Discos

Renovando la tradición

Raúl González Arévalo

martes, 17 de septiembre de 2019
Wolfgang Amadeus Mozart: La flauta mágica, ópera en dos actos con libreto de Emanuel Schikaneder (1791). Franz-Josef Selig (Sarastro), Albina Shagimuratova (Reina de la Noche), Christiane Karg (Pamina), Klaus Florian Vogt (Tamino), Rolando Villazón (Papageno), Regula Mühlemann (Papagena), Paul Schweinster (Monostatos), Tareq Nazmi (orador). Rias Kammerchor. Chamber Orchestra of Europe. Yannick Nézet-Séguin, director. Dos CD (DDD) de 134 minutos de duración. Grabado en el Festpielhaus de Baden-Baden (Alemania) en julio de 2018. Deutsche Grammophon 483 6400. Distribuidor en España: Universal Music Spain. 

Las grabaciones de La flauta mágica se cuentan por decenas y ya superan el centenar si incluimos los DVDs que han ido copando el mercado de la ópera en los últimos tiempos. Versiones para todos los gustos, con directores e intérpretes de todo pelaje y condición. Con semejante panorama, es muy difícil decir algo nuevo, y para el oyente, identificar la novedad, si la hay. Desde luego, con tanto donde elegir, no se puede hablar realmente de necesidad de grabación, a pesar del valor de algunos elementos. Y por más que haya factores de interés indudable, es imposible no volver sobre algunos clásicos que resisten cualquier novedad: Furtwängler, Karajan, Böhm, Klemperer, Solti y Sawallisch son mi núcleo duro de referencia en esta partitura, entre 1960 y 1990 aproximadamente, con una visión netamente germana. De los que han venido después, a caballo del nuevo milenio, me interesaron mucho Christie mirando al pasado, y Abbado y Muti, italianos con experiencia en el repertorio alemán en general y mozartiano en particular. 

Por ese motivo acogí con moderado interés la nueva propuesta de DG, dentro del ciclo de óperas mozartianas que el sello amarillo está grabando con Yannick Nézet-Séguin a la batuta y Rolando Villazón en todos los títulos de la serie. Después de un Così que prometía más de lo que ofrecía, un Rapto en el serrallo muy logrado, un Don Giovanni con más estrellas que espíritu de equipo, unas desequilibradas Bodas de Fígaro y una Clemenza di Tito como mejor resultado junto con el Rapto, esta Flauta mágica había levantado una gran expectativa, sobre todo, para qué negarlo, porque el mexicano no asumía el papel de Tamino sino el de Papageno, en un ejercicio sorprendente como poco. Las notas interiores lo explican por dos vías: el propio Villazón alude a que el creador del papel y libretista, Schikaneder, no era un cantante profesional, de ahí que el pajarero fuera concebido para la cuerda de barítono. De otra, el director afirma que más importante que la cuestión de la tipología vocal es la conexión emocional del intérprete con el papel. Sin embargo, lo cierto es que una cuestión no invalida la otra: que cada uno cante en su cuerda los papeles que más le convengan y le gusten. 

Más allá de polémicas inútiles (¿realmente ha perdido Villazón el agudo de tenor?) en un repertorio que no solicita generalmente las notas más altas, merece la pena detenerse en el registro y ver qué ofrece. Comenzando por la dirección de Nézet-Séguin, de las más logradas de la serie, si no la más. La opción de recurrir a la Orquesta de Cámara de Europa, siguiendo el ejemplo de Abbado con la Mahler Chamber Orchestra, redimensiona el sonido respecto a las grabaciones de corte sinfónico, sin romper de forma drástica con la tradición como hicieron en su momento Christie con Les Arts Florissants y posteriormente Jacobs con la Akademie für Alte Musik Berlin. La viveza de la versión, que no olvida el elemento dramático, termina de configurar un cuadro de una rara teatralidad, sin renunciar a la tradición, ni a renovarla, con la complicidad absoluta de una orquesta extraordinaria. 

El reparto también tiene puntos fuertes, comenzando por Klaus Florian Vogt. El tenor, que se ha labrado una reputación con los papeles wagnerianos más líricos, ha hecho el recorrido discográfico a la inversa hasta Mozart, presentando un príncipe antecedente directo del Florestan beethoveniano, entendido antes de los parámetros wagnerianos. A pesar de un color tendencialmente blanquecino, sobre todo en el agudo, el artista es enorme, con una musicalidad férrea, un fraseo y un canto elegantes y un legato de manual. Diría que es el Tamino alemán más interesante desde Uwe Heilmann (con permiso del polaco Beczala entre ambos). A su lado la Pamina de Christiane Karg es menos singular en todos los sentidos, pero el timbre es atractivo y el lirismo de la intérprete convienen perfectamente al papel. 

La Reina de la Noche de Albina Shagimuratova se ha paseado por grandes escenarios de Europa y América. Muy alejada vocalmente de la Semiramide del año pasado, se agradece la intención dramática en el acento y la existencia de centro y grave. Con todo, convence más por las espectaculares notas picadas en el registro sobreagudo, fundamentales en la segunda aria, que por la nitidez algo desdibujada de las notas ligadas en pasajes de coloratura. Franz-Josef Selig ofrece un Sarastro menos rocoso y más lírico de lo habitual, muy adecuado para las texturas más livianas planteadas por el director. 

El Papageno de Villazón es problemático. No es el primer tenor que encarna un papel de barítono, en disco o sobre la escena, por lo que la cuestión del timbre no es particularmente grave, más allá de que personalmente no me convenza. Ya he tenido ocasión de señalar en otras grabaciones previas la falta de sentido del estilo mozartiano del mexicano, en cada portamento que introduce, y son demasiados. Además, aunque la pronunciación es buena y hay un enorme trabajo en el acento, en última instancia resulta excesivamente elaborado y poco natural, aunque el ardor que suele exhibir en general está aquí más controlado. Son cuestiones que resultan más evidentes al tener al lado la Papagena de Regula Mühlemann, brillante, teatral  y natural en los diálogos. Su voz de lírica da mayor consistencia al papel que cuando lo encarna una soubrette, aun a costa de una escasa diferenciación con la Pamina de Karg. Los secundarios están muy cuidados y suenan excelentes, como el coro y la orquesta. 

En definitiva, una propuesta con elementos muy interesantes y otros menos singulares, de lo mejor que ha conocido el título en los últimos años.

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