Alemania

La enorme dificultad de la contención interpretativa

Juan Carlos Tellechea

lunes, 5 de agosto de 2019
Düsseldorf, lunes, 15 de julio de 2019. Robert Schumann Saal del Kunstpalast de Düsseldorf. Martin Helmchen (piano) y Frank-Peter Zimmermann (violín). Ludwig van Beethoven (1770 – 1827), Sonata para piano y violín número 1 en re mayor op 12/1, Sonata para piano y violín número 2 en la mayor op 12/2, Sonata para piano y violín número 3 en mi bemol mayor op 12/3, Sonata para piano y violín número 4 en la menor op 23. Klavier-Festival Ruhr 2019. 100% del aforo.
Martin Helmchen © 2019 by Klavier-Festival Ruhr

Música de cámara al más alto nivel coronó la memorable velada del dúo Martin Helmchen (piano) y Frank-Peter Zimmermann (violín) en el Klavier-Festival Ruhr. El concierto, con las cuatro primeras sonatas para violín de Ludwig van Beethoven compuestas entre 1797-1798 y 1801 (las tres del opus 12, dedicadas a Antonio Salieri, uno de sus maestros, y la sonata en la menor dedicada al conde, banquero y mecenas austríaco Moritz von Fries), fue clausurado entre las aclamaciones de casi un millar de espectadores presentes en la gran sala Robert Schumann de Düsseldorf.

Las expectativas en torno al recital eran muy elevadas. Las entradas habían quedado agotadas desde hacía meses. La ejecución fue no solo impecable, en términos de técnica y virtuosismo, sino que reveló también una convivencia maravillosa y sobresalientemente bien coordinada entre ambos músicos que tocaron con sutil placer, si bien lo hacen desde no mucho tiempo. En el lapso de los últimos dos años el dúo Helmchen-Zimmermann ha evolucionado a todas luces en gran medida. Ahora va camino a convertirse en uno de los mejores exponentes europeos del género en estos momentos,

Estas cuatro sonatas para violín y piano, de las diez escritas por Beethoven y que aparecieron en un período relativamente breve de cuatro años, ejemplifican asimismo el desarrollo artístico del entonces joven e inexperiente compositor. Aunque las tres primeras están relativamente más apegadas a la predominante tradición del piano, se advierte ya en ellas la naciente irrupción del singular estilo de Beethoven. En el opus 23, en cambio, comienzan a notarse ya el equilibrio y la equidad entre ambos instrumentos.

Las tres del op 12 para piano y violín obligado son un trabajo muy temprano, escrito alrededor del período en que Beethoven estudiaba con Joseph Haydn, las piezas están escritas en su mayor parte en un estilo clásico similar al de CPE Bach, Mozart y Haydn. En la Sonata en re mayor (12/1), al comienzo, el violín se limita a ser un mero acompañamiento del piano. Sin duda, el ideal del genial compositor alemán en cuanto a las partes para violín se fue modelando paulatinamente, tras ir conociendo a los violinistas Rodolphe Kreutzer (cofundador de la escuela francesa junto a Pierre Rode y Pierre Baillot), al que dedicó su Sonata opus 47, George Polgreen Bridgetower y Franz Clement, quienes de uno u otro modo lo influenciaron.

Zimmermann es un artista que exuda calma, tranquilidad y discreción; es sencillo, mantiene los pies sobre la tierra; no es ni vanidoso ni aspaventero ni presumido, y se distancia de cualquier actitud petulante o engreída en la interpretación (Stradivarius Lady Inchiquin de 1711, en el que tocara Fritz Kreisler, cedido por la Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen). Helmchen es, en este sentido, un compañero ideal, muy virtuoso, con sus propios acentos, sin pretender colocarse en primer plano. Juntos hacen música de forma exquisita, aunque todavía les falta un poco más de rodaje.

Resulta evidente que esta unión ha sido forjada sobre la marcha en su actividad profesional y no por una afinidad espiritual de muchos años. Han grabado ya juntos, mas son conscientes de que la experiencia que ganan en estos recitales es importantísima e invalorable para sondar las reacciones del público, sentirlo, comunicarse con él y percibir su atención.

Desde un principio -siguiendo fielmente la partitura y alejándose de las principales tradiciones interpretativas- ambos se esforzaron por sintonizar sus respectivos estilos (verbigracia, en el Allegro con brio de la referida Sonata en re mayor, Helmchen puso manos a la obra con brillo y energía como lo suele hacer como solista, mientras el violín sonaba en cambio algo retraído siguiendo el concepto de la obra), pero a lo largo de la velada la comunión fue en grandioso aumento.

El piano sonaba con tonalidades claras y transparentes, mientras Zimmermann exploraba un amplio y colorido espectro, como si se tratara de desvelar algún recóndito misterio en una fabulosa historia. El Rondo. Allegro molto de la Sonata en mi bemol mayor fue finalmente toda una diversión, sonaba eufórico, estupendo, una muestra cabal de la excelente calidad del dúo. La Sonata número 4 en la mayor les salió muy equilibrada, dinámica y con gran elocuencia en los diálogos.

En noviembre de 2018 habíamos tenido ya la oportunidad de admirarlos en otro concierto extraordinario, un gran momento de música de cámara, de esos memorables de este festival, cuando tocaron en la monumental Historische Stadthalle de Wuppertal las tres últimas sonatas de Beethoven para piano y violín (8, 9 y 10) con enorme vigor, ingenio y frescura.

Ni el uno ni el otro muestran interés alguno por practicar una ejecución historicista; ni tienen que apelar a ninguna arlequinada para demostrar cuán moderno era Beethoven en su tiempo y qué imponente es su universalidad en nuestros días. Su tonalidad maravillosamente flexible, sus matices, la naturalidad de su presentación despertaron la credibilidad de la platea: las obras deben sonar de esta manera y no de otra.

El público que abarrotaba la sala Schumann de Düsseldorf no quería dejarlos ir sin que entregaran otra pieza. El único bis en esta ocasión fue el Adagio molto espressivo de la Sonata para violín número 6 en la mayor, de Beethoven, la primera de su opus 30 (compuesta entre 1801 y 1802 y dedicada al zar Alejandro I de Rusia).

El 20 de noviembre próximo tendremos ocasión de presenciar la ejecución completa de esta composición en otro recital del binomio Helmchen-Zimmermann en el que tocarán las sonatas 5, 6 y 7 de Beethoven, también en el marco de este fantástico Klavier-Festival Ruhr que ha recibido a más de 50.000 espectadores en la presente edición de 2019.

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