Italia

Propuesta original

Jorge Binaghi

lunes, 19 de agosto de 2019
Martina Franca, jueves, 1 de agosto de 2019. Masseria San Michele. L’ammalato immaginario (Nápoles, Teatro de San Bartolomeo, 4 de noviembre de 1726), libreto atribuido a A. Salvi y otros, música de L. Vinci. La vedova ingegnosa (Nápoles, Teatro de San Bartolomeo, 20 de enero de 1735), libreto de T. Mariani, música de G. Sellitti. Dirección escénica: Davide Gasparro. Escenografía y vestuario: Maria Paola Di Francesco, en colaboración con la Academia de Bellas Artes de Bari. Intérpretes: Lavinia Bini/ Maria Silecchio (Erighetta y Drusilla), Bruno Taddia (Don Chilone/Strabone). Cappella Musicale Santa Teresa dei Maschi. Dirección musical: Sabino Manzo
Gasparro: Intermezzi de Vinci y Sellitti © Clarissa Lapolla, 2019

Estamos ante el proyecto más reciente e innovador del Festival de Martina Franca. No hace mucho que ha echado a andar ‘la ópera en la masía’ en un intento de ganar adeptos, llevar la ópera fuera del festival y darla a conocer a públicos que probablemente no lo harían de otro modo. Dos intermedios cómicos (es la línea general; puede haber alguna variante), en este caso unidos por similitud de argumento (típico de esta clase de obras que dieron pequeñas obras maestras antes de establecerse como género independiente de ópera bufa) y sin pausa en una ‘masseria’ (el equivalente de una masía) distinta en cada una de las cinco representaciones. 

Como en el caso de Ecuba, en edición crítica, y como en todos los casos una nueva producción. Esta vez muy sobria y refrescante, en la que sólo habría que reprochar que en el primer intermedio, sobre todo, los mimos necesarios para la acción cobran demasiado relieve en algunos momentos, pero son extraordinarios. La joven viuda que quiere casarse con un solterón recalcitrante y con distintas manías, cosa que consigue disfrazándose. En la bella masía cercana a la ciudad y en una noche sin igual unas doscientas treinta personas siguieron con atención y complacidas (en todas las veladas sólo un par de veces se oyó un móvil importuno) los cien minutos aproximados de duración total. Una escena única que se abría y cerraba, algunos objetos, vestuario apropiado (algo pizpireto como corresponde a la viuda alegre, y ultrasobrio para el caballero requerido de amores), y una actuación nada exagerada pero desopilante de los dos protagonistas vocales (de los mimos ya se ha dicho).

La Cappella Musicale, ubicada al lado del ‘escenario’, es un buen conjunto de cámara dirigido desde el clave por Manzo, que también sigue desde su lugar a los cantantes con excelentes resultados. 

Bini, una joven soprano que se va abriendo paso, no se encontraba en condiciones de cantar sus partes, pero las actuó de modo extraordinario, como extraordinaria fue su sincronización vocal con Silecchio, que cantaba al lado de la orquesta de forma notable -ignoro en cuánto tiempo tuvo que aprender la parte- y se veía involucrada por la propia Bini en algunos momentos clave de la acción escénica.

Taddia es un cantante conocido y sumamente experto, que suple con su dicción e interpretación de pasmosa ductilidad las carencias de un timbre ingrato y de no grandes dimensiones, pero que para estos papeles y en estos contextos resulta ideal. Muy buena acogida y, pese a las diferencias entre las obras (superior la de Vinci pese a un final un tanto brusco, simpática y punto la de Sellitti), en conjunto la función de mejor resultado artístico de todas a las que pude asistir.

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