Discos

De la presencia divina en la materia

Paco Yáñez

lunes, 2 de septiembre de 2019
Mark Andre: hij. SWR Vokalensemble. WDR Sinfonieorchester. SWR Experimentalstudio. Mariano Chiacchiarini y Marcus Creed, directores. Südwestrundfunk y Westdeutscher Rundfunk, producción. Arnd Coppers y Wilfried Wenzl, ingenieros de sonido. Un CD DDD de 59:22 minutos de duración grabado en la Philharmonie de Colonia y en la Basilika de Weingarten (Alemania), los días 9 de noviembre de 2013, y 4 y 5 de mayo de 2015. Wergo WER 7379 2

Aunque el catálogo de ediciones monográficas en disco compacto del compositor francés Mark Andre (París, 1964) tardó lo suyo en arrancar, hoy en día cuenta con un selecto grupo de lanzamientos que nos permiten reconocer al parisino no sólo como uno de los grandes creadores de arte sonoro de nuestro tiempo, sino como un compositor en el que la asimilación de las estéticas de las últimas décadas del siglo XX se encuentra especialmente depurada: a la par que reconocible, sublimada en una voz muy personal que nos habla de una música siempre espiritual construida por medio de un lenguaje insobornablemente actual. Sobre ello reflexionamos al reseñar en Mundoclasico.com las ediciones precedentes de Mark Andre en el sello Wergo, con sus obras para piano en versiones de Tomoko Hemmi y Yukiko Sugawara (WER 6783 2), así como con ...auf... (2005-07), impresionante tríptico orquestal (WER 7322 2) que, como las piezas pianísticas, reflejaba la acusada impronta de Helmut Lachenmann como la principal marca estilística en el aparato estético del francés. 

Es ésta una influencia que se asoma desde los primeros minutos al díptico que hoy nos visita, hij (2008-12): composición que conocemos en las dos entregas que Mark Andre dice definitivas para este breve ciclo, comenzando por hij 1 (2008-10), fascinante plegaria ruidista para una orquesta repleta de guiños al pasado. Fiel a sus profundas creencias cristianas, que suelen fertilizar y dar un sentido teológico a las partituras de Mark Andre, el título de este díptico nos remite a la expresión «Hilfe Jesu»: petición de ayuda a Jesucristo que el compositor parisino dice es todo un grito al Señor; ahora bien, un grito que en hij 1 es prácticamente silente a lo largo de sus 22 minutos de duración, pues nos abismamos a una música de una concentración espiritual intensísima que se demora en tomar relieves y resultar audible. Tal y como Lydia Jeschke (ensayista que ya había firmado las notas del ciclo ...auf... en Wergo) nos comenta en el libreto, paradójicamente es el de hij 1 un grito más dirigido al interior de la música que al exterior: direccionalidad que no debería, en todo caso, extrañarnos, pues no comporta más que otra lectura teológica por parte de Andre, al invocar la presencia divina en el interior del hombre: ése cuyas partículas biológicas y espirituales se remueven en la primera parte del díptico, buscando la divinidad en la esencia cotidiana del ser. Estamos ante un grito, por tanto, sereno y concentrado, desde la aceptación de la res cogitans (ya que con pensamiento teológico francés estamos -Descartes nos lo permitirá-) de su condición de res extensa en busca de cuanto en ellas hay de Dios (dimensión teológica de lo musical que Andre parece extender a la más político-ontológica de su maestro Helmut Lachenmann, pues si el compositor alemán reivindica en sus partituras la dignidad musical del ruido y de las sonoridades residuales en la música culta, Andre parece querer hacer de esa recuperación de 'escombros acústicos' una revelación de hasta qué punto la comunidad de lo divino se manifiesta en sus formas más marginales y desechadas. Si Jesucristo afirmaba que los pobres serían los primeros en el Reino de los Cielos, en la estética de Mark Andre es una suerte de 'pobreza musical' la que se convierte en el medio idóneo para lanzar este mensaje de trascendencia a la divinidad). 

