Francia

De Tosca a Tosca y ...

Jesús Aguado

jueves, 1 de agosto de 2019
Aix-en-Provence, miércoles, 17 de julio de 2019. Théâtre de l'Archevêché. Giacomo Puccini, Tosca. Libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en la obra La Tosca, de Victorien Sardou. Christophe Honoré, puesta en escena. Alban Ho Van, escenografía. Olivier Bériot, Vestuario. Dominique Bruguière, iluminación. Baptiste Klein, Christophe Honoré, vídeo. Reparto: Catherine Malfitano, Prima Donna. Angel Blue, Floria Tosca. Joseph Calleja, Mario Cavaradossi. Alexey Markov, Il barone Scarpia. Simon Shibambu, Cesare Angelotti. Leonardo Galeazzi, Il sagrestano. Jean-Gabriel Saint Marin, Sciarrone. Michael Smallwood, Spoletta. Virgile Ancely, Un Carceriere. Jean-Fréderic Lemoues, Mayordomo. Coro infantil de la Ópera de Lyon. Karine Locatelli, directora del coro infantil. Coro de la Ópera de Lyon. Hugo Peraldo, director del coro. Orquesta de la Ópera de Lyon. Dirección musical, Daniele Rustioni.
Angel Blue y Catherine Malfitano © 2019 by Jean Louis Fernández

Una Prima Donna ya retirada, antigua gran estrella de la ópera, recibe en su casa a una compañía que está preparando una interpretación en concierto de Tosca para realizar un ensayo con ellos y poderles ayudar con su visión de la obra. Ella fue una destacada intérprete del papel en sus tiempos, una diva legendaria, y aunque la idea de verse invadida en su intimidad no le gusta demasiado, ha accedido para que todo sea filmado y forme parte de un documental sobre ella y su carrera.

Para la compañía es una oportunidad de perfeccionar y darle brillo a su interpretación, y para la vieja estrella será un viaje al pasado, a su años de triunfo y a su papel como diva.

Este es el punto de partida de la producción de Tosca que ha presentado este año el Festival d’Aix-en-Provence en una coproducción con la Ópera Nacional de Lyon. El responsable escénico es Christophe Honoré, que se plantea la obra como un acercamiento a la figura de la diva como personaje casi mítico, admirada y casi adorada, y su relación, a veces problemática, con el mundo real.

Con todo lo explicado queda claro que lo que vemos en escena no es una representación de Tosca al uso, sino el supuesto ensayo realizado por la compañía en casa de la Prima Donna, y ya en el acto tercero, la interpretación en concierto para la que dicha compañía se estaba preparando.

El punto de vista es interesante, en principio, y, si bien transforma la historia de Tosca en algo que no es la historia de Tosca, su principal problema, a mi juicio, es la resolución formal: la escenografía es magnífica, pero es apabullante. Vemos, como es lógico, el apartamento de la diva, que ocupa todo el escenario, con sus diferentes estancias, pero en la parte superior hay dos grandes pantallas que proyectan diferentes tomas de lo que está sucediendo en ese momento en escena como parte de la filmación del documental, pero de pronto saltan a lo que suponemos son recuerdos de la diva, imágenes de ella cantando Tosca con Plácido Domingo, escenas de otras grandes divas del pasado, y el conjunto resulta confuso, en muchos momentos uno no sabe dónde mirar.

Por suerte, el argumento de la obra es archiconocido, pero si se intentaba seguir los sobretítulos para leer el texto y se combinaba con las imágenes proyectadas y lo que sucedía realmente en el escenario, aquello por momentos devenía incomprensible. El coro prácticamente invade la casa de la Prima Donna, y acaban acosándola y persiguiéndola, ante su mirada de espanto, al final del primer acto.

En el segundo continuamos en el mismo apartamento, aunque ahora la perspectiva ha girado y vemos a la izquierda el dormitorio de la diva y a la derecha una especie de cocina donde están los comprimarios y Cavaradossi (bueno, el cantante que hace de Cavaradossi) emborrachándose. La diva parece aconsejar a Tosca (la cantante que hace de...) sobre su papel mientras intenta ligarse a Cavaradossi, que acabará vomitando y derrumbado en la cama.

