Argentina

Un notable violinista, bien acompañado

José Mario Carrer

lunes, 26 de agosto de 2019
Salta, jueves, 15 de agosto de 2019. Teatro Provincial. Erzhan Kulibaev, violín. Orquesta Sinfónica de Salta. Director Invitado, Jorge Lhez. Marcha Húngara de la Condenación de Fausto (estreno en Salta) de Héctor Berlioz. Concierto para violín y orquesta en re mayor op. 77 de Johannes Brahms. Sinfonía nº 4 en do menor D. 417 “Trágica” (estreno en Salta) de Franz Schubert. Aforo 75%

Para la representación de la ópera La Condenación de Fausto en Hungría, concretamente en un teatro de la ciudad de Pest, muy posterior a su unión con la ciudad de la otra orilla del Danubio llamada Buda, un joven Berlioz (1803-1869) escuchó el consejo de agregar música básicamente húngara. De ahí la inclusión de una marcha que recordaba a un héroe magiar. Breve, agradable, no tiene mucho que ver con la ópera para la que fue escrita, pero se trata de de una página de atractivo ritmo que en general no solo sirvió para ser escuchada sino para poner a la orquesta en actitud para lo que vendría luego. 

Apareció en escena por tercera vez en estos ultimos seis años Erzhan Kulibaev, el magnífico violinista nacido en Kazajistan y radicado en Madrid. Ya he hablado largamente de su enorme talento que le permitió ganar el primer lugar en no menos de siete concursos famosos y con esos antecedentes justificar esta nueva visita. El concierto del hamburgués Brahms (1833-1897) es un vehículo de bellos momentos para llevar al oyente al centro del “romanticismo musical”. Kulibaev puso sus maravillosas dotes para una interpretación que se encuadra entre las mejores que se pueden escuchar de esta sensible composición. Tuvo un lenguaje parejo a lo largo de la misma con dos aspectos resaltables, la emocionante cadenza del final del extenso primer movimiento, y la dulzura de su toque maestro a lo largo de toda la composición. El dsborde aprobatorio del público generó dos bises: Squalo de Piazzolla y Taquito Militar de Mores en sabios arreglos construidos por el mismo solista.

Schubert (1797-1828) vivió solo treinta y un años. Sus sinfonías, salvo las dos últimas, pertenecen a un hombre que casi no había terminado su adolescencia y sin embargo muestran rasgos inconfundibles. Nació en Viena y prácticamente no viajó. Vivía a no mucha distancia de donde rentaba casa Beethoven y sin embargo no hay pruebas de que se hayan conocido. Pero si conocía su música que junto a la de Haydn y Mozart eran la influencia de otros compositores. La Cuarta sinfonía, llamada “trágica” por el autor, aunque no se sabe muy bien por qué -tal vez el apelativo se basa en su inicio- está compuesta casi como un homenaje al gigantesco Beethoven aunque tiene rasgos propios: previsibilidad, refinamiento y cierto carácter elegíaco. En realidad, Schubert, como él mismo decía, vivió para componer y se destacó largamente en el lied, en la página corta pero no carente de enorme lirismo. Esta sinfonía tiene más que ver con su tímida personalidad y su entrega anímica a sus amigos y no a desconocidos. 

Noté clara comodidad en la orquesta, entregada a un repertorio con dos estrenos locales por lo que debemos agradecer al maestro Lhez haber traído esta música, así también su irreprochable modo de acompañar al talentoso solista visitante, como también fue impecable en su versión de Berlioz y Schubert. Buen trabajo preparatorio, excelente conocimiento del material sonoro, buen concierto. 

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