Discos

El abrazo entre lo arcaico y lo moderno

Paco Yáñez

lunes, 16 de septiembre de 2019
Horaţiu Rădulescu: Omaggio a Domenico Scarlatti; Sonata para piano Nº1 "Cradle to Abysses" opus 5; Sonata para piano Nº2 "being and non-being create each other" opus 82; Sonata para piano Nº3 "you will endure forever" opus 86; Sonata para piano Nº4 "like a well ... older than God" opus 92; Concierto para piano y gran orquesta "The Quest" opus 90; Sonata para piano Nº5 "settle your dust, this is the primal identity" opus 106; Sonata para piano Nº6 "return to the source of light" opus 110. Ortwin Stürmer, piano. Radio-Sinfonie-Orchester Frankfurt. Lothar Zagrosek, director. Andreas Fischer, Wilhelm Meister, Helmut Rohm, Ernstalbrecht Stiebler, Wulf Weinmann y Udo Wüstendörfer, productores. Winfried Meßmer, Rüdiger Orth y Peter Urban, ingenieros de sonido. Tres SACDs DDD de 171 minutos de duración grabados en la Hessischer Rundfunk de Fráncfort del Meno y en la Bayerischer Rundfunk de Múnich (Alemania), entre los años 1996 y 2012. NEOS 11805-07

En febrero de 2018 reseñamos en Mundoclasico.com el primer volumen de la integral que mode records (290) está dedicando a las seis sonatas para piano y a los seis cuartetos de cuerda compuestos por el rumano Horaţiu Rădulescu (Bucarest, 1942 - París, 2008), un proyecto que, por ahora, no ha conocido más lanzamientos, de modo que la edición que hoy reseñamos se convertirá en la primera que recoja en disco compacto las obras completas para piano de Rădulescu, contando para ello con el alemán Ortwin Stürmer, uno de los intérpretes que, desde que ambos se conocieron en 1990, más ha hecho en las últimas décadas por la difusión de unas partituras que trabajó mano a mano con su creador, estrenando varias de ellas, así como grabándolas por primera vez, como demuestran sus lanzamientos en el sello CPO, dos de los cuales se incorporan a esta edición de NEOS: algo poco habitual en la discográfica muniquesa, pero que le sirve para despachar el segundo y el tercer SACD de esta integral con la reedición (dejemos constancia de ello para quien tenga interés en saber si se repiten los mismos registros, que sí) de las grabaciones aparecidas en su día en los compactos con referencia 999 589-2 y 999 880-2 de CPO. 

Pero antes de comentar dichas reediciones, el primer SACD nos ofrece una coproducción de NEOS con la Bayerischer Rundfunk (radio que se hizo cargo del registro y de la producción, en 2002, del segundo disco de esta integral) fruto de la cual son cuatro lecturas que no habían sido publicadas hasta ahora en compacto por Ortwin Stürmer. La primera de ellas nos retrotrae a un compositor que apenas contaba 25 años de edad cuando escribió Omaggio a Domenico Scarlatti opus 2 (1967). Se trata de una partitura compuesta en Bucarest para piano o clave, que aquí escuchamos en su versión pianística; una página breve, de 6:42 minutos de duración, en la que se hace difícil escuchar ecos (ni como citas ni por estilo; al menos, en la ejecución al piano) del compositor italiano, más allá de, como afirma Hartmut Möller en sus notas, cierta elegancia común a ambos autores. Y es que este primigenio opus 2 aún bebe de un universo puntillista y postserial que también a las aulas de los conservatorios rumanos había llegado en la década de los años sesenta, si bien desde su comienzo diatónico y su subsiguiente transformación en un sistema cromático nos vamos abismando hacia un piano en el que predominan las resonancias de unos acordes en cuyas degradaciones se puede intuir un pensamiento espectral que habría de caracterizar a Rădulescu en su madurez. Página, por tanto, que nos deja pistas de por dónde habría de evolucionar el arte del rumano, es desgranada aquí con enorme seriedad y aplomo por un Ortwin Stürmer muy atento a la dialéctica de ataques, resonancias y silencios, lo cual redunda en la citada elegancia y en una muy contemplativa espiritualidad. 

