España - Cataluña

Calleja va a la iglesia

Agustín Blanco Bazán

jueves, 22 de agosto de 2019
Peralada, domingo, 4 de agosto de 2019. Castillo de Peralada. Iglesia del Carmen. Recital de opera y canciones. Tenor: Joseph Calleja. Acompañamiento de piano: Vincenzo Scalera. Donizetti: Quanto è bella, quanto è cara. (L’elisir d’amore). Bizet: La fleur qui tu m’avais jetée (Carmen). Massenet : Pourquoi me réveiller (Werther). Verdi: Ah, la paterna mano (Macbeth) Puccini: E lucevan le stelle (Tosca). Chaicovsqui: Nyet tolko tot kto znal. Tosti: Ideale, A vuchella. Vella: Kebbies tal Fanali. Donaudy: Vaghissimma sembianza. Leoncavallo: Mattinata.  Fuera de programa : Pablo Sorozábal: No puede ser. (La tabernera del puerto) Edith Piaf: La Vie en rose. Eduardo di Capua: O sole mio. Guy d’Hardelot: Because. Festival de Peralada 2019
Joseph Calleja © Wikipedia, 2019

Mas que un castillo con un auditorio en su parque, Peralada es un pequeño microcosmos cultural junto a una pequeñísima ciudad en la provincia de Girona, cerca de la frontera franco-española. Adosada al castillo se encuentra la iglesia del Carmen, de un gótico tan puro y bien conservado como su maravilloso claustro. También hay una biblioteca importante por su colección de incunables y una colección de más de mil ediciones del Quijote en treinta y tres idiomas diferentes. Luego de una fugaz visita en medio del Festival de Peralada, espero volver presentarme allí alguna mañana, aprovechando que es una biblioteca abierta a investigadores y estudiosos.

La iglesia del Carmen la aproveché mejor gracias a la programación de un recital a cargo del tenor Joseph Calleja, acompañado por Vincenzo Scalera, un pianista que ha hecho su fama junto a grandes cantantes pero que merece un párrafo aparte como solista, por lo menos a juzgar por el balance de soltura, ritmo e intensidad que puso en su interpretación de tres preludios de Gershwin. A pesar de su nombre, es de Nueva Jersey ¡y bien que se notó!

Como ocurre con la mayoría de las iglesias, la del Carmen es generosa en su capacidad de reverberación, algo que no favorece demasiado a un tenor que, como Calleja, tiene una natural tendencia a cantar en forte. De cualquier manera Calleja interpretó Quanto è bella, quanto è cara’ con convincente aire de canzonetta y su Ah, la paterna mano fue generosa en legato y calidez de timbre. También logró colocar un controlado pianísimo luego de un pasaje algo difícil en E lucevan le stelle.

Pero en toda esta primera parte faltó una actuación acorde con el énfasis requerido para que los fragmentos de ópera convenzan en un ámbito que le es ajeno, como lo es una tarima de conciertos. O un altar, como en este caso. ¿Por qué no habrá cantado algo de tenor “en iglesia”, como ser  Recondita armonia o Ah fuyez douce image!, pensé, condicionado por ese prejuicio tan mío contra sacar siquiera una nota de un acto de ópera para cantarla en un ámbito distinto de aquel para el cual ha sido creada. Porque la ópera es para mí siempre ópera y las arias operísticas no solo hay que cantarlas, también hay que actuarlas, y muy bien, para que no queden sosas o fuera de lugar.

Dentro de lugar en cambio estuvieron las canciones de la segunda parte, en particular las de Tosti. Todas las interpretó Calleja con menos forte y mayor sutileza interpretativa. Pero lo mejor de la noche fue para mí No puede ser. Aquí el tenor puso lo que le faltó en los fragmentos operísticos, esto es, una actuación que me llevó de la Iglesia del Carmen a la Cantabreda de Sorozábal. 

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