También como en Helmut Lachenmann, en muchas de cuyas obras -pensemos en la paradigmática al respecto Tanzsuite mit Deutschlandlied (1979-80)- se pueden escuchar estructuras y modelos canónicos provenientes del pasado, si bien reformulados desde la estética de la musique concrete instrumentale, hay en hij 1 un diálogo directo con la tradición musical europea; especialmente, con la de quien dedicaba sus obras -seguramente, como el propio Andre- Soli Deo gloria: Johann Sebastian Bach. Y es que la de Bach es una presencia que se hace patente en hij 1 de muy diversos modos; en primer lugar, por medio de la firma musical del compositor barroco: unas notas B-A-C-H que, paradójicamente, resultan silentes en el piano de la orquesta, pues Andre lleva a cabo una preparación de dichas alturas en sus registros más agudos y más graves de forma que sus tonos se oscurezcan, abriendo tal silenciamiento todo un abanico de posibilidades sobre la ausencia/presencia del Kantor. Se trata, además, de una realidad en ningún modo casual, pues los derroteros estructurales de hij 1 volverán, una y otra vez, a los modelos de desarrollo bachianos por antonomasia, comenzando por un contrapunto que, como señala Lydia Jeschke en sus notas, basa al conjunto de la partitura en su tejido orquestal. Además, sucesivos cánones ruidistas se diseminan por la obra, como los roces de arco contra los perfiles de la caja que se fugan en los instrumentos de cuerda, en una dinámica ppp que hace dichos cánones algo más visual (cuando se presencia en vivo la interpretación) que audible, pues, como buena parte del comienzo de hij 1, fluctuamos contantemente en los límites del silencio. Análogos procedimientos son descritos por Jeschke en el transcurso de la obra, como la proyección del clarinete sin boquilla sobre la membrana del timbal, produciendo una sonoridad análoga a la utilización de altavoces sobre los instrumentos llevada a cabo por Mark Andre en partituras como über (2015). Así pues, una 'transducción acústica', habríamos de decir (con la voluntad inequívoca de crear un metainstrumento de sonoridad cuasi electrónica), que las trompetas imitan, fugando este canon ruidista a flauta, oboe, percusión y piano: todo un universo post-bachiano que termina, precisamente, con la fusión de clarinete y timbal en una suerte de coral que nos vuelve a sugerir, veladamente, la música del genio alemán y las lecturas religiosas de la misma. 

Pero, además de lo que Lydia Jeschke destaca en sus estupendas notas, reverberan en hij 1 improntas más contemporáneas, asimiladas por Andre con total lógica. De este modo, ya a partir del tercer minuto son patentes las influencias de Luigi Nono y Giacinto Scelsi, por sus síncopas monorrítmicas en diversas secciones orquestales, puntuadas por rudos acordes en los metales: atavismo que reaparece posteriormente en el noveno minuto. Alcanzado el séptimo, diría que es György Ligeti quien hace acto de presencia, filtrado a través del espectralismo de Gérard Grisey, uno de los maestros de Mark Andre; y es que la densificación de los cánones de forma más extática crea ese universo plasmático tan habitual en el genio húngaro; presencia que, a través de diversas técnicas, reaparecerá más adelante. La ya citada influencia lachenmanniana es obvia en todo momento, siendo el desarrollo ruidista del undécimo al decimotercer minuto un buen ejemplo de ello; especialmente, en vientos, percusión y cuerdas, con su marasmo rítmico y sus superposiciones de masas cromáticas, de una indefinición textural bellísima, puro color en sutiles metamorfosis de tono y rugosidad, con unos ligeros apuntes de fondo en los metales que, por sus lentos recorridos en tono agudo, nos recordarán a sonoridades análogas en la ligetiana Lontano (1967), con un primer plano que acaba siendo una perfecta fusión de lo lachenmanniano y lo feldmaniano, como volveremos a disfrutar (pues el sonido producido es una verdadera maravilla) en hij 2. Alcanzado el decimoséptimo minuto, y hasta el decimonoveno, una marcha en las cuerdas, con los metales de fondo, es lo que predomina, con un ritmo muy enfático y concentrado, fundiendo de nuevo lo scelsiano con dejes, ahora, de un Mauricio Kagel. Progresivamente, esta marcha se va solidificando hasta disolverse en el ruido, desmaterializando el grito del compositor, su «Hilfe Jesu», restando únicamente ese coral como última reminiscencia, como una profesión pura de fe en medio de un colapso de las referencias histórico-musicales. 

