Entrevistas

Los teatros en España son muy poco valientes

Pelayo Jardón

jueves, 8 de agosto de 2019
Emilio López © 2019 by Emilio López

Emilio López (Valencia, 1982) es el regidor responsable de la innovadora producción de Madama Butterfly, recientemente representada en el Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. De los detalles de esta producción y de otras cuestiones relativas a la dirección de escena estuvo charlando con Mundoclásico.com antes de regresar a su ciudad natal.

Pelayo Jardón. ¿Cómo se afronta la responsabilidad de montar una ópera tan conocida como Madama Butterfly?

Emilio López. La primera vez que me dijeron que hiciese Madama Butterfly me asusté muchísimo, porque se ha hecho tantas veces… y, además, se ha hecho demasiadas veces mal. Pero, por otro lado, es una ópera que me encanta y que no me canso nunca de escuchar, porque siempre descubres algo nuevo en ella. Después de haberla trabajado en profundidad, cada día encuentro algún detalle, tanto en la música como en el libreto, que me hace madurar más la obra.

Entrando en detalle, ese contraste entre el primer acto, tan luminoso, y el escenario de desolación de los actos segundo y tercero, ¿viene a ser un reflejo de la bipolaridad de Butterfly?

El primer acto es idílico. Butterfly está esperando; deja su religión; lo deja todo por alguien que no conoce, porque tiene una idea en la cabeza... algo ideal realmente, que hace que ella piense que eso la va a sacar de su situación y de su entorno. Por eso se entrega a Pinkerton de una manera totalmente abierta. Luego viene ese choque con la realidad que tiene y es lo que he intentado plasmar en el segundo y el tercer acto. Aunque lo niega, está completamente destruida, está sola, han renegado de ella.

Nadie quiere saber nada de ella, excepto Suzuki y Goro, al que llaman casamentero, pero que en realidad es un proxeneta. Por eso, el segundo acto lo mantengo siempre con un tul, que no tiene sólo una función estética, sino que también sirve para sugerir lo que está pasando... Y luego en el tercer acto eso se levanta: se levanta el velo que ella tiene en los ojos y acaba viendo la realidad.

¿Cuáles han sido tus principales fuentes de inspiración?

Para el primer acto, las fotografías y postales japonesas antiguas en blanco y negro coloreadas, que me apasionan por su belleza y sus tonos apagados. Para el segundo y el tercero me inspiré en la novela y en la película Lluvia negra (Kuroi Ame), que trata de las consecuencias que tuvo la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki: cómo una lluvia lo dejó todo completamente negro y la gente empezó a enfermar a causa de la radiación. He intentado llevarlo a la escena, sin desvirtuar la obra.

Has situado la acción en los años cuarenta, en vez de a comienzos del siglo XX. ¿No se está llegando a abusar del recurso de descontextualizar una ópera desde el punto de visto histórico y estético? ¿Hasta qué punto se puede disociar la música de la trama primigenia de la ópera? ¿Consideras que se puede llegar a traicionar la esencia de la obra?

No estoy a favor de descontextualizar totalmente la obra; creo que si destrozas la obra en su esencia es un ejercicio de egocentrismo al más alto nivel. Por ejemplo, yo no estoy para nada al mismo nivel que Puccini e Illica. Hay directores de todo tipo; he estado trabajando como asistente de dirección con directores que son mucho más clásicos, que seguían al pie de la letra el libreto y que, según el dinero que había de producción, ponían un decorado u otro. Y también he trabajado con otros partidarios de descontextualizar la obra completamente. Personalmente entiendo que todos los cambios que haga el director de escena tienen que estar justificados.

¿Consideras entonces que Madama Butterfly es un drama atemporal?

Absolutamente. Es un drama atemporal, porque es algo que podría suceder hoy, sobre todo si pensamos en el tema del turismo sexual. Al fin y al cabo era turismo sexual que un americano pudiera casarse así como así con una japonesa de quince años y luego abandonarla.

Hay un momento de la representación en el que la bailarina Fátima Sanlés recrea la danza de Loie Fuller, un icono del art nouveau y prácticamente contemporánea, pues, de la ópera de Puccini. ¿Cómo surgió esa idea?

El coro a bocca chiusa se suele representar mientras que se ve a Butterfly esperando. Yo, además quería contar por qué ella está ahí sentada y qué tiene en su cabeza. Pues bien, hay un momento del dúo en que Butterfly y Pinkerton hablan de cómo capturan en Occidente a la mariposa. Yo quería llevar esa idea a la escena y como ella se ve en ese momento reflejada en la mariposa. En un principio no pensé en una bailarina, sino en unos artistas contemporáneos que utilizan el movimiento libre de telas con ventiladores… y al final me vino la idea de que lo que podía hacerse era una danza.

