Francia

Blank out: Desiderium ad matrem suam

Jesús Aguado

lunes, 5 de agosto de 2019
Aix-en-Provence, domingo, 14 de julio de 2019. Auditorium Campra. Blank out. Ópera de cámara con música y libreto de Michel van der Aa, a partir de textos de Ingrid Jonker (Amsterdam: Dutch National Opera, 2015). Michel van der Aa, puesta en escena y dirección de la filmación. Miah Persson, soprano. Roderick Williams, barítono. Nederlands Kamerkoor. Coproducción de la Dutch National Opera, Festival de Lucerne y Teatro dell'Opera di Roma. Festival de Aix-en-Provence
Miah Persson © 2019 by Priska Ketterer

Una mujer comienza a contar una historia y poco a poco vamos comprendiendo que lo que nos cuenta es la muerte de su hijo, ahogado en el mar sin que ella, paralizada, pudiera hacer nada para evitarlo. Mientras narra algunos recuerdos del niño, va montando una pequeña maqueta, una miniatura de la casa junto al mar en que vivían. Ante ella coloca una fotografía de su hijo.

Esa imagen de la casa en miniatura, que vemos proyectada en una gran pantalla, se superpone con una imagen de la casa real, en la que vemos a un hombre que nos cuenta cómo, hace años, su madre murió ahogada al salvarle a él. De la misma manera en que, al principio, la madre intentaba reconstruir a su hijo, es ahora el hijo al que vemos intentar recuperar los recuerdos de su madre para intentar comprenderla. Este es, a grandes rasgos, el argumento de Blank out (2015), ópera de cámara de Michel van der Aa que presenta este año el Festival d’Aix-en-Provence.

Pero tan importante como el inquietante argumento es su realización: en escena está únicamente la mujer, la maravillosa Miah Persson, que canta en directo y actúa sobre esa pequeña maqueta que va construyendo. Todo lo demás aparece proyectado en una pantalla, filmado en 3D (el público debe utilizar unas gafas especiales), y de hecho, toda la intervención del barítono que encarna al hijo, Roderick Williams, es grabada, así como la del Nederlands Kamerkoor, al que nunca llegamos a ver. Además, hay una parte de música electrónica, que, en general, es lo menos interesante de lo que se escucha, pues la mayoría de las veces suena francamente a tópico, Vangelis pasado de vueltas.

En cambio, la parte vocal está muy bien resuelta, con una sonoridad que recordaba poderosamente a Britten en muchos momentos, y con auténticos hallazgos basados en la tecnología, como el impactante comienzo, en el que Miah Persson comienza cantando a capella lo que parecen ser frases entrecortadas y casi inconexas. En un momento, en la pantalla aparece ella misma, repitiendo toda la sección que acabamos de ver, y la cantante en carne y hueso canta, acompañándose por lo tanto a sí misma, y va completando esas frases, a las que poco a poco les vamos encontrando sentido. Pero el juego aún da un paso más allá, y en la pantalla vemos a dos Miahs, repitiendo las dos secciones ya interpretadas mientras que la Miah real vuelve a añadir una voz más, dándole por fin el sentido completo a lo que estamos oyendo. Impresionante y hermoso.

Este juego de construcción y deconstrucción del lenguaje marcará, de alguna manera, toda la obra, pues cuando comencemos a escuchar al hijo se producirán efectos semejantes, en los que uno completa y amplía las frases del otro. Los dos personajes interactúan gracias a la tecnología 3D (que, por desgracia, por un problema visual, yo no pude disfrutar), de manera que los hilos que teje la madre en el escenario se prolongan hasta la pantalla en un espectáculo fascinante de realidad y apariencia que en algunos momentos nos hace dudar de si los dos están muertos en realidad.

Miah Persson sigue teniendo uno de los timbres más hermosos del panorama operístico; era la primera vez que tenía la ocasión de escucharla en directo, y, aunque el papel no es excesivamente exigente desde el punto de vista vocal, su voz hechiza en todo momento y suena fresca y bellísima. A Roderick Williams únicamente le escuchamos grabado, aunque la apariencia de la grabación es de una gran naturalidad en la toma de sonido, sin que se perciban efectos que distorsionen la voz, y lo que suena es una muy hermosa voz de barítono con unos graves muy redondos y profundos, y ciertas incursiones en la zona aguda también de sonoridad muy fresca y agradable.

Michael van der Aa es el compositor y responsable de la puesta en escena y de la filmación, lo que nos habla de su carácter de artista multidisciplinar, y por lo visto en Blank out, es alguien con una voz propia en todos los campos que transita.

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