Como Omaggio a Domenico Scarlatti, la Sonata para piano Nº1 "Cradle to Abysses" opus 5 (1968) aún pertenece al primer periodo compositivo de Horaţiu Rădulescu, el que desarrolló en sus últimos años de estudiante en Bucarest, siendo esta sonata la primera partitura que publicó en occidente (Musikverlag Hans Gerig, Colonia), antes de su marcha a París en 1969. Estamos, de nuevo, ante una obra marcada, en cuanto a planteamientos rítmicos, dinámicos y armónicos, por la influencia de un postserialismo tan en boga en la Europa de los años sesenta, si bien en "Cradle to Abysses" se vuelven a vislumbrar señas de identidad que configurarán el lenguaje maduro de Rădulescu, con su tensión armónica suspendida, aquí conformando un díptico entre un primer movimiento más lento y sereno, atacado sucesivamente por motivos rítmicos discrepantes, y un segundo movimiento que, en forma de rondó, abunda en séptimas y novenas para irnos adelantando algunas de las futuras dominantes en el lenguaje armónico del rumano, sin que se dejen asomar los silencios y la belleza de las resonancias modificadas vía pedal hasta los compases conclusivos, en los que se mecen los abismos de forma ya más extática en esta cuna-sonata de tan dispares planteamientos a lo largo de sus casi 10 minutos de duración. Una vez más, la lectura de Ortwin Stürmer es estupenda, manejándose con maestría en lo más rítmicamente trabado de este opus 5, así como en los juegos de relieves dinámicos del primer movimiento, nada sencillos de combinar con su quebrada línea melódica. 

Para escuchar la Sonata para piano Nº2 "being and non-being create each other" opus 82 (1991) tendremos que irnos al segundo SACD de esta integral, que reedita el compacto titulado en 2004 por el sello CPO Lao tzu Sonatas. Y es que en los veintiún años que transcurrieron desde la Primera sonata para piano hasta la Segunda sonata hizo aparición en el pensamiento de Rădulescu una influencia crucial: la del filósofo chino Lao-Tse, quien, por medio de su Dàodé Jīng (siglos VI-V a.e.c.), marcará la respiración espiritual y poética de las últimas cinco sonatas, como se deduce de sus títulos (así como del nombre de algunos de sus movimientos), extraídos de textos de Lao-Tse. A ello hemos de añadir, en lo puramente musical, la adopción, a partir de los años setenta (en realidad, ya desde el crucial opus 10 de Rădulescu, su Credo (1969) para nueve violonchelos), de los modelos espectrales con los que estructuró una armonía muy personal cuyas iridiscencias y halos cromáticos resultaban la forma musical idónea para las auras poético-espirituales que el compositor rumano vendimiaba en el fértil jardín del Dàodé Jīng. Como señaló en su día Bob Gilmore, la Sonata para piano Nº2 articula su estructuración matemática a partir de la Serie de Fibonacci; de ahí, la división en tres movimientos de ocho, tres y dos minutos de duración (aunque en esta lectura del año 2002 a cargo de Ortwin Stürmer las duraciones sean, respectivamente, de 7:18, 3:39 y 2:41 minutos, alejándose un tanto del ideal matemático), con un trabajo interno en cada una de estas partes a nivel melódico y armónico que sigue igualmente premisas numéricas para crear sus proporciones y su muy interconectado desarrollo motívico. Más allá del pensamiento matemático que articula su estructura, es audible de inmediato en este opus 82 una impronta de la música popular rumana, con ecos que remiten a Béla Bartók y al primer Ligeti (ambos nacidos en una región que hoy es parte de Rumanía, al igual que György Kurtág y Péter Eötvös), con su poderoso colorido e irrefrenable rítmica basada en un melodismo de corte folclórico, ya por influjo de lo popular, ya por el hecho de que los textos del Dàodé Jīng proveen, con su estructuración prosódica, una línea melódica muy marcada -como el folclore rumano- por el canto y la articulación desde la voz humana. Ese juego con las referencias y las distancias se hace música, asimismo, por el manejo del ritmo y de una expansión armónica basada en análisis espectrales, así como por la presencia, en el último movimiento de citas provenientes de obras del propio Rădulescu compuestas décadas atrás, lo que conecta tiempos y espacios a través de muy estudiados patrones rítmicos, así como de un melodismo folclórico con temas inventados por el propio Rădulescu (algo que diferenciaría sus métodos de trabajo con respecto a parte de la composición más etnográfica de Béla Bartók -en lo que a esta sonata se refiere, pues en otras, como veremos más adelante, es Bartók, precisamente, la alfaguara de la que Rădulescu beberá-). 

