Austria

Griegos trágicos en Salzburgo (y III)

Agustín Blanco Bazán

martes, 10 de septiembre de 2019
Salzburgo, lunes, 19 de agosto de 2019. Felsenreitschule. Idomeneo, ópera seria en tres actos con libreto de Giannattista Varesco y música de W. A. Mozart. Peter Sellars, dirección escénica. George Tsypin, George Tsypin, escenografía. Robby Duivema, vestuario. James F. Ingall, iluminación. Lemi Ponifasio, coreografía. Antonio Cuenca Ruiz, dramaturgia. Russell Thomas: Idomeneo. Paula Murrihy: Idamante. Ying Fang: Ilia. Nicole Chevalier: Elettra. Issachah Savage: Gran Sacerdote.  Brittne Mahealani Fuimaono, Arikitau Tentau (bailarines solistas). Coro musicAeterna de la Ópera de Perm. Orquesta Barroca de Friburgo bajo la dirección de Teodor Currentzis. Festival de Salzburgo 2019
Idomeneo según Sellars © SF/Ruth Walz, 2019

Quien más aplausos cosechó la noche siguiente en Idomeneo fue la Electra de Nicole Chevalier. Su D'Oreste, d'Aiace fue una verdadera escena de la locura subrayada por contorsiones inéditas y ataques vocales de soberano control y squillo. Este fue el mejor momento de la regie de personas de Peter Sellars, que cambió Creta por una isla del Pacífico para prevenirnos sobre la furia de un Neptuno dispuesto a hundirnos en el caos del calentamiento global. Pero el principal problema fue que, a diferencia de la genial Clemenza di Tito presentada en Salzburgo en 2017, este Idomeneo sepultó en general el perfil de los conflictos individuales con la retórica de su mensaje político.

De cualquier manera, la progresiva reconciliación entre los griegos locales y los refugiados troyanos fue maravillosamente escenificada, y aparte de Nicole Chevalier, deslumbraron también Paula Murrihy y Paula Murrihy y Ying Fang, la primera como un Idamante de voz a la vez cálida y brillante y la segunda con el conmovedor lirismo de su Ilia. También cálida fue la voz de Russell Thomas (Idomeneo) que negoció con buen mordente las imposibles alternativas de legato y coloratura en Fuor del mar.  

Al frente de la Orquesta Barroca de Friburgo, Teodor Currentzis reafirmó su capacidad de penetrar una partitura con sensibilidad y fervor y esta vez mas moderado en su contraste de tiempos y dinámicas. De Siberia, Currentzis se trajo a su coro musicAeterna que cantó a lo grande y con una entrega conmovedora. Sellars reintrodujo el ballet final, esta vez a cargo de Brittne Mahealani Fuimaono y Ioane Papalii, dos bailarines polinesios que demostraron la perfecta adaptación de los ritmos mozartianos a la coreografía folklórica local de las islas a punto de desaparecer bajo el mar. 

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