Alemania

Aleksandra Mikulska en el Festival estival de Kleve

Juan Carlos Tellechea

jueves, 19 de septiembre de 2019
Kleve, domingo, 21 de julio de 2019. Escenario al aire libre del Klevischer Forstgarten (Parque forestal de Kleve). 31. Klevischer Klaviersommer 2019 (31º Festival de piano de verano de Kleve 2019). Frédéric Chopin (1810 – 1849), Ballada en fa menor número 4 opus 52, Scherzo en si bemol menor opus 31, Rapsodia húngara número 12, Sonata número 3 en si menor opus 58. Solista Aleksandra Mikulska (piano). Organizadores Klevischer Verein für Kultur und Geschichte / Freunde der Schwanenburg e.V. 100% del aforo.
Aleksandra Mikulska © www.aleksandramikulska.com

La excepcional pianista polaca Aleksandra Mikulska (Varsovia, 1981) protagonizó la apertura del 31. Klevischer Klaviersommer 2019 (31º Festival veraniego de piano de Kleve) con un exquisito repertorio dedicado a Frédéric Chopin y a Franz Liszt, dos de sus compositores preferidos. Con Chopin Mikulska se siente en su propio hogar musical; sus maduras interpretaciones son maravillosamente delicadas. De Liszt, está profundamente enamorada.

El millar de espectadores que rodeaba el escenario al aire libre del histórico parque forestal de Kleve, fascinados y conmovidos por la sensibilidad, el vigor, la energía y la presteza increíbles de la interpretación de Mikulska, no querían dejarla ir sin escuchar un bis de ella y ante las atronadoras ovaciones nos dejó la 11a. Rapsodia húngara de Liszt; tocada con gran brillo y delicadeza ... en una ejecución fulgurante y por momentos juguetona.

Público de Alemania, Países Bajos, Bélgica y Francia colmaba el amplio predio de Kleve, una ciudad de la Baja Renania muy próxima a la tenue frontera germano-holandesa. La región de Renania y de la vecina Cuenca del Ruhr es la de mayor densidad en materia de actividades culturales de toda Alemania. Ninguna otra área posee tantos y tan variados espectáculos y festivales artísticos como ésta. De ahí que no deba extrañar que su proyección y magnetismo se extiendan allende fronteras y atraigan también a visitantes no solo de los países mencionados, sino también de Suiza, Austria, Luxemburgo y Dinamarca.

La forma singular en que vibra el piano repentinamente bajo la delicada digitación de Mikulska es un hecho físico que resiste toda explicación racional. Solo puede describirse como una posesión, una visita, una eterna conversación sin palabras con Chopin, su mejor amigo, quien renuncia aquí al drama apasionado y a los desafíos virtuosos.

Hay mucho sosiego, ternura, momentos de arrebato, aceleraciones, poesía, épica y el desarrollo premonitorio hacia un trágico final en esta Balada en fa menor (la última de las cuatro del compositor polaco, dedicada a la baronesa de Rothschild y a su salón parisino), caracterizada por un mayor desarrollo del sonido y una mayor complejidad musical, con la que Mikulska abrió el recital.

Al escuchar sus grabaciones o presenciar sus conciertos (algunos de ellos transmitidos por radio) uno se siente cerca de algo milagroso y espiritual. No es solo la extraordinaria singularidad de sus ejecuciones, sino la alquimia de verse uno compenetrado con la música que ella ama y de ser testigo de una gran artista que profesa una enorme libertad interior; que transmite sus más íntimos sentimientos y ansiedades, y con la que se experimenta un inefable momento de gracia y religiosidad. No sin razón es desde 2014 presidenta de la Chopin-Gesellschaft in der Bundesrepublik Deutschland (Sociedad Chopin en la República Federal de Alemania), con sede en Darmstadt, la mayor y más antigua de este país.

Esta intensidad, este apasionamiento se pueden ver también en la Rapsodia húngara número 12 de Liszt y en el Scherzo en si bemol menor op 31. Las manos de Mikulska se ven casi borrosas, se mueven con gran agilidad, y la platea entera deja escapar un suspiro de asombro colectivo por lo que estaba viendo.

Por último, la Sonata número 3 op 58 de Chopin, un verdadero endriago (que sigue la forma del clasicismo vienés: 1.Allegro maestoso, 2. Scherzo: Molto vivace, 3. Largo, 4. Finale: Presto, ma non tanto, agitato), magnánimo , sombrío, soñador, esquivo, tierno y rebelde. Todo en una sola pieza y para un único instrumento que no todos están a la altura de ejecutar como lo hace Mikulska con monumental precisión, claridad, puntillosidad y hondo sentimiento.

No es que el creador, cuya obra se ha centrado tan elocuentemente en el piano, no tuviera otras opciones instrumentales, pero las 88 piezas del teclado fueron suficientes para que estuviera totalmente consigo mismo y con su arte, y así lo compartimos asimismo con la concertista en esta maravillosa, agradable, cálida y soleada tarde estival, con casi 30 grados centígrados de temperatura a la sombra.

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