Alemania

Una invitación a la ensoñación

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 31 de julio de 2019
Wuppertal, jueves, 27 de junio de 2019. Gran sala auditorio de la Historische Stadthalle Wuppertal. Jan Lisiecki, piano. Frédéric Chopin, Nocturnes opus 65, Nocturne en mi menor opus póstumo 72/1, Scherzo número 1 en si menor opus 20. Robert Schumann, Vier Nachtstücke opus 23. Maurice Ravel, Gaspard de la nuit. Serguéi Rachmáninov, opus 3. Klavier-Festival Ruhr 2019. Night Music. 100% del aforo.
Jan Lisiecki © 2019 by Georg Lukas

Con Frédéric Chopin pegó el pianista canadiense Jan Lisiecki su primer salto hacia la fama cuando tenía apenas 15 años de edad. Ahora, ya algo más maduro, volvió a deslumbrar al público con sus impecables habilidades técnicas y su sensibilidad poética en una velada del Klavier-Festival Ruhr 2019, titulada Night Music, en la gran sala auditorio de la Historische Stadthalle de Wuppertal.

Lisiecki (Calgary, 23 de marzo de 1995), nacido en el seno de una familia de emigrantes polacos, recurrió nuevamente a los nocturnos de Chopin, pero también de Robert Schumann, Maurice Ravel y Serguéi Rajmáninov para seguir fascinando a la platea con su maravilloso virtuosismo, colmando con nuevas emociones y un sonido inconfundible obras acendradamente históricas.

El astuto duende se avecindó de inmediato en la velada cuando Lisiecki tocó los primeros compases del Andante en fa menor de los Nocturnes opus 55. Alcanzó su máximo esplendor y hondura con el turbulento Presto con fuoco del Scherzo opus 20, con movimientos impetuosos y salvajes, y con el espectacular Scarbo Moderé, de Gaspard de la nuit que pone a prueba todas las técnicas. Lo que más impresiona aquí es el innato talento y la adquirida capacidad de Lisiecki para dominar lúdicamente piezas que requieren de un extraordinario virtuosismo.

Otro tanto ocurrió con las demás composiciones del programa, los Vier Nachtstücke opus 23 de Schumann y los Cinq Morceaux de fantaisie opus 3 de Rachmáninov, ejecutadas con una destreza como si solamente se tratara de minúsculos y simples ejercicios de digitación. Hasta ahora no había tenido la oportunidad de escucharlo solo, con un gran piano de concierto (Steinway D) en medio del escenario. La vez anterior lo vi acompañado por la Orquesta Filarmónica Checa, bajo la batura de Semyon Bychkov y no es lo mismo. La radiografía aquí es más exacta y contrastada.

El joven, varias veces laureado en América del Norte y Europa, es hoy una estrella ascendente en el firmamento musical internacional; su digitación ha ido superándose constantemente en calidad desde que comenzó a estudiar piano a los cinco años de edad y a tocar públicamente como solista junto con una orquesta cuando tenía nueve. Entretanto, el embajador de UNICEF en Canadá se ha presentado en más de 100 conciertos en todo el mundo y ha grabado varios discos compactos.

Sin embargo, quizás haya ido todo demasiado deprisa para Lisiecki en su vertiginosa y empinada carrera. Es cierto que todavía tiene mucho por delante para continuar madurando, pero su llegada musical deja flotando en el aire algunas interrogantes en contraste con su magistral desenvoltura, como fue el caso en el único de los bises que dejó esta tarde: Ensueño, la número siete de las Escenas infantiles de Schumann.

Las alteraciones del tempo se prolongaron durante un lapso más amplio hasta que volvió abruptamente al ritmo inicial, con el consecuente quebranto de algunas líneas de la obra. Los cambios de volumen pudieron haber sido más fluidos, aunque la pieza haya sonado tan romántica y enternecedora que invitaba realmente a la ensoñación.

Si bien su digitación de pe a pa es impecable, y da la importancia debida a cada nota, la presión del teclado, tanto en los pianissimos como en los fortissimos, no resultó lo suficientemente variada como se requiere, verbigracia, en Gaspard de la nuit. Al menos todas esas variaciones que dan una imagen sonora diferenciada no fueron tan diáfana e inteligiblemente escuchadas como hubiera sido de aguardar.

En fin, sea como fuere, el pianista canadiense tiene todas las herramientas a la mano para lograr la profundidad que demandan los compositores. Es cuestión de tiempo, tal vez, hasta que alcance ese anhelado y superior objetivo. Los estruendosos aplausos y gritos de aclamación no fueron por demás austeros; todo lo contrario. Es la quinta vez, desde su debut en 2015, que Lisiecki interviene en el Klavier-Festival Ruhr. En 2020, cuando se conmemore el 250º aniversario del nacimiento de Ludwig van Beethoven, ofrecerá en dos veladas en Essen y Dortmund cinco conciertos para piano del genial creador alemán, entre otras obras, esperados con gran expectación

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