Escuchar "being and non-being create each other" en manos de Ortwin Stürmer resulta de lo más pertinente, pues fue el pianista de Friburgo quien estrenó la partitura, en 1991, en la universidad de su ciudad natal. Ahora bien, para este opus 82 me quedaría con la lectura del pianista canadiense Stephen Clarke en mode records, mucho más enfática, repleta de colorido, poderío rítmico y vitalidad, donde Stürmer resulta más plano y descafeinado en su toma del año 2002 (otra cosa será su registro más tardío del opus 106). En todo caso, en el segundo movimiento, 'Byzantine bells', destaca el halo intimista que Stürmer confiere a su registro, donde Clarke continúa un piano muy aguerrido, más moderno que el tan contemplativo del intérprete alemán. Pero, como he señalado, en conjunto creo que la versión registrada en 2012 por Stephen Clarke es más disfrutable y lograda. 

Igualmente, entre las Lao tzu Sonatas se encuentra el opus 86 de Horaţiu Rădulescu, una Sonata para piano Nº3 "you will endure forever" (1992, rev. 1999) dedicada por el compositor rumano a quien aquí escuchamos, Ortwin Stürmer, por lo que las garantías a nivel interpretativo vuelven a ser todas, de la mano del pianista que estrenó la obra en el Piano Festival La Roque d'Anthéron del año 1999. Estamos, como la describe Bob Gilmore en sus notas, ante una sonata simétrica cuyos patrones, sin embargo, se desarrollan (algo tan del pensamiento de Lao-Tse) como un enfrentamiento de estados de ánimo opuestos: entre lo trágico y lo gozoso, quedando el movimiento central absorto en una suerte de melancolía que Rădulescu decía era el núcleo de la composición. De nuevo, es una arquitectura netamente espectral la que se encarga de dar forma musical a dichos temperamentos, de modo que las funciones espectrales derivadas de la nota Re, por tomar un ejemplo, dominan el primer y sombrío movimiento, en una asociación arquetípica en la historia de la música. De hecho, los vínculos de la partitura con la historia no sólo se basan en una relación anímico-armónica, sino que Rădulescu cita himnos bizantinos de los siglos IX y XIII en diversos momentos: unos himnos a los que el rumano da varias vueltas de tuerca presentándolos a través de una compleja heterofonía. El segundo movimiento también posee una carga trágica, al abrazar, como Lao-Tse, «la muerte con todo el corazón» (y es que, de nuevo, los aforismos filosóficos del taoísta vuelven a figurar en los títulos de los movimientos). Para el ya citado (y nostálgico) tercer movimiento, Rădulescu vendimia el folclore rumano, obteniendo una serena melodía que estiliza, desde su inicial sencillez, por medio de técnicas espectrales, de forma que, como es habitual en estos compactos, lo antiguo se metamorfosea en lo moderno. En el cuarto movimiento encontramos una serie de veinticinco variaciones acordes a una danza de lo eterno que invoca el título del movimiento, ligado a lo que Rădulescu pretende forma musical análoga a la «columna infinita de Brâncuşi». Concluye la Sonata para piano Nº3 con vigor y una voluntad de tender la música al infinito que Gilmore compara con una suerte de «Skriabin cósmico»: perfecta imagen para una música que intenta transmitirnos la alegría de una visión de la eternidad. Como en páginas precedentes, el elemento rítmico es, asimismo, crucial en toda la sonata, y en ello pone el énfasis Ortwin Stürmer (basta escuchar el quinto movimiento); por momentos, acercándonos a dejes minimalistas; cuando no, a cierto new age, al recogerse en lo más melódico y contemplativo. 

Aunque la canción de cuna propiamente dicha de entre las sonatas de Rădulescu sería la Primera, la Sonata para piano Nº4 "like a well ... older than God" opus 92 (1993) también tiene algo de ello, así como reminiscencias de un compositor que, si de cromatismo, espiritualidad y vínculos con Oriente hablamos, no podía faltar entre las referencias que marcan a estas partituras: Olivier Messiaen. De nuevo, estamos ante una sonata estrenada por Ortwin Stürmer, y que fue calificada por otro pianista muy cercano a Rădulescu, el australiano Roger Woodward, como «un milagro de belleza» en el que se integran la poesía y la ciencia, pues el compositor rumano utiliza técnicas espectrales en forma de anillos para (unidas a las proporciones matemáticas de los movimientos de la sonata) crear un perpetuum mobile que busca lo inextinguible por medio del piano. Los vínculos con Messiaen se derivan, asimismo, de la conformación de los timbres en el piano, algo de lo cual el primer movimiento, 'Trumpets of the Eternal', es un buen ejemplo que nos hará recordar la evocación de los metales apocalípticos en el Quatuor pour la Fin du Temps (1940-41) del galo. Igualmente, junto con los elementos espectrales más cromáticos, nos encontramos con ecos del folclore rumano, aquí integrados en la gran forma sonata del primer movimiento (tal y como apunta Bob Gilmore, a través de los trabajos de etnomusicología desarrollados por Bartók). En los movimientos centrales mandan las resonancias y las bellas auras que generan los acordes prolongados vía pedal, optando Rădulescu por formas que, dentro de su complejidad estratificada en capas, no dejan de mostrar algo íntimo y esencial, como una canción de cuna. El último movimiento, 'Abyss', vuelve a portar reminiscencias del Quatuor pour la Fin du Temps, hasta por su título, conduciendo elementos temáticos de los movimientos precedentes a un frenesí rítmico que Gilmore califica de «impredecible», si bien lanzado, como la Tercera sonata, hacia la luz, aunque -fiel a su título- esa luz se acabe esfumando muy progresivamente a lo largo de un último minuto que la desmaterializa vía pedal, graduando cada inflexión y matiz en su hundimiento en el abismo del silencio. En tal calibración, Ortwin Stürmer vuelve a estar soberbio. 

El tercer SACD está íntegramente dedicado al monumental Concierto para piano y gran orquesta "The Quest" opus 90 (1996), partitura de casi una hora de duración que aquí escuchamos en la versión del estreno, grabada en vivo en Fráncfort del Meno el 8 de marzo de 1996 con Ortwin Stürmer al piano acompañado por la Radio-Sinfonie-Orchester Frankfurt y Lothar Zagrosek en la dirección. Aunque en el estreno de "The Quest" hubiesen sonado partituras de Arnold Schönberg y Olivier Messiaen, quizás es con Giacinto Scelsi con quien más se emparenta este concierto, por su atávica rudeza y mantras desarrollados, una y otra vez, sobre esquemas rítmicos también primordiales; en ocasiones, lindando lo naíf, cuando los materiales musicales resultan más simples, como en el luminoso tercer movimiento. Ahora bien, de nuevo es Rumanía el ámbito cultural del que se nutre este concierto para piano, cuyo título deriva Rădulescu de la obra del escritor Mircea Eliade, experto en teología comparada; de ahí que, una vez más, esta partitura nos adentre en el terreno de lo espiritual. Con sus movimientos de (en esta versión del estreno) 22:25, 8:45, 14:01 y 6:25 minutos de duración, Rădulescu pretendía acercarse a una estructuración temporal basada en la sección áurea; de forma que, asimismo, las relaciones no sólo fuesen matemáticas sino temáticas, pues la independencia de cada sección se ve complementada por motivos de las restantes para conformar un todo profusamente interconectado. De hecho, y en palabras del compositor, el primer movimiento sería «muy filosófico», estando relacionado en su forma con las sonatas para piano tardías de Beethoven; el segundo, representaría unas «variaciones totalmente cósmicas y abstractas»; el tercero, una orquestación de temas rumanos entre la polifonía y la heterofonía; y el cuarto, un ritual salvaje basado en un «ostinato de total alegría». Nueva unión de lo espiritual y lo popular, hasta dieciocho melodías rumanas son integradas por Rădulescu en un concierto que, al mismo tiempo, amplía los ecos multiculturales, pues se trabajan de forma muy sutil los timbres de instrumentos no europeos, como los gongs tailandeses, asociados con los registros más graves de un Bösendorfer Imperial dentro de la orquesta, lo que crea una gravedad de tintes cuasi-electrónicos típicos de las teclas oscuras del piano austriaco. Tan peculiar fusión de instrumentos permite a Rădulescu, por otra parte, adentrarse en parciales poco frecuentes en la música occidental, profundizando en su personal concepción del espectralismo (del que es uno de los pioneros en su forma actual). Sin embargo, y a pesar de la pluralidad tímbrica que permite la orquesta, en ocasiones "The Quest" queda un poco falto de inventiva cuando insiste en las marchas homofónicas más machaconas (como en un segundo movimiento en el que pueden llegar a resultar hasta exasperantes), o en sus referencias a las formas más trilladas de lo canónico, de lo que es un buen ejemplo un primer movimiento cuya apertura en la orquesta y sucesiva toma de motivos por parte del piano se hace un tanto previsible de más. Cuando el concierto se desliga del desarrollo más canónico de la forma sonata, éste alcanza mayor vuelo y resulta más interesante, ganando, asimismo, en paleta tímbrica. Ni que decir tiene que la versión que aquí escuchamos es histórica, al tratarse del estreno de la partitura en Fráncfort, con unos intérpretes a los que este concierto (pensando en lo que la Radio-Sinfonie-Orchester Frankfurt estaba acostumbrada a tocar en los años noventa) no pone en mayores aprietos. 

Siete años después de componer "The Quest", regresaba Rădulescu al piano solo con su Sonata para piano Nº5 "settle your dust, this is the primal identity" opus 106 (2003), partitura, de nuevo, basada en el Dàodé Jīng. Ahora bien, como señalamos en febrero de 2018, al reseñar el primer volumen de las sonatas de Rădulescu en mode records, en este opus 106 es audible la impronta de György Ligeti, si bien ya no tanto del Ligeti postbartokiano de los años cincuenta, sino del genio húngaro que se reinventó en los años ochenta y noventa del pasado siglo, tan marcado por los mecanismos polirrítmicos. Rădulescu nutre parte de estos mecanismos con ecos de lo popular (en concreto, con los ritmos Aksak del folclore rumano, así como con una sencilla melodía diatónica, Criştior, de la región de Bihor), si bien más estilizados por un pensamiento de tipo espectral, lo que depara una partitura de enorme virtuosismo que avanza de un modo progresivamente enfático. Como en el caso de la Segunda sonata, estamos ante una obra dividida en tres movimientos cuyos títulos, también extraídos (en ocasiones, libremente) del Dàodé Jīng, proveen material no sólo poético, sino plástico a la hora de diseñar las estructuras armónicas: algo muy evidente, por tomar un ejemplo, en el primer movimiento, 'The path into de light seems dark', por cuanto esos extremos de la luz y de la oscuridad conforman los marcos que definirán la evolución cromática de los intrincados parciales en los que divide el compositor rumano sus espectros armónicos. Además de la arquitectura espectral, el juego con la presencia desdoblada en cánones de motivos como la antes citada Criştior hace que esta canción popular se convierta en una metáfora de la eternidad hacia la que aspira esa identidad primordial referida por el título de la sonata, de modo que cromatismo, armonía y estructura se alían para expandir ese polvo y sustancia seminal de la que está conformado Horaţiu Rădulescu desde lo más popular hacia una abstracción que Hartmut Möller define como una verdadera «danza cósmica», arribados al final del tercer movimiento. En el caso de la Quinta sonata, me quedaría como primera referencia con esta lectura de Ortwin Stürmer frente a la de Stephen Clarke para mode records, pues parece que se hayan invertido las tornas y es ahora Stürmer quien ataca el opus 106 con mayor énfasis, color y carácter, prácticamente revirtiendo lo que afirmábamos sobre ambos pianistas en la Segunda sonata

