España - Cataluña

Las rutas de Savall pasan por Torroella de Montgrí

Agustín Blanco Bazán

jueves, 15 de agosto de 2019
Torroella de Montgrí, viernes, 2 de agosto de 2019. Auditorio de Torroella de Montgrí. Las rutas de la esclavitud. Narrativa con textos, obras cantadas y danzas alusivas a la historia y cultura de la esclavitud en África, Portugal, España y América Latina. Tembembe Ensamble Continuo, La Capella Reial de Catalunya y Hespèrion XXI bajo la dirección de Jordi Savall
Ballaké Sissoko © Martí Artalejo/Festival de Torroella, 2019

Torroella de Montgrí, una pequeña ciudad de sugestiva solidez medieval y vibrante multiculturalidad, hoy cubierta de lazos amarillos, comenzó su 39 festival de música y arte con el estreno catalán de Las rutas de la esclavitud. Se trata de un compendio de canciones y ritmos concertados por Jordi Savall como testimonio y memoria de lo único que los esclavos africanos pudieron llevar consigo cuando los sacamos de su tierra y sus familias para traficar con ellos.

El espectáculo documenta cómo este cantar y bailar pasó a formar parte de nuestra propia identidad cultural. Algo así como una expresión musical del dilema que inspira la filosofía del maravilloso National Museum of African American History & Culture de Washington DC: ¿Qué sería de nuestra propia cultura sin el aporte de esos africanos que esclavizamos a partir del siglo XV para manumitir con displicencia mas adelante, pero siempre sin perder de vista la necesidad de seguir discriminándolos? En su charla previa, Savall llegó a proclamar la obligación moral de acoger a los refugiados africanos que hoy llegan a las costas mediterráneas europeas como la obvia compensación histórica por el delito de haberlos sacado sacado a la fuerza de esos lugares de origen a los cuales el actual neofascismo europeo y norteamericano pretende hoy circunscribirlos. Savall: “¡Los arrancamos de sus familias y su tierra para esclavizarlos y no somos capaces de recibir a sus descendientes!”

Y los textos intercalados entre cada número musical, leídos por Babou Chan, el actor de Gambia afincado en Cataluña desde 1989, no hacen sino afirmar este mensaje. Son textos sin los cuales la compilación musical no tendría sentido. Porque es gracias a ellos que puede apreciarse la bestial cosificación de los esclavos como objetos de caza y lucro, documentada en ordenanzas, disquisiciones e instrucciones de castigo, en contraste con el arte musical con que las víctimas terminaron influyendo la cultura de los victimarios. Ya al comienzo del espectáculo la aplastante conclusión de Aristóteles que divide a la humanidad en dos, esclavos y amos, es contradicha con un lamento improvisado de Mohamed Diaby para kora y valiha que nos confronta con la esclavitud padecida por los africanos. 

Siguen obras musicales de Mali, Colombia y el Pacífico, escurinhos del Brasil, spirituals norteamericanos, tonadas, canciones indígenas, etc., todos recopilados con sesudo criterio investigativo por Savall y sus colaboradores. Y todos armónicamente consolidados dentro de un peculiarísimo mundo sonoro creado por el encuentro de tres conjuntos radicalmente disímiles en instrumentos y expansión acústica. La tradicional Capella Reial de Catalunya, y el Hésperion XXI con sus tiorba, viola da gamba, y arpa barroca española, concertaron con las marimbas huapangeras y guitarras de son del Tembembe Ensamble Continuo. La impresión general fue de una integración del folklorismo africano y latinoamericano dentro de una estructura barroca mediterránea, bien acorde con la perceptiva observación escrita hace algunos años por Axel Ross sobre unos conciertos de Savall en Nueva York: “las fronteras musicales parecieron disolverse: fronteras entre el pasado y el presente, composición e improvisación, ‘popular’ y ‘clásico’ Oriente y Occidente. Canciones y danzas de siglos atrás radiaron tristeza y saltos de alegría. El sonido de diferentes naciones y tres religiones universales interactuaron en una utopía rica y creíble.” 

La intensidad del espectáculo se vio afectada por su extensión a dos partes y demasiadas reiteraciones. Creo que algo más compacto reforzaría la intensidad balística del mensaje. Pero ésta es una opinión personal. A veces los artistas insisten en machacar como un mantra lo que quieren transmitir, aún cuando ello malogre una estética más coherente y sintetizadora. Y, de cualquier manera, el mensaje entusiasmó a un público siempre atento, aunque tal vez más relajado que lo que estaría uno en Londres o Nueva York. En estas dos metrópolis cualquier mensaje político antirracista pasa hoy día a primer plano con la asistencia de audiencias enfervorizadas por la frustración de vivir bajo regímenes que predican la discriminación y la xenofobia como política de estado.  

Resulta difícil distinguir algunos cantantes e instrumentistas sin ser injustos con los demás. De cualquier manera la cantante Mamani Keita y Ballake Sissoko al kora fueron excepcionales intérpretes de la música de Mali, y la soprano Maria Juliana Linhares junto al percusionista Zé Luis de Nascimento se lucieron con la música brasileña, como también lo hicieron varios artistas del Tembembe Ensamble Continuo con las composiciones de México y Colombia. 

Jordi Savall se restringió a la dirección general, y ocasionalmente acompañó con viola de gamba soprano. Fue en esta última calidad que interpretó un conmovedor solo introductorio a una Amazing Grace a cargo de la extraordinaria mezzosoprano canadiense Neema Bickersteth. ¡Había tantas novedades para mí en este programa, y justo el spiritual mas conocido fue lo que más me conmovió! ¡Qué intimidad y concentración la de la viola de Savall y del contrabajo de la Capella Reial! ¡Y qué sutil e irresistible la coda coral incorporada al final, casi como un eco al fraseo intenso y recóndito de la mezzo! Inmediatamente después Babou Chan proclamó la refutación a Aristóteles que a pesar de su obviedad tuvo que esperar tantos siglos para hacerse carne en una civilización que tantos insisten aún en denominar occidental y cristiana: “La esclavitud es un crimen contra la humanidad.” Así de fácil.

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