Alemania

Desde casa para nuestras casas: Europakonzert 2020

Juan Carlos Tellechea

viernes, 8 de mayo de 2020
Berlín, viernes, 1 de mayo de 2020. Gran sala auditorio de la Philharmonie Berlin. Christiane Karg (soprano). Berliner Philharmoniker. Director Kirill Petrenko. Arvo Pärt, Fratres 2, György Ligeti Ramifications. Samuel Barber, Adagio para cuerdas op 11. Gustav Mahler, Sinfonía nº 4 en si mayor (arreglada para conjunto de cámara por Erwin Stein). Concierto Europeo en beneficio de UNICEF
Christine Karg © 2020 by Christine Karg Images

Desde hace tres décadas los Filarmónicos de Berlín vienen celebrando su cumpleaños (nacieron el 1 de mayo de 1882) con un ciclo de creación propia: el Europakonzert, que tocan anualmente en diferentes ciudades y países. Este año estaba previsto ejecutarlo en Tel Aviv, pero debido a la pandemia de coronavirus que afecta a todo el mundo decidieron permanecer en casa y transmitirlo en vivo vía Internet y a través de la Radio y Televisión (rbb) de Berlín y Brandemburgo a todo el planeta. Más de 80 países adhirieron a la cadena.

La gran sala auditorio de la Philharmonie Berlin, con capacidad para más de 1.400 espectadores, estaba completamente vacía. En mis 40 años de residencia aquí en Alemania jamás había visto la platea y las galerías así, tan desiertas, ni siquiera en los ensayos generales a puertas cerradas. Fueron momentos escalofriantes. El Presidente Federal de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, pronunció un discurso en la apertura del concierto para destacar lo esencial que es preservar la cultura y el arte, un alimento imprescindible, para el ser humano, precisamente en estos tiempos tan difíciles y de reclusión forzada en el país.

Desde mediados de marzo, la plaga del COVID-19 ha paralizado casi todas las actividades artísticas y culturales, no solo en Europa sino en todo el planeta. Se han cerrado salas de teatro y conciertos, se han introducido las normas más estrictas imaginables sobre distancia e higiene, se han separado a los artistas y al público: la intepretación normal de música (por un lado, los músicos, los espectadores por otro) no habrá de tener lugar hasta nuevo aviso. Hay muchas existencias en juego. Nadie puede vaticinar hoy en qué estado (no solo material) quedará el ámbito cultural de Alemania, percibido hasta ahora como inexpugnable e irrefutable, cuando hayan concluido estas drásticas restricciones a la vida diaria.

En estas 30 matinés (siempre a las 11 horas) del Europakonzert de la Orquesta Filarmónica de Berlín hubo fechas memorables para sus músicos. Todo comenzó en 1991 con el director principal de aquel entonces, Claudio Abbado, para interpretar la Obertura de Don Giovanni, de Wolfgang Amadé Mozart en la Sala Smetana de Praga, la ciudad donde fue estrenada esta ópera el 29 de octubre de 1787.

Desde entonces el itinerario de los Berliner Philharmoniker ha pasado por el Museo Vasa de Estocolmo (1998), la Hagia Irene de Estambul (2001), el Odeon des Herodes Atticus de Atenas (2004), el Conservatorio Chaikovski de Moscú (2008), la Escuela Española de Equitación de Viena (2012) y la Røros Kirke, en la municipalidad de Trøndelag, en el centro de Noruega, entre otras estaciones. Este ciclo ha sido siempre un precioso obsequio de cumpleaños para los Filarmónicos de Berlín y para todo el orbe, por el 1 de mayo, día del Trabajo y de los trabajadores, con la presencia masiva de medios de comunicación (también por vía digital) y la interpretación de obras de compositores del propio país anfitrión.

En esta oportunidad fueron adoptadas asimismo las medidas excepcionales de seguridad contra el COVID-19. Solo 15 músicos subieron al escenario (máximo permitido por las autoridades); la distancia entre los instrumentos de cuerda fue de 2 metros, y entre los vientos de 5 metros.

Fratres, la mística composición de culto para cuerdas y percusión de Arvo Pärt, quien el próximo 11 de septiembre cumplirá 85 años, es un conjunto fascinante de variaciones sobre un tema de seis compases que combina actividad frenética y quietud sublime e invita al trance auditivo. Fue tal el hechizo despertado con la interpretación de la pieza que el espectador, sumido en esa lucha interior entre el instante vivido y la eternidad, hubiera preferido que la interpretación no terminara nunca.

El programa de este mediodía continuó con Ramificaciones (Berlín: 1969) de Ligeti, una obra para cuerdas tan breve como compleja y difícil de interpretar, y de inmediato asociada mentalmente al legendario filme de ciencia ficción 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick, en el que también se navega por la infinitud con la música del compositor húngaro.

El desgarrador Adagio para cuerdas de Barber fue toda una evocación de los Berliner Philharmoniker y Kirill Petrenko a las miles de víctimas mortales que cobró y sigue cobrando lamentablemente todavía en todo el mundo la pandemia de coronavirus. A Petrenko se le transfiguraba el rostro con el profundo dolor que destila esta obra.

La última parte del programa estuvo consagrada a la Sinfonía número 4 de Mahler, unica pieza que también estaba prevista para el concierto de Tel Aviv, pero en esta oportunidad en una versión de cámara arreglada por Erwin Stein, con tres instrumentos de viento (flauta, clarinete y oboe), piano, armonio, percusión y cuerdas. La interpretación fue grandiosa, junto con la maravillosa y cristalina voz de la soprano Christiane Karg ... de pureza celestial.

No hubo aplausos audibles en la propia transmisión, pero sin ninguna duda debió de haber incontenibles ovaciones y exclamaciones de ¡bravo, bravo! en cada uno de los hogares y lugares donde pudo ser recepcionada. La grabación del concierto será transmitida próximamente a través de la plataforma de Internet Berliner Philharmoniker Digital Concert Hall.

 

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.