Termina este recorrido por la obra pianística de Horaţiu Rădulescu con la Sonata para piano Nº6 "return to the source of light" opus 110 (2007), finalizada unos meses antes de la muerte del compositor en París, el 25 de septiembre de 2008, por lo que se convierte en la última pieza de su catálogo. De acuerdo con Hartmut Möller, el viaje efectuado por Rădulescu a Rumanía en el verano del 2003 resultó crucial para la respiración aún más acusadamente folclórica que se asoma a las dos últimas sonatas, mostrando esa «Rumanía virtual y sublimada» que Rădulescu decía llevar siempre dentro, con su complejidad derivada del crisol étnico que el país ha sido durante siglos. Canciones folclóricas (muchas de ellas tomadas de los estudios de Bartók a principios del siglo XX) y cánones bizantinos se integran ahora con los modelos polifónicos en canon (tan queridos por Ligeti) característicos del Renacimiento para dar más vueltas de tuerca cuyos resultados escuchamos en un primer movimiento que se sitúa entre lo más imponente de esta integral, con sus arrolladores veinte minutos. Como la Primera sonata, la Sexta se divide en dos movimientos, si bien será la Quinta sonata la que, como señala Gilmore, va a proveer el material armónico y lumínico que dará impulso y dirección a la partitura postrera de Rădulescu; de ahí, su integración de motivos populares estilizados y su ímpetu rítmico, no tan mecánico como en el opus 106, siendo aquí más danzable, evolucionando desde un aguerrido comienzo en el registro grave a todo un palimpsesto de canciones folclóricas superpuestas que, nueva marca de la casa del rumano (y otro asomo del pensamiento de Lao-Tse), evoluciona hacia la luz y la levedad del cromatismo más agudo de un piano que centellea en sus últimos polirritmos. Mientras, el mucho más breve segundo movimiento (pues no alcanza ni los seis minutos de duración) retoma ideas del primero en cuanto a ritmo, si bien densificándolo y procediendo a lo que Gilmore define como cohabitación de «micromúsicas» producto de un nuevo caleidoscopio que estiliza las fuentes populares. No es que padezca, por tanto, sequía alguna la música de Rădulescu, aunque para nombrar a este último movimiento, 'Kalotrope of the Eternal', se vuelva a remitir (como hizo en otras partituras) a un género de plantas, las calotropis, típico del norte de África, en cuyas regiones áridas viven sin apenas agua. Sea como fuere, la composición de este segundo movimiento de la Sexta sonata también habría que comprenderlo como un proceso orgánico, pues, cual las raíces de las calotropis, es del cuarto movimiento del Concierto para piano de donde bebe esta última sonata sus materiales, jugando a modificar sus densidades, ritmos y retóricas. 

Concluye, de este modo, un arco pianístico que comprende cuarenta años en el catálogo de Horaţiu Rădulescu: un recorrido al que se han asomado profusamente muchas de las señas de identidad del compositor rumano en mayor o menor grado de presencia, como la influencia taoísta bebida de Lao-Tse, la fuerte impronta musical y emocional que provee esa patria sublimada que es folclore rumano, así como los más científicos y abstractos procedimientos espectrales: tres de las bases fundamentales de un piano que, escuchado así, en su totalidad condensada en tan sólo tres SACDs, destaca por su coherencia y homogeneidad, por su fuerte personalidad y firma de autor década tras década, aun a pesar de que entre las dos primeras partituras y las seis restantes medie el lógico proceso de pasar de unas piezas firmadas por un entonces estudiante a lo alcanzado décadas más tarde, ya con un estilo plenamente reconocible. Como se ha ido avanzando a lo largo de esta reseña, las lecturas de Ortwin Stürmer resultan de la mayor pertinencia, pues estamos ante el pianista que más estrechamente colaboró con Rădulescu a lo largo de las últimas décadas, así como por tratarse del músico que más de estas partituras estrenó. Sus versiones son técnicamente irreprochables y, en lo expresivo, se muestran amables, nada aristadas (incluso en las piezas en el entorno del postserialismo), brindando una forma muy serena y delicada de fundir acervos tradicionales y modernidad. A pesar de que en el caso de la Segunda sonata me quedo con la lectura de Stephen Clarke para mode records, se hace difícil, en global, pensar que otro pianista pueda mejorar en este estilo lo expuesto aquí por Stürmer; otra cosa sería dotar a estas páginas de mayor énfasis y modernidad (como realiza Clarke en el opus 82), aunque dudo que ésa sea, en el fondo, su naturaleza. 

Por lo que a las tomas de sonido se refiere, éstas son estupendas, provenientes de las radios alemanas Hessischer Rundfunk y Bayerischer Rundfunk, de una claridad sin paliativos y un piano muy natural (incluso en la grabación en vivo del Concierto para piano). Como hemos ido comentando a lo largo de esta reseña, las notas corren a cargo de Hartmut Möller y Bob Gilmore, por lo que se recuperan los ensayos aparecidos originalmente en los libretos de CPO (los de un Gilmore que había firmado, asimismo, las notas en mode records). En conjunto, la edición de NEOS, empaquetada en un cofre de cartón, es muy bella, comprendiendo fotografías, datos biográficos, ejemplos de partituras, textos manuscritos del compositor y los datos técnicos de un lanzamiento discográfico obligado para quienes deseen conocer no sólo la música de Horaţiu Rădulescu sino cómo lo más folclórico y arcaico se puede abrazar a lo más moderno. 

Estos discos han sido enviados para su recensión por NEOS 

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