Austria

Griegos trágicos en Salzburgo (II)

Agustín Blanco Bazán

lunes, 9 de septiembre de 2019
Salzburgo, sábado, 17 de agosto de 2019. Felsenreitschule. Oedipe, ópera en cuatro actos con libreto de Edmond Fleg y música de George Enescu. Achim Freyer (director escénico, escenografía y vestuario), Franz Tscheck (iluminación), Klaus-Peter Kehr (dramaturgia). Christopher Maltman: Œdipe. John Tomlinson: Tirésias. Brian Mulligan: Créon. Vincent Ordonneau: Pastor. David Steffens: Gran Sacerdote. Gordon Bintner : Phorbas. Boris Pinkhasovich: Thésée. Michael Colvin : Laïos. Anaïk Morel : Jocaste. Ève-Maud Hubeaux: La esfinge. Coro de la Opera de Viena. Orquesta Filarmónica de Viena bajo la dirección de Ingo Metzmacher
'Edipo' según Freyer © SF/Monika Rittershaus, 2019

Al día siguiente de Medée, los filarmónicos de Viena se trasladaron al sugestivo escenario rocoso de la Felsenreitschule para otra obra poco conocida por ellos, el Edipo de Enescu. Lo hicieron con Ingo Metzmacher, que magistralmente evitó solucionar la paralizante parsimonia de oratorio de la obra con exhibicionismos sonoros. Por el contrario, su lectura se concentró más bien en una intensa vivisección de detalles orquestales. Magistral fue la forma en que el coro de la Ópera de Viena se integró a la orquesta como si cada voz fuera un instrumento más en esta audaz exploración de texturas y cromatismos. 

En contraste con el neorrealismo de Stone para Medée, Achim Freyer propuso un escenario de pesadilla, poblado de monstruos, marionetas gigantes y personajes espectrales, todos ellos en marchas escénicas de aplastante dramaturgia. Y en el centro de esta pesadilla, un concepto genial: Edipo nace como un gran muñecón, que como castigo inicial recibe de su padre una estocada de rayo láser en sus genitales, antes que su madre le coloque un short de boxeador. Es con ese mismo short que, como adulto y ya convertido en un luchador de musculatura desproporcionada, tomará a su madre como esposa y, como Sísifo, boxeará infructuosamente contra un Destino que terminará aniquilándolo. 

Christopher Maltman respondió al desafío de la propuesta de Freyer como un inolvidable atleta doliente que brilló como voz firme y entregada sensibilidad melodramática. Y detrás de un muñeco gigante todos reconocieron la legendaria voz pastosa e intensamente articulada de John Tomlinson, un Tiresias palpitante y temible. Similarmente convincentes fueron Anaïk Morel (Jocasta) y Chiara Sketah (Antígona). 

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