Alemania

La redención solo se consigue en esta vida a través del arte

Juan Carlos Tellechea

lunes, 30 de septiembre de 2019
Baden-Baden, viernes, 27 de septiembre de 2019. Festspielhaus Baden-Baden. Orphée et Eurydice, ballet-ópera de John Neumeier, con música de Christoph Willibald Gluck, libreto de Ranieri di Calzabigi, traducida al francés por Pierre-Louis Moline, estrenada en versión en italiano el 5 de octubre de 1762 en el Burgtheater de Viena, estrenada en versión en francés el 2 de agosto de 1774 en la Opéra, Salle des Tuilleries, de París. Régie, coreografía, escenografía, vestuario e iluminación John Neumeier. Dmitry Korchak, Orfeo. Arianna Vendittelli, Eurídice. Marie-Sophie Pollak, el Amor. Coro Vocalensemble Rastatt. Orquesta Freiburger Barockorchester. Director musical Alessandro De Marchi. Inauguración de la temporada de los Festivales de Baden-Baden 2019/2020. Es una coproducción de la Hamburgische Staatsoper con la Lyric Opera of Chicago y la Los Angeles Opera. Patrocinadores Klaus y Hella Janson. 100% del aforo.
Dmitry Korchak y Arianna Vendittel © 2019 by Kiran West

El arte magistral del encantamiento es la seductora clave del ballet-ópera Orphée et Eurydice del coreógrafo estadounidense John Neumeier y el Staatsballett Hamburg que, con música de Christoph Willibald Gluck, inauguró entre clamores de aprobación del público la nueva temporada de la Festspielhaus Baden-Baden 2019/2020.

Neumeier (Milwaukee/Wisconsin, 24 de febrero de 1939), una leyenda viviente de la danza neoclásica, visita Baden-Baden durante 10 días con su compañía para ofrecer tres funciones de Orfeo y Eurídice y un taller de ballet, así como su Beethoven-Projekt, un homenaje al genial compositor alemán nacido hace 250 años en Bonn o, como él lo define, un poema coreográfico inspirado en la música de Beethoven y tal vez por Beethoven mismo.

De forma muy lírica Neumeiner (coreografía, puesta en escena, decorados, vestuario e iluminación) nos introduce durante dos horas en algunos de los grandes misterios órficos. El Amor (exquisita la soprano alemana Marie-Sophie Pollak), que todo lo puede, que es eterno, que conquista la muerte y la fugacidad, es un mito humano fascinante, atemporal y hasta quizás universal, si nos preguntamos filosóficamente por qué y para qué estamos de paso por esta vida.

En esta maravillosa versión de Neumeier*, Orfeo (impecables el tenor ruso Dmitry Korchak y el bailarín ucraniano Edvin Revazov), es un coreógrafo que trabaja intensamente en los ensayos con su conjunto y con su primera bailarina, Eurídice (espléndidas la bailarina letona Anna Laudere y más tarde la soprano italiana Arianna Vendittelli).

Él corrige estrictamente sus movimientos. Ella se siente muy molesta, discute con el maestro, abandona ofuscada el estudio de un portazo y después tiene un accidente mortal con su coche. Orfeo, cantando con mucho sentimiento y elocuencia, llora amargamente la pérdida de Eurídice.

Neumeier opta aquí por la versión estrenada en París en 1774, en la que Gluck preveía expresamente una gran variedad de números de danza*. El escenario queda casi en penumbras y los bailarines elaboran el duelo con fuertes cuadros, así como movimientos muy libres y audaces. Sus brazos revolotean en el aire y sus cuerpos se van desplomando deprimidos conjuntamente.

Como Eurídice entra al inframundo, la soprano Vendittelli guarda silencio por el momento, mientras Orfeo, de luto, se ve constreñido al rincón de una estrecha habitación. La escenografía, con grandes mamparas moviles que tienen múltiples posibilidades de adaptación y se desplazan ágilmente sobre las tablas, evoca imágenes de los surrealistas Salvador Dalí y René Magritte. En la segunda parte (tercer acto), campea en un espacio abstracto y con buena llegada al público también el simbolismo del pintor suizo Arnold Böcklin, con la proyección sobre un telón de fondo de su célebre cuadro La isla de los muertos.

Es el Amor (con su cristalina voz), el mensajero del destino, quien le revela a Orfeo (en uno de los pasajes de coloratura más difíciles) un dicho de Apolo (su padre en la mitología griega) que le permitirá visitar a Eurídice en el reino de los muertos, eludiendo a los feroces cancerberos (grandioso desempeño de los tres bailarines, el español Aleix Martínez, el chino Lizhong Wang y el filipino Marcelino Libao, con sus atuendos blindados) que cuidan celosamente su acceso.

Orfeo, desesperado y atrapado en sus pensamientos delirantes procura descender al inframundo, cosa nada facil, ya que sus espíritus, las Furias, quieren persuadirlo de que no lo haga. En este poderoso segundo acto, el elenco entero de la compañía de ballet se emociona con dinamismo y elegancia.

Las bailarinas y los bailarines visten largas túnicas y sus ojos están enmarcados por un maquillaje sombreado que presta mayor dramatismo a la escena. Reina un ambiente romántico, hábilmente en tinieblas. Se ven algunos símbolos como la barca que cuelga del techo, es la de Caronte, que conduce las almas al Hades. Revazov y Laudere encantan a la platea con la impresionante armonía de sus movimientos y desplazamientos.

En todo momento, el coro del Vocalensemble Rastatt y el conjunto de la Freiburger Barockorchester (con 40 músicos, entre cuerdas, maderas, clave y arpa), bajo la diestra batuta del italiano Alessandro De Marchi (Roma, 1962), le brindan a los perros guardianes del mundo de los muertos y de los espíritus una más que acertada figura polifónica.

Es tal la persistencia con que Orfeo pregunta a las Furias que, al final, puede acudir a los tan anhelados campos Elíseos, un lugar sagrado de amor y confianza, iluminado y dichoso en el que las sombras (almas inmortales vestidas de blanco) de los hombres y mujeres virtuosos, así como de los guerreros heroicos pasan a la eternidad en medio de paisajes verdes y siempre floridos. Laudere y Revazov tienen aquí uno de sus mejores pas de deux de la velada (junto con el de la danza de la boda en otro de los pasajes), con preciosos giros y variaciones, flanqueados por dos parejas más.

Los vivos y los muertos se reencuentran y, tal como lo vaticinaba el Amor, Orfeo se reúne de nuevo con Eurídice, pero no la mira (es la promesa, para no perderla para siempre). Mas a ella la asaltan amargas dudas sobre los sentimientos de su amado. Piensa que la mirada fugaz, la mano que evita la de ella, son los síntomas de un corazón frío. Orfeo no puede soportar más exponer a Eurídice a esta prueba y finalmente la contempla. Arianna Vendittelli que hasta entonces había tenido una intervención verdaderamente arrolladora, con gran impacto sobre los espectadores, calla nuevamente y se deja llevar de nuevo por las sombras de la muerte.

De vuelta en su alcoba, Orfeo entona su famoso lamento y ahora quiere unirse en la muerte con Eurídice. El Amor interviene otra vez para ayudarlo en esta penosa situacion y aclararle la complicada lógica de los dioses. Hay un final feliz, porque el arte continúa viviendo, con la Danza de la muete que se propone coreografiar el maestro.

Cuanto más nos aproximamos al final, las imágenes se tornan más suaves y agradables. Los decorados se reagrupan frecuentemente; las mallas de las bailarinas y los bailarines brillan en tonos violeta y verde oliva. Las escenas de conjunto son hermosísimas. El Amor sigue siendo un sueño alucinante y la redención solo se consigue en esta vida a través del arte, nos viene a decir Neumeier con su sobresaliente y apasionda coreografía que emociona profundamente a los 2.500 espectadores presentes.

Notas

John Neumeier dedica la producción de Orphée et Eurydice a la memoria de Sybil Shearer (Toronto/Ontario, Canadá, 1912 – Hospital de Evanston/Illinois, 2005), cuyas contribuciones como bailarina y coreógrafa, así como su creativa personalidad artística fueron para él una fuente inagotable de inspiración.

Hamburger Ballet John Neumeier Edvin Revazov (Double Orphée), Anna Laudere (Double Eurydice), un ensayo (el ensemble), Alex Martínez, Lizhong Wang, Marcelino Libao (Cancerberos), Yun-Su Park, Emiliano Torres, Patricia Friza, Pietro Pelleri, Madoka Sugai, Alessandro Frola, Mengting You, Nicolas Gläsmann, Yaiza Coll, Leeroy Boone, Nako Hiraki, Borja Bermudez, Ana Torrequebrada, Eliot Worrell, Viktoria Bodahl, Louis Haslach (Furias), Anna Laudere, Edvin Revazov – Xue Lin, Florian Pohl, Giorgia Giani, Félix Paquet, Olivia Betteridge , Illia Zakrevskyi, Kristina Paulin, Marià Huguet, Priscilla Tselikova, Matias Oberlin, Charlotte Larzelere, Matthieu Rouaux, Greta Jörgens, Roberto Pérez, Lasse Caballero (espíritus de las almas), Eliot Worrell, Pietro Pelleri, Louis Haslach, Roberto Pérez, Lasse Caballero, Lennard Giesenberg, Alessandro Frola, Emiliano Torres (sombras), Greta Jörgens, Matias Oberlin, Xue Lin, Félix Paquet, Emilie Mazon, Christopher Evans, Madoka Sugai, Mathieu Rouaux (el ballet imaginario – gavota), Anna Laudere, Edvin Revazov (danza de la boda), Olivia Betteridge, Leeroy Boone, Viktoria Bodahl, Borja Bermudez, Yaiza Coll, Marià Huguet, Patricia Friza, Emiliano Torres, Giorgia Giani, Pietro Pelleri, Nako Hiraki, Nicolas Gläsmann, Yun-Su Park, Florian Pohl, Kristina Paulin, Eliot Worrell, Chiara Ruaro, Illia Zakrevskyi, Mengting You, Alessandro Frola.

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