Artes visuales y exposiciones

California Dreams – San Francisco – Ein Porträt

Juan Carlos Tellechea

viernes, 4 de octubre de 2019
California Dