Rumanía

El flautista de Hamelin

Maruxa Baliñas

lunes, 21 de octubre de 2019
Bucarest, sábado, 14 de septiembre de 2019. Sala Auditorium. Marc-André Hamelin, piano. Enescu, Suite nº 3 op. 18: Coral y Carrillón nocturno; y Sonata para piano nº 3 op. 24. Samuil Feinberg, Sonata nº 1 op. 1: Allegro (vivace); Sonata nº 2 op. 2: Allegro volando e cantabile; y Sonata nº 3 op. 3. Festival Enescu, 2019
Marc-André Hamelin © Wikipedia, 2019

Ya sé que es un chiste demasiado fácil esto de llamar 'flautista' al pianista canadiense Marc-André Hamelin (Montreal, Quebec, 1961), pero es que realmente su nombre fue capaz de encandilarme no una sino dos veces. Como ya conté, mi primer concierto en esta edición 2019 del Festival Enescu fue precisamente un pianista también llamado Hamelin (Charles Richard-Hamelin: Joliette, Quebec, 1989), que me hizo levantarme poco después de haberme acostado, para asistir a su concierto matinal. Bien, pues en nuestro último día en Bucarest nuevamente me fui al concierto matinal de Hamelin. 

Este segundo Hamelin me interesó mucho más que Richard-Hamelin y sobre todo me resultó 'encandilador' porque su programa fue atípico. Junto a las dos obras de Enescu, ambas de madurez, sonaron las tres primeras sonatas de Samuel Feinberg, las dos primeras en un sólo movimiento y la Sonata nº 3 op. 3 (1916-17) ya con sus tres movimientos habituales. Nunca había escuchado en directo música de este compositor, que era apenas un nombre para mí. Nacido en Odessa en 1890, su ascendencia judía no le facilitó las cosas en el régimen soviético y desde los años 1930 apenas dio conciertos fuera de Moscú, donde falleció en 1962, tras casi cuarenta años como profesor de piano del mismo Conservatorio Chaicovsqui de Moscú donde se había formado. 

Y sin embargo es un compositor muy interesante y un fiel reflejo de su época. De hecho estas tres sonatas forman una apasionante trilogía bélica. La primera fue escrita en 1915, cuando la 1ª Guerra Mundial acababa de comenzar y Feinberg aún no había sido llamado a filas (lo fue a comienzos de 1916), y aunque las notas al programa de Lavinia Coman hablaban de una obra en la tradición de Liszt, Brahms o Clara Schumann, a mí me sonó más bien a ese modernismo de finales de la Belle Époque lleno de optimismo y libertad. La Sonata nº 2, escrita en 1916, me pareció más madura, a pesar del poco tiempo transcurrido entre una y otra. En cierto modo me recordó a Scriabin y otros compositores 'iluminados' porque el lenguaje es atemporal, muy pianístico pero difícil de datar (Liszt tiene obras similares, pero podría ser igualmente un compositor del siglo XXI). La Sonata nº 3, compuesta entre 1916 y 1917, mientras Feinberg estaba enfermo y era desmilitarizado, es una obra impresionante. Mientras las dos primeras sonatas son obras breves y en un solo movimiento (6.25 y 8 minutos de duración, respectivamente, en interpretaciones de Hamelin) la Tercera sonata se extiende a lo largo de casi 25 minutos y resulta especialmente impresionante en su primer movimiento, Preludio, con su indefinición estética, y sobre todo en el movimiento central, una 'marcha fúnebre' que recuerda inevitablemente a los fallecidos en la 1ª Guerra Mundial. 

Valorar la interpretación de Hamelin de estas tres sonatas resulta casi imposible, porque suyas son las interpretaciones de referencia de estas obras. Aunque algunos pianistas han tocado y grabado alguna obra suelta de Feinberg, sólo Hamelin y Victor Bunin (Voronezh, 1936) las interpretan abundantemente y las han grabado en número significativo. Bunin fue alumno de Feinberg, ha publicado un par de libros sobre él y lo sustituyó como profesor en el Conservatorio Chaicovsqui de Moscú, así que la suya puede considerarse la 'interpretación canónica'. Por su parte Hamelin se aproxima a Feinberg con más libertad y soltura, hasta cierto punto 'manipulando' sus partituras: como ejemplo los toques de jazz en el 'Allegro appassionato final' de la Sonata nº 3. Destacaría además la capacidad de Hamelin de dotar a estas obras de un juego de planos sonoros que casi quieren sonar como una pequeña orquesta. 

Las dos obras de Enescu que abrieron el programa fueron asimismo muy bien servidas por Hamelin. En el 'Coral' de la Suite para piano nº 3 op 18 (1913-16) mostró un precioso sonido y un uso del pedal no siempre canónico pero sumamente atractivo. En el 'Carrillón' de esta misma suite apareció la primera sorpresa: Hamelin planteó una versión 'fuera de época', desde el futuro -Messiaen- más que desde el pasado, las últimas obras de Liszt u obras semejantes. La Sonata nº 3 (1935) de Enescu resultó igualmente inspiradora. Llena de matices, planos sonoros, juegos rítmicos, era Enescu, pero 'otro' netamente distinto del escuchado en otros conciertos del festival y resultaba mucho más moderno y original. En el primer movimiento, Vivace con brio, aunque las notas al programa hablaban de la influencia de Scarlatti y otros maestros del XVIII, hubo momentos muy de Albéniz y de la música parisina de principios del siglo XX. El segundo movimiento, Andantino cantabile, fue especialmente atractivo, lleno de una introspección que tenía mucho de Hamelin, quien tiende a personalizar las obras que toca.

El público aplaudió abundantemente y Hamelin ofreció dos propinas, la primera de ella unas variaciones compuestas por él mismo sobre una canción renacentista, creo. La segunda una pieza de Debussy, donde había jazz, música japonesa, simbolismo, Hamelin y -claro está- Debussy. 

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