Italia

El exquisito arte de Cimarosa

Jorge Binaghi

viernes, 16 de agosto de 2019
Martina Franca, miércoles, 31 de julio de 2019. Palazzo Ducale (Cortile). Il matrimonio segreto (Viena, Burgtheater, 7 de enero de 1792), libreto de Giovanni Bertati, música de D. Cimarosa. Dirección escénica, escenografía y vestuario: Pier Luigi Pizzi. Intérpretes: Benedetta Torre (Carolina), Maria Laura Iacobellis (Elisetta), Ana Victoria Pitts (Fidalma), Marco Filippo Romano (Geronimo), Alasdair Kent (Paolino) y Vittorio Prato (Conde Robinson). Orquesta  del Teatro Petruzzelli de Bari. Dirección: Michele Spotti
Pizzi: Il matrimonio segreto © Clarissa Lapolla, 2019

Que esta obra maestra siga siendo una rareza en teatros e incluso festivales sigue siendo inexplicable (véase mi lejana última reseña desde Lieja). Es cierto que parece fácil y es bien difícil, pero tiene un texto magnífico (justo lo contrario de la dichosa Ecuba) y una música en la que no sobra ni una nota ni un recitativo.

Aquí Pizzi estuvo más en su elemento al utilizar los mismos tres recintos de su Ecuba, pero llenándolos con puertas y personajes modernos, de época indefinida, que entraban y salían con total desenvoltura y naturalidad. Es cierto que hubo alguna insistencia en recursos cómicos fáciles (gestualidad) y en actitudes que ya no son modernas porque su frecuentación las ha hecho banales (el Conde que canta preparándose un cóctel, dos que bailan un dúo de forma ‘moderna’), pero la obra funcionó con sus pinturas abstractas de (o ‘a lo’) Fontana. Y no hay que manejar coro, que no hay. 

La orquesta volvió a exhibir los mismos puntos fuertes, pero también las mismas limitaciones que el día anterior y lo hizo bien, pero sin brillo en las cuerdas y sin demasiada gracia. Que sí había en las indicaciones del director, un joven Spotti que puede llegar a ser brillante y que ya es bueno, pero es lástima que un gesto justo no encuentre siempre la realización adecuada en el instrumento a su disposición. Ya en la deliciosa obertura se pusieron de manifiesto esas cualidades y limitaciones.

Los seis papeles se las traen. El único totalmente insatisfactorio desde el punto de vista vocal fue el tenor Kent, que rozó el accidente y exhibió una voz pequeña y no siempre firme, cosa que palió en parte con su juventud y su porte (que Pizzi aprovechó para servírnoslo en elegantes boxers negros, a pecho descubierto y con pantalones adherentes que provocaban la pasión de Fidalma desde el cinturón para abajo). Su maravillosa aria pasó prácticamente desapercibida y en estas condiciones tal vez fue lo mejor.  

Prato no tiene una voz muy bonita ni de gran amplitud, pero canta bien y con gusto, y su un tanto desmañado Conde (supongo que por las indicaciones de la puesta en escena) se siguió con atención y simpatía. Romano fue un excelente intérprete del padre ‘terrible’ pero finalmente bondadoso y sólo se echó en falta algo más de volumen en el grave.

Bonollis fue una estupenda Elisetta, con su aria restituida, probablemente la mejor en cuanto a equilibrio entre canto y escena pese a lo fatuo del personaje.

Torre tiene un encanto especial, necesario para Carolina, pero también un registro agudo que seguramente mejorará en seguridad en futuras actuaciones. 

Fidalma, siempre en riesgo de caricatura, fue una viuda ‘emprendedora’ en más de un sentido en la figura de Pitts, ideal para la parte incluso por el color de la voz, que por desgracia sólo apareció después de su aria. No tiene ninguna necesidad de forzar los graves y ocasionalmente desafinar como ocurrió allí. Además, es alta y de buen ver.

Una función correcta y algo más, que sin duda, con los mismos elementos, podría haber salido más redonda.

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