hij 2 (2010-12) nace donde hij 1 se había desvanecido, en las postrimerías de su último coral, retomado, de algún modo, en el comienzo de la segunda parte del díptico a partir de algo tan básico en el canto como la respiración, pues nos encontramos ahora ante una partitura para veinticuatro voces, las del SWR Vokalensemble, y electrónica, la del SWR Experimentalstudio, todos ellos bajo la dirección musical de Marcus Creed. Se trata de la primera obra compuesta por Mark Andre para coro (para la «sombra de un coral», como Lydia Jeschke lo define), y aunque haya tardado en llegar, la verdad es que el resultado es soberbio, pudiéndose afirmar que hij 2 es una de las partituras mayores para voz del siglo XXI. 

Como sucedía en hij 1, brota hij 2 realmente dal niente; en este caso, del sonido (durante apenas ocho segundos) de tres respiraciones: las del filósofo francés Jean-Luc Nancy, grabadas en Friburgo por el SWR Experimentalstudio para esta composición. Al igual que la firma musical de Johann Sebastian Bach en hij 1, la voz de Nancy permanecerá oculta, más allá de sus seminales respiraciones, y sólo al final de la obra escucharemos al filósofo murmurar su propio nombre; si bien, como en el caso de Bach, es la suya una presencia que subyace no sólo musicalmente, sino en el andamiaje conceptual de la pieza, pues fue un ensayo del pensador bordelés, Noli me tangere. Aufhebung und Aussegnung des Körpers (Diaphanes Verlag, 2008), el que en mayor medida influyó a Andre en la composición de hij 2. A partir de las respiraciones de Jean-Luc Nancy, y atravesando un marasmo de leves sonoridades electrónicas que nos remiten a lo que sería el ruidismo instrumental en la primera parte del díptico, el coro comienza su intento de articular las letras y las sílabas de la palabra «Jesús», y sólo tras cinco minutos de un lento proceso de afinación y búsqueda de una sonoridad pura aparecerán las alturas, con la letra E (en su correspondiente notación musical). Las restantes voces prosiguen la búsqueda que las conducirá a cada letra y altura, en todo un abanico microtonal que recorre los espectros armónicos, de nuevo, con reminiscencias de Gérard Grisey y György Ligeti; muy especialmente, de las maravillosas partituras vocales del húngaro. Al igual que en el último Ligeti (o que en otro postespectralista como Georg Friedrich Haas), parece haber en hij 2 ciertas improntas de un Steve Reich, por cómo las alturas y el ritmo van, progresivamente, resplandeciendo y conformando subyugantes auras móviles. Esa movilidad, que asume patrones rítmicos provenientes del que fuera metainstrumento clarinete-timbal en hij 1, se ve aquí reforzada por la espacialización del coro en escena, de forma que los espectros microtonales cobran mayor amplitud y sus resonancias se acentúan, clarificándose, lo cual nos adentra en un universo polifónico que nos conduce a una música medieval que tan bien conocía Ligeti, como el propio Andre: heredero de una tradición coral francesa de la cual el compositor parisino es un fruto tardío; si bien, dados los hermosos resultados de hij 2, no dudo en que volverá a adentrarse en este terreno (ámbito coral, por otra parte, con semejante bagaje histórico en lo que es credo religioso de Mark Andre). 