En otro orden de cosas, ¿cómo es el trabajo con los cantantes? ¿Es preciso tener mucha paciencia y mano izquierda? ¿Supone una dificultad añadida lidiar con divas o divos consagrados?

Sin darte nombres, los cantantes más grandes con los que yo he trabajado son los menos divos. El divismo es una muestra de inseguridad. Y los cantantes consagrados y buenos son personas que no tienen ese tipo de inseguridades. Normalmente la gente que muestra una manera fea a la hora de trabajar suele ser gente mediocre, que tiene una inseguridad que no ha resuelto y que la paga con el director de escena.

¿Cómo se encajan las críticas cuando no se llega al público, cuando el público no comprende bien el montaje de una ópera? ¿Hasta qué punto cabe tratar de imponer al público una visión determinada?

Los directores de escena somos un nexo entre la obra y el público. Lo que hacemos es contar la historia de una manera visual para que la gente la entienda. Y en cierta medida ponemos nuestro corazón al hacerlo, nos desnudamos ante el público. Supongo que, por eso las críticas me afectan, y quizá también por la manera en que nos han criado, para agradar a los demás. Sobre todo me duelen cuando se trata de una crítica que no es constructiva o que se ve que van a hacerte daño, o que no está justificada.

Has llegado muy joven a conseguir que confíen en ti para un trabajo de tanta responsabilidad como montar Madama Butterfly. ¿Qué consejos darías a aquellos otros jóvenes que deseen dedicarse a la dirección de escena?

Les recomendaría que aprendieran la profesión desde abajo. Yo soy músico, pero empecé como figurante; luego regidor de escena; luego fui asistente dirección y luego surgió que pudiera dirigir. Y que no dejen de aprender. De todos los directores de escena con los que yo he trabajado, y he trabajado con gente muy grande, como Davide Livermore o Albert Boadella, he aprendido algo.

¿Cómo es la actitud de los teatros ante las propuestas de los jóvenes directores de escena?

Es muy complicado ser director de escena, porque no confían en ti. Yo he tenido la suerte de que, gracias a mi trabajo como asistente de dirección y de director de reposición, la gente ha visto lo que he hecho y me han ofrecido hacer cosas. Pero es algo muy raro, porque los teatros en España son muy poco valientes. A los directores de escena jóvenes se nos dan en España muy pocas oportunidades y parece que siempre tenemos que estar mendigando el trabajo. Y luego al final acaban viniendo siempre aquí a dirigir las mismas personas de fuera y en cambio hay personas a las que no se les da una mísera oportunidad y no pueden desarrollarse como artistas.

En Italia a los directores jóvenes se les dan muchísimas oportunidades, como por ejemplo, a Damiano Michielleto. En cambio, aquí hay chicos muy capacitados que están intentando destacar, como Raúl Vázquez o Rafael Villalobos, a los que le está costando muchísimo tirar hacia delante, porque hace falta un poco más de confianza por parte de los teatros. Con todo lo que llevo hecho, hay teatros a los que yo les escribo y ni siquiera se dignan a contestarme.

¿Existen lobbies dentro del mundo de la ópera? Y, más concretamente, ¿qué opinas sobre la reciente polémica sobre el presunto lobby gay?

Está claro que en este mundo la gente se mueve por influencias y que hay algunos circuitos en los que si estás fuera, no eres nada. Con respecto al artículo sobre el lobby gay, te diré que hay mucha gente del mundo de la ópera que es homosexual, pero yo soy heterosexual, he trabajado con muchísimos directores de escena y nunca me he sentido discriminado por mi condición sexual. No estoy de acuerdo con ese artículo.

Esta producción de Madama Butterfly, viene del Palau de las Arts de Valencia. ¿Por qué otros lugares ha pasado y adónde tenéis proyectado llevarla?

Se estrenó en Valencia en 2017 y de momento sólo se ha traído al Escorial. No sé cuáles son los planes que tienen para esta producción, pero desde luego a mí me gustaría rodarla mucho más.

A la vista de este trabajo de Madama Butterfly, ¿han surgido nuevos proyectos?

No, de momento nada. Las cosas que me han ofrecido por ahora son como ayudante de dirección.

Finalmente, ¿cuál es la ópera de tus sueños, aquella que te gustaría montar?  

Realmente me gustaría hacer Il Trittico de Puccini, que no se representa mucho, y Otelo, por su carga visceral. Los personajes con una carga emocional fuerte son los más atractivos para mí.

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