Argentina

Monteverdi invitado

Jorge Binaghi

miércoles, 2 de octubre de 2019
Buenos Aires, martes, 3 de septiembre de 2019. Teatro Colón. L’incoronazione di Poppea (Venecia, Teatro de San Zanipolo, 26  de diciembre de 1642). Libreto de Giovanni F. Busenello y música de C. Monteverdi. Versión de concierto. Intérpretes: Veronica Cangemi (Poppea), Raffaele Pe (Nerone), Jose Maria Lo Monaco (Ottavia/Virtù/Damigella), Filippo Mineccia (Ottone/Familiare), Luigi De Donato (Seneca/Console), Mariana Flores (Fortuna/Drusilla), Juan Sancho (Arnalta/Soldato/Tribuno), Emilie Rose Brey (Amore- Valetto- Pallade), y otros. Ensemble Matheus. Director: Jean-Christophe Spinosi
L’incoronazione di Poppea © Prensa Teatro Colón / A. Colombaroli, 2019

Decía en la anterior reseña que la otra obra que vi en mi paso por Buenos Aires fue la extraordinaria de Monteverdi, que conocí aquí mismo y también en 1965, sin filología, pero con una excelente puesta en escena y algunas voces sin rival, más la dirección del maestro Bartoletti que era capaz de ser igualmente convincente en Puccini que en Prokofiev, en Verdi y Monteverdi. Hasta en un rutilante Ginastera. Pero abandonemos los recuerdos y vayamos a esta versión, muy parecida -incluso con algunos cantantes en los mismos papeles y algún otro en otro rol, más adecuado que entonces- a la del Liceu de 2017, también en concierto y con el mismo maestro y conjunto orquestal (le vino bien al Colón poner cuatro funciones de abono en estas condiciones ya que sus cuerpos estables -no los protagonistas, que fueron contratados sin haber puesto pie hasta ahora en Buenos Aires, salvo José Cura- estaban embarcados en una Carmen en Muscat, que al menos espero que haya llenado un poco las arcas…) 

Comenzaré, pues, repitiéndome:

“Lo más brillante fue el trabajo del Ensemble Matheus y su director. Spinosi tiene una bien ganada fama de especialista en este campo y demuestra que la merece. Sin dejar de ser ‘estilística’, su batuta y la labor del conjunto resultaron vitales, apasionadas, luminosas y sombrías o melancólicas cuando correspondía (muerte de Séneca, despedida de Octavia). No le sobró ni le faltó nada.

Los cantantes, como en toda ópera que se precie de serlo (creo), son elemento fundamental. En conjunto estuvieron bien o muy bien, pero hay que matizar un poco, y no sólo por el canto, sino porque, como se acostumbra ahora en estos casos, estuvieron vestidos de calle o de noche pero muy activos […]”

“Mineccia fue un buen Ottone (y un secundario más; en esta versión, salvo los dos protagonistas todos hacían más de una parte): la voz no es muy bella ni poderosa, pero su control y manejo ahora es absoluto. De Donato fue un Seneca excelente, prueba de que no se necesita un volumen fuera de serie, pero sí una buena voz de bajo, de articulación ejemplar del texto y de expresividad contenida, que podría haber sido de ejemplo a algunos.”

Eso sí, esta vez estaba vestido de modo insólito, pero no creo que se le deba atribuir al artista la elección. En cuanto a la ahora protagonista, “Magnífica Cangemi, más como Drusilla que como Fortuna: personalmente la habría visto más en Poppea, pero ya se sabe que la atribución de roles, y más en repertorio de este período, es a veces un misterio sin explicaciones (no he visto, desde la llegada de la filología, ni una versión ni una asignación de partes igual). Todo lo que hizo fue exquisitamente musical.” Pues en efecto aquí hizo una muy buena Poppea con sólo algún agudo metálico que hacía recordar que la suya es una carrera ya larga.

En cambio, Bry estuvo esta vez demasiado ‘desenvuelta’ y con un nivel vocal inferior a la anterior oportunidad.

De los roles principales estuvo bien Lo Monaco, quizá más a sus anchas en los roles episódicos que en el de Ottavia, donde le faltó majestuosidad. Sancho confirmó su calidad, incluso en el más largo y comprometido de sus roles, Arnalta, que sigue sin parecerme lo más aconsejado para una voz masculina aguda.

Flores estuvo tan correcta como falta de interés en sus personificaciones. Queda el protagonista masculino, Nerone: Pe es un hombre joven y apuesto, con timbre interesante. Desafortunadamente  cuando pasa del registro central  el color cambia (o se ausenta) y la voz no sólo pierde en calidad, sino, más problemático, en control

Bien Mathieu Toulouse, buena voz de bajo, en Mercurio y otros roles menores. En los demás hubo discordancias entre el reparto impreso y el anunciado antes de la representación de modo confuso. El público, numeroso pero sin llenar la sala, aplaudió con calor al final. 

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