España - Galicia

Creando afición

Maruxa Baliñas

jueves, 29 de agosto de 2019
Foz, lunes, 26 de agosto de 2019. Sala Bahía. "El mundo suena". Grupo Arcos Iris: Dorothea Nicholas, Mihai Andrei Tanasescu Kadar, Enrique Iglesias Precedo, violines; Alison Dalglish, viola; Reteresa Morales Diego, violonchelo; y Todd Williamson, contrabajo. Festival Bal y Gay 2019
Arcos Iris © Sinfónica de Galicia, 2019

Comentaba en mi anterior reseña la tranquilidad de un festival como el Bal y Gay de Foz, que deja tiempo abundante para ir a la playa pero sobre todo para disfrutar de una zona de Galicia, la Mariña Lucense, llena de encantos que no se limitan a la Playa de las Catedrales -situada a ocho kilómetros- o el famoso “banco más bonito del mundo”, ahora tan de moda. No es este el sitio para anunciar los encantos turísticos de Foz pero créanme cuando les digo que esta zona es idílica (y se come bien). 

Sin embargo poca tranquilidad hubo ayer en el concierto programado. Se trataba del concierto infantil del festival, a cargo del grupo de cuerdas Arcos Iris, compuesto por media docena de músicos de la Orquesta Sinfónica de Galicia-OSG. Ya había observado la gran cantidad de niños que había en Foz, pero lo atribuí a los veraneantes, sin embargo el público de este concierto parecía ser mayoritariamente ‘local’ y la sala estaba abarrotada, con gente de pie mientras muchos de los niños se sentaban en el suelo delante de los músicos (y de paso dejaban sitio para más adultos, porque, como en los otros conciertos del festival a los que asistí, el lleno era total y había gente de pie). 

Fue un concierto infantil de los que disfrutas por tí mismo y por delegación, viendo lo bien que se lo están pasando los críos, sus reacciones ante la música, las inevitables anécdotas y sobre todo su tremendo entusiasmo, sus ganas de participar, su vitalidad. Así se crea un futuro público para la musica en directo y como experiencia colectiva (es preocupante la cantidad de adolescentes que prefieren escuchar la música individualmente y con cascos -aislados del entorno- que en concierto). 

El grupo Arcos Iris tiene algo fundamental, amor a la música. Y además, un sano desenfado a la hora de aproximarse a ella. Porque hacer el payaso y chistes elementales no resta en absoluto calidad a la música, sólo le saca ese empaque al que estamos acostumbrados los oyentes habituales de conciertos. Y con eso no quiero decir que la salvación para la música de concierto sea sacarle el frac a los músicos ni dejar de pedir silencio absoluto (algo que por supuesto en esta ocasión no existía ni se esperaba), porque eso probablemente no atraiga público nuevo y complique las cosas a los aficionados. Pero como dice el Eclesiastés, hay un momento para cada cosa, y ese era momento de disfrutar sin demasiadas normas como el día anterior lo había sido de silencio y respeto ante la interpretación de la pianista Noelia Rodiles. 

El hilo conductor del concierto era muy simple, había una caja mágica que sólo podían abrir los niños, donde aparecían adivinanzas rimadas sobre todos los continentes del mundo, que los propios niños debían adivinar. Añádase un atrezzo mínimo -gorras, peluches, faldas hawaianas o mexicanas, pañuelos- a todos los músicos haciendo una rueda por el escenario para ir de continente a continente mientras tocaban el vuelo del moscardón de Rimski-Korsakov, y un par de piezas típicas de cada continente (un tango argentino, un jarapo mexicano, un baile tejano, una danza hawaiana, etc.), y ya está montado el espectáculo. Todas las músicas elegidas eran de calidad, clásicos con pocas concesiones a la música de consumo (excepto en el caso de El Rey León, porque no es fácil encontrar música africana para sexteto de cuerdas) y la técnica de los músicos era impresionante: tocaban moviéndose, acostados, al tiempo que bailaban, etc. Para mí era evidente la influencia de Ara Malikian (que fue miembro de la OSG hace años) y de la tradición centroeuropea de grupos cómicos como los Blue Man Group, pero su estética, al estar dedicada a niños, era la del pasayo colorista, con los colores del arco iris, siete como los continentes (separaban América del Norte y del Sur e incluían la Antártida). 

En resumen, una ocasión de disfrute y un agradable momento de relax, antes del siguiente concierto del festival, un ‘sencillo’ programa a cargo del Ensemble del Festival, con el Octeto de Beethoven y la Gran Partita de Mozart ...

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.