España - Galicia

Más ópera que recital

Maruxa Baliñas

jueves, 3 de octubre de 2019
A Coruña, sábado, 21 de septiembre de 2019. Teatro Colón de A Coruña. Michael Spyres: Canciones del mar. Obras de G. Haendel, Mozart, Rossini, Bellini, Verdi, Meyerbeer, Bizet, Auber y Ponchielli. Michael Spyres, tenor. Mathieu Pordoy, piano. Temporada Lírica de A Coruña, 2019
Michael Spyres © 2018 by A. Bofill

Nunca había escuchado a Spyres en recital y no salí convencida de la experiencia. El Teatro Colón de A Coruña es una sala relativamente pequeña, que a pesar de su nombre se inauguró en 1948 más destinada al cine y variedades que al teatro. A pesar de que tiene palcos como un teatro a la italiana, la acústica es más bien tipo sala rectangular, y la voz de Spyres sonó estruendosa en bastantes momentos (estaba sentada en la tercera fila y no hay apenas separación entre escena y butacas) y los defectos que en una representación operística ni se perciben, eran más evidentes. Sin embargo el propio Spyres se autocorrigió y a medida que el recital avanzaba, iba moderando su volumen y cuidando más la calidad de sonido, de modo que cuando en la segunda parte empezó con las arias francesas, la cosa fue mucho mejor. 

Spyres tiene una gran voz y un fiato que a veces me dejaba asombrada (espléndido el 'Nessun maggior dolore' de Otello de Rossini). El timbre es bonito, los graves preciosos, potentes y ligeros al mismo tiempo, y este tipo de 'baritenor' que tanto se usaba en época de Rossini ahora es poco habitual y por eso doblemente apreciado. Ningún problema en este sentido, pero para un recital con piano la articulación es importante y la técnica que sirve en un escenario amplio y alejado del público, vista 'por el microscopio' de una sala pequeña sonaba a veces confusa. El texto se entendía bien siempre, incluso cuando como bis nos ofreció un espléndido 'No puede ser' de La tabernera del puerto en un castellano muy comprensible (lógicamente más al estilo Domingo que Kraus). 

Por su parte, Mathieu Pordoy, un pianista al que nunca había escuchado en directo, me impresionó favorablemente. Es discreto, pero muy seguro, y se adapta perfectamente a la dicción de Spyres. Al contrario que en otros recitales de canto, aquí no hubo ninguna ocasión para que el pianista se luciera a solo, por lo que tampoco se puede juzgar su virtuosismo técnico. Como acompañante, superior a la media. 

Centrándome ya en el recital, que reunía arias relacionadas con el mar (un elemento muy importante en A Coruña, una ciudad a orillas del Atlántico y con un mar 'bravo'), no me convencieron las versiones que hizo Spyres de Haendel ('E ben folle quel nocchier' de Il trionfo del tempo e del disinganno) y Mozart ('Fuor del mar' de Idomeneo), para comenzar el recital. Ambas sonaron prácticamente igual, poco articuladas y confusas (nada raro, puesto que la voz aún no había calentado de todo).

Con las tres siguientes arias de Rossini -dos de Otello y una de Zelmira- la calidad mejoró. Este es uno de los compositores favoritos de Spyres, que tiene precisamente el tipo de voz que Rossini requiere para estos roles. Sin embargo esperaba más y en el descanso -tras un 'Ascolta! Nel furor delle tempeste' de Il Pirata de Bellini y L'esule de Verdi- estaba poco animada para la segunda parte.

Sin embargo con las arias francesas, Meyerbeer, Bizet y Auber, la calidad se elevó considerablemente, y sobre todo Spyres mostró una sensibilidad que parecía haber faltado en las obras de Rossini y Bellini. El 'Je crois entendre encore' de Los pescadores de perlas, que llevó exclusivamente entre pp y mf, parecía venir de un cantante distinto del que había hecho 'Fuor del mar' de Idomeneo al comienzo del recital: articulación más clara, sensibilidad y musicalidad, pronunciación nítida, etc. Sin embargo el primer bravo del recital llegó con la obra siguiente, 'Du pauvre seul ami fidèle' de La muertte de portici de Auber. 

Al final del recital volvió a Italia con arias de Verdi, Ponchilli y L'esule de Rossini para terminar. Aquí el problema fueron los agudos, que ya le habían fallado un poco en el repertorio francés y en estas tres obras finales sonaron 'dudosos'. Como su técnica es buena y el passagio al agudo correcto, no se puede decir que llegara a tener auténticos problemas pero sí que resultaba desazonador. Sin embargo el L'esule final le salió muy bien y soltó un buen chorro de voz al terminar, por lo que recibió una buena dosis de aplausos y cariño del público. El bis fue único, el 'No puede ser' antes mencionado, que fue recibido con entusiasmo pero no tuvo continuidad porque el cansancio era ya muy evidente. 

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