Ese rizoma de filiaciones históricas sería, asimismo, paradigmático en la obra coral de otro compositor cuya influencia no deja de asomarse a hij 2, como Luigi Nono. Al igual que sucedía en uno de los últimos registros del sello Wergo (WER 6429 2) que hemos reseñado este verano en Mundoclasico.com, con la partitura para trío vocal y electrónica Entmündigung (2015-16), de la compositora mallorquina Lula Romero, la presencia del SWR Experimentalstudio parece marcar sobremanera esta pieza con ecos nonianos; especialmente, en lo que a la voz se refiere, con su trabajo de fragmentación del texto (aquí, de la palabra, de esa «Jesús» que es, en sí misma, Verbo divino), conformándose la audición del mismo como una suma de partes cantadas que se diseminan (también, como en el último Nono) por el espacio. En otro eco noniano, entre dichas partes cantadas en vivo se entreveran sonoridades electrónicas: algunas, compartidas con hij 1, como las de planchas de aluminio; otras, con grabaciones de voces en off que, de forma apenas inteligible, recitan textos de la Biblia, sumándoseles sonidos de campanas, de viento y de iglesias: paisaje de fondo para lo que Lydia Jeschke define como canto horizontal, a modo de 'acordeón coral', del SWR Vokalensemble, conjunto que en los minutos finales sopla unos molinillos que incorporan otra calidad en los rumores del viento, dando forma a otro grado de presencia divina en la materia. A dichas sonoridades electrónicas se añaden unas muy especiales que Mark Andre y el equipo del SWR Experimentalstudio tuvieron el privilegio de grabar en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén durante una noche, captando las reverberaciones producidas por señales electrónicas cuyos ecos han suministrado parte del material aquí escuchado: un material teológicamente idóneo para la parte del recitado en off que lleva a cabo una monja de Jerusalén, al leer (como en el ensayo de Jean-Luc Nancy) el fragmento «Noli me tangere» proveniente del Evangelio según san Juan (20:17), en el que se relata el encuentro de María Magdalena con un Jesucristo resucitado que evita el contacto físico en el momento de su partida. Antes de que tal partida tenga lugar en lo musical, habremos de señalar, asimismo, ecos en lo coral de Morton Feldman; destacadamente, en lo referido a las partes vocales sin alturas determinadas, tal y como el norteamericano explorara de forma soberbia en otra pieza espiritual (más que religiosa), como The Rothko Chapel (1971). Así pues, Morton Feldman, György Ligeti, Steve Reich, Gérard Grisey, Luigi Nono, Helmut Lachenmann y la polifonía medieval están presentes, en uno u otro momento, entre los sustratos fertilizadores de una partitura, hij 2, que como hij 1 encuentra en este compacto una lectura impresionante a todos los niveles, que hace de este disco uno de los más recomendables para conocer ya no sólo la estética de Mark Andre, sino lo mejor de la música de nuestro tiempo. 

Las tomas de sonido, efectuadas por las radios alemanas SWR y WDR, son igualmente excepcionales, aunque se pueda echar en falta -especialmente, en hij 2- la edición en formato SACD multicanal para otorgar un mayor realismo a la concepción espacial de la partitura en vivo. En todo caso, lo que aquí escuchamos nos permite intuir (en estéreo) dicha espacialización, siendo muy respetuosos los registros con los sutilísimos grados dinámicos que ambas partes de hij ponen sobre los atriles. La edición del disco es la habitual del sello Wergo, con un excelente ensayo a cargo de la varias veces citada Lydia Jeschke, acompañado de fotografías, biografías y los datos completos de las grabaciones; todo ello, para redondear un compacto altamente recomendable. 

Este disco ha sido enviado para su recensión por Wergo 

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