo leen! Cuando la vi por primera vez no había sobretítulos, la interpretación los recitativos era sobria y se evitaban adornos vocales innecesarios. Uno debía estudiar la ópera de antemano para entender bien lo que pasaba, por ejemplo, con la patente del paje a la cual le faltaba el sello. El premio de este trabajo previo era el acceso a esa ironía sardónica y elusiva con que Mozart y Da Ponte penetraban en la complejidad psicológica de cada personaje.

“Mozart es más grande que Wagner, dramáticamente hablando” me dijo una vez Harry Kupfer, el regisseur de unas Bodas donde se podía escuchar el sexteto “Riconosci in questo amplesso” sin ver el comienzo perturbado por carcajadas espasmódicas. Ciertamente, uno sonreía ante ese giro del destino que echa por tierra las esperanzas de una madre que cree que casarse con un hombre joven le solucionará la frustración de una vida estigmatizada por la pérdida de un hijo natural. Pero ninguna risotada perturbaba la antítesis entre el “dolce contento” y el “fiero momento”, que la coda orquestal resuelve con conmovedora asertividad. En el Covent Garden las risas frente al sexteto no pararon hasta el final.

La mayor víctima de este sainete ramplón fue un Conde de Almaviva que Simon Keenlyside sobreactuó bufonescamente, subrayando los recitativos con gestos similares a los de interpretación para sordomudos. Una foto que espero ilustre esta crónica lo muestra abalanzándose sobre Susana como un bufón con doble dosis de viagra. Y lo que trató de toquetearla todo el tiempo, incluyendo una gracia de abalanzarse a ella fingiendo ser un toro de lidia, porque, claro, se trataba de incluir una españolada turística para el gusto del público inglés. En fin, lo cierto es que este pobre Almaviva se pareció más a Harvey Weinstein que al inolvidable prototipo de poder y contradicción creado por Mozart y Da Ponte. Hasta la buena voz de Keenlyside pareció alterada por una enfatización de implacable ramplonería.

Nada de buena voz en cambio en el caso del Fígaro de Christian Gerhaher, que apianó, quebró y sobre enfatizó frases para ocultar deficiencias que hacen preguntar por qué no se concentra en el género lied en lugar de insistir en ópera. “¡Ooohh!” se asombró este público de sainete cuando pensó que, para mayor diversión, hasta iba a ver una teta en “Venite, inginocchiatevi.”

No así quienes sabían que “Kangmin Justin Kim” es un nombre masculino, en este caso identificatorio de un Cherubino capaz de competir en el rol con las mejores cuerdas femeninas. Sólo un registro agudo forzado hasta la estridencia probó que este es, decididamente, un papel para mezzo. La mejor cantante en esta noche de risas fue la Susanna vocalmente cálida y ágil de Joélle Harvey. Julia Keiter interpretó una condesa de atractivo timbre malogrado por un fraseo solo correcto. Bien vocalmente, pero bufonesco a lo Offenbach el Basilio de Jean-Paul Fouchécourt.

La hija del regimiento*

 

Esta obra de Donizetti es en muchos sentidos un germen de comedia musical y por ello, el hacer gracias ante el público es un recurso legítimo, pero, ¿hasta que punto? Originalmente, la puesta de Pelly representaba a los personajes bufos como debe hacerse desde Rossini para adelante, esto es como hombres y mujeres que hacían reír por lo seriamente con que interpretaban su estupidez. Como comparación no dejo de recordar un Barbero de Sevilla donde Ruggiero Raimondi y Gabriel Bacquier hacían reír con un Basilio y un Bartolo más serios que químicos de laboratorio en sus manipulaciones y tramas. No así, la exagerada Marquesa de Berkenfeld de Enkelejda Shkoza, tan insistente ella en hacer caras de pantomima al público y terminar cada frase con un falsete largo y exagerado. Con ello no hizo desbalancear la relación con la duquesa de Crakentorp, que hoy día se presenta siempre como una payasa de circo.

Por suerte Miranda Richardson puso todo su talento actoral en este papel, para hacerlo tan ridículo como serio, a la manera de Raimondi. El año del estreno de la producción original, los sirvientes de la Berkenfeld y los invitados a la boda interpretaban su esclerosis colectiva como un risueño intento de contenerla, haciéndola pasar como rigidez apropiada a la aristocracia, en contraposición con la anárquica soldadesca de Marie y Sulpice. En esta reposición del 8 de julio la esclerosis fue de una exageración tan burda como esos aspavientos que se ensayan frente a un bebé para que este deje de llorar.

Como Marie, Sabine Devieilhe sucedió a Natalie Dessay sin la fuerza dramática y vocal de esta última, pero con convicentes expresividad y línea de canto. También convincente y espontáneo fue el Sulpice de Pietro Spagnoli.

Y como parece que hay que hacer, comparemos ahora el Tonio de Javier Camarena con el de su antecesor de Juan Diego Florez. Por supuesto que muchos me dijeron que ahora a ellos les gusta más el segundo que el primero. Pero éste no es mi caso porque creo que los dos son excelentes a su manera, por lo menos en el momento fundamental de la partitura como lo es Pour me rapprocher Marie. La voz de Florez era tal vez más lírica pero la de Camarena ha crecido para mostrar un magnífico apoyo de garganta y una calidad tímbrica a veces un poco ácida, pero de cualquier manera formidable, lo cual le permitió gloriosos sobreagudos en “A mes amis.”

Evelino Pidó mantuvo a la orquesta de la casa en excelente estado de ejecución para matices de color y dinámicas que pocos como él saben interpretar.

Notas

Las Bodas de Figaro, Opera en cuatro actos con libreto de Lorenzo De Ponte y música de Wolfgang Amadeus Mozart. Director de escena: David McVicar. Escenografía: Tanya McCallin. Iluminación: Paule Constable

Director de reposición: Thomas Guthrie. Conde de Almaviva: Simon Keenlyside. Condesa: Julia Kleiter. Figaro: Christian Gerhaher. Susanna: Joélle Harvey. Cherubino: Kangmin Justin Kim. Don Basilio : Jean-Paul Fouchécourt. Don Bartolo: Maurizio Muraro. Marcellina: Diana Montague. Orquesta y coros de la ROH bajo la dirección de John Elliot Gardiner.

8.7.2019. La fille du régiment ópera cómica en dos actos con libreto de Jules-Henri Vernoy de Saint Georges y Jean François Bavard y música de Gaetano Donizetti. Director de escena y vestuario: Laurent Pelly. Escenografía: Chantal Thomas. Iluminación Joël Adam. Marquesa de Berkenfeld:Enkelejda Shkoza. Marie: Sabine Devieilhe. Tonio: Javier Camarena. Sulpice: Pietro Spagnoli. Duquesa de Crakentorp: Miranda Richardson.

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