En algún momento parece que todo deja de ser un ensayo y Tosca es Tosca y Scarpia es Scarpia, y los esbirros del malvado barón acosan a Tosca como harían en una representación de la ópera, e incluso, cuando la dejan a solas con Scarpia, se van a acosar y prácticamente violar al mayordomo de la Prima Donna, un efebo que no sabe dónde meterse y que acaba prácticamente desnudo, lo que encenderá el deseo de la diva, que le pagará para tener relaciones con ella.

Mientras tanto, Scarpia sigue con su papel, y cuando Tosca, desesperada, desde el suelo empieza a cantar Vissi d’arte, aparecen en las dos pantallas imágenes de la Callas, Tebaldi, Verret y otras grandes divas de la historia cantando la misma aria, entre ellas la propia Catherine Malfitano, que es quien interpreta a la Prima Donna, por si no lo había mencionado antes. Vamos, que sigue ocurriendo lo mismo: una buena idea inicial transformada en un extraño laberinto en el que es fácil perderse.

Y llega el tercer acto y estamos en el concierto en la que la compañía interpreta la ópera: la orquesta en el escenario, los cantantes vestidos de gala, y la Prima Donna sentada en primera fila, perdiendo la razón, paseándose entre la orquesta, y trepando por unas escaleras del fondo para morir de un ataque mientras Tosca (la cantante...) canta sus últimas notas que corresponden a su muerte, muerte que no vemos porque es una versión de concierto, de manera que finalmente es la Prima Donna la que se encarna en la Tosca y acaba muriendo. Por mucho que les parezca un juego de palabras, seguramente este final sea lo más claro de la función.

Catherine Malfitano, como ya he dicho, era la Prima Donna, a la que incluso llegamos a escuchar cantar en algún momento, incluyendo la canción del pastor del principio del tercer acto, pero que ejerce, sobre todo, de actriz, y está estupenda, con una mirada a lo Gloria Swanson que le da el tono exacto al papel. Angel Blue era Tosca (la cantante...), y mostró una hermosa voz, espléndida para el personaje, amplia, sonora, de color pleno y carnoso y agudo potente y de gran presencia. Estuvo muy bien como actriz, aunque la mayor parte del tiempo no interpretaba propiamente a Tosca sino a la cantante que ensaya para el personaje; aún así, estuvo estupenda y cantó un precioso Vissi d’arte.

Su enamorado, el caballero Cavaradossi, estuvo bastante más irregular. Era Joseph Calleja, y si bien el centro sonó timbrado y agradable, el agudo fue territorio bastante más pantanoso. Ya sabemos que Recondita armonia es un matatenores, que tienen que rematar con un brillantísimo agudo prácticamente nada más salir a escena, pero el tenor maltés estuvo francamente desafortunado en ese final, con una nota muy destemplada. Y no fue la única, por eso lo menciono; a lo largo de los dos primeros actos todas las subidas al agudo fueron peligrosísimas y con un vibrato exagerado. Por suerte, consiguió rematar un hermoso E lucevan le stelle con un sonido canónico e incluso apianado al final, y salvó con eso los muebles. Fue una pena, porque el fraseo y la intención resultan muy puccinianos.

Alexey Markov era Scarpia, estupendo de voz y como actor, y si bien su gran momento al final primer acto, A doppia mira… quedó un tanto diluido en la barahúnda que había montada en escena con coros, figurantes y Prima Donnas en procesión, mostró un envidiable poderío vocal que confirmó en todo el segundo acto, en el que, además, encarnó verdaderamente al personaje, como mencioné antes, con lo que estuvo todo lo odioso y amedrentador que se espera de un Scarpia.

Bien el resto de personajes, destacando la hermosa voz del Sacristán de Leonardo Galeazzi y el Spoletta de Michael Smallwood.

Correcto también Daniele Rustioni al frente de la Orquesta de la Ópera de Lyon, que sonó bien pero sin entusiasmar, supongo que porque Rustioni la dirigió bien pero sin entusiasmar. Puccini requiere un poco más de arrebato, y en general sonó todo lento y sin demasiada chispa. En el último acto, con la orquesta en el escenario, exageró el gesto como si estuviera toreando a la orquesta en vez de dirigirla, pero tampoco es que el resultado final fuera mucho más interesante.

Una noche, por lo tanto, correcta en lo musical, lastrada por una puesta en escena excesiva, que pese a partir de un punto de vista interesante, a priori, acabó perdiéndose en los meandros de una realización demasiado barroca.

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