España - Galicia

La cara festiva del despotismo ilustrado

Maruxa Baliñas

jueves, 12 de septiembre de 2019
Foz, martes, 27 de agosto de 2019. Sala Bahía. Ensemble Bal y Gay. Ludwig van Beethoven, Octeto para vientos op. 103. Wolfgang Amadeus Mozart, Serenata en si bemol mayor K 361 'Gran Partita'. VI Festival Bal y Gay 2019

El Festival Bal y Gay acostumbra a programar un concierto a cargo de conjuntos instrumentales creados ad hoc, que en esta convocatoria ha sido el Ensemble Bal y Gay, un conjunto de cañas, trompas y contrabajo idóneo para la interpretación de Harmoniemusik, un repertorio característico de la época revolucionaria. Esto permitió al festival programar la Gran Partita de Mozart, una obra maestra absoluta, a la cual sirvió de 'telonero' el joven Beethoven con su Octeto op. 103, una pieza escrita en su etapa de Bonn, en la cual se atiene estrictamente al modelo impuesto por el decreto imperial de José II de Austria de 1783. 

Para la mayor parte de los miembros del ensemble, este concierto fue su debut con estas obras. De hecho, no consiguieron unos materiales homogéneos del Octeto de Beethoven, que tocaron con partes procedentes de al menos dos ediciones distintas. En cuanto a la Gran Partita utilizaron la edición crítica publicada por Bahrenreiter dentro de su edición de la obra completa de Mozart. 

A la plantilla original del Octeto añadieron un contrabajo de refuerzo que les daba más seguridad, aprovechando que este instrumento forma parte de la plantilla de la Gran Partita en los casos en que no se opte por el contrafagot, que algunos -como nuestro editor Xoán M. Carreira- prefieren por motivos de homogeneidad tímbrica. 

La interpretación fue impecable -bastantes de los componentes del ensemble provienen de reputadas orquestas- pero al tratarse de un grupo creado para la ocasión se notó la falta de esa complicidad e intimidad que define a los grupos de cámara que llevan muchos años compartiendo ensayos y escenarios. En estas circunstancias quizá hubiese sido más prudente tocar con un director tanto el Octeto como la Gran Partita para ayudar a ajustar y equilibrar la interpretación. 

El Octeto es una hermosa obra, crucial en el desarrollo de la carrera artistica de Beethoven, puesto que la Harmoniemusik fue su campo de experimentación para adquirir la extraordinaria habilidad en el tratamiento de las maderas exhibida -y resaltada por los críticos de la época- en sus dos primeras sinfonías, el Septimino, el Quinteto con piano y otras obras de sus primeros años vieneses. La interpretación del Octeto exige un grupo que tenga experiencia tocando juntos y si no es así, se resiente su empaste y riqueza tímbrica y se hace más difícil disfrutar la obra en todo su inmenso valor. Aunque también debe decirse que el Ensemble Bal y Gay merece un gran aplauso por los resultados obtenidos y su notable superación de estas dificultades. 

Al contrario de lo que sucede con el Octeto, existen abundantes referencias sonoras de la Gran Partita, algunas de ellas magníficas a pesar de partir de ediciones llenas de errores. Seguramente por eso el Ensemble Bal y Gay tocó visiblemente más cómodo y confiado, alcanzando momentos de excelencia musical y de gran belleza sonora. Y en último término esto demuestra que sí tiene sentido hacer grupos eventuales en el marco de un festival, incluso aunque sea pequeñito como este, a la espera de que surjan otros grupos estables que lleven la música también a estas zonas alejadas de grandes urbes. 

Porque el comportamiento de los asistentes fue impecable, lo que demuestra que seis ediciones de un festival llegan para crear un público capaz de escuchar y mantener la atención incluso en obras de difícil escucha como son estas dos joyas de la música occidental. 

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