España - Cantabria

De visita en el museo de la historia de la música

Xoán M. Carreira

miércoles, 4 de septiembre de 2019
Santander, lunes, 12 de agosto de 2019. Palacio de Festivales. Sala Argenta. London Symphony Orchestra. Sir Simon Rattle, director. John Adams, Harmonielehre. Johannes Brahms, Sinfonía n. 2 en Re Mayor Op. 73. Festival Internacional de Santander 2019
Simon Rattle © Monika Rittershaus

En su visita al Festival Internacional de Santander 2019, la London Symphony Orchestra - LSO planteó un programa coherente en sus dos conciertos, en los cuales Sir Simon Rattle tuvo oportunidad de dirigir a dos de sus compositores 'de cabecera', Haydn y Adams, junto a obras icónicas del repertorio sinfónico, las respectivas Segunda sinfonía de Rachmaninov y Brahms.

Rattle y la LSO están disfrutando de un idilio. Son felices y consiguen que el público comparta ese enamoramiento. La constante renovación es una de los aspectos identitarios de la LSO y la contratación de Rattle está resultando un acierto extraordinario, pues Sir Simon parece conservar intactas la ilusión y creatividad que caracterizaron su inolvidable etapa con la City of Birmingham Symphony Orchestra que además ahora están sólidamente asentadas sobre la madurez alcanzada en su trabajo con la Filarmónica de Berlín.  

Ese es uno de los motivos por los que me hacía especial ilusión escuchar a Rattle dirigir Harmonielehre (1985) de Adams a su nueva orquesta. Treinta y cinco años después de su composición, Harmonielehre conserva inmaculada su frescura y encanto originales. Y Rattle la sigue dirigiendo con la misma intensidad y claridad que lo convirtieron en intérprete de referencia de esta obra maestra. Al igual que había sucedido el día anterior con la Sinfonía nº 86 de Haydn, Rattle consiguió sortear las tremendas dificultades derivadas de la muy deficiente acústica de la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria y pudimos disfrutar de la asombrosa maestría orquestal de Adams en Harmonielehre, una especie de visita guiada al 'museo de la historia de la música'.

Y una de las piezas icónicas de dicho museo es precisamente la Segunda sinfonía (1877) de Johannes Brahms, un conmovedor y entrañable homenaje a su amigo Johann Strauss II. Es evidente que la LSO y Rattle aman a Brahms y conocen los menores entresijos de esta hermosa sinfonía. La calidad de sonido, la precisión, el cuidado de ataques, articulaciones y fraseos fueron admirables y ratificaron el merecido puesto fijo de la LSO en el olimpo orquestal del siglo XXI. Así lo supo reconocer el público y en mi condición de testigo presencial, así deseo que conste. Pero debo compartir con el lector una ligera sensación de insatisfacción al terminar la interpretacion, que seguí con un interés intelectual mucho más acusado que el placer sensorial o la simple emoción melomaníaca. Transcurridas dos semanas desde este concierto sigo sin saber si faltó la sazón de hedonismo vienés, fracasó mi propia receptividad o los problemas acústicos de la sala se interpusieron entre nosotros. Sea como fuere, significó para mí una decepción. Y quede constancia de que estoy compartiendo una sensación y no emitiendo un juicio. 

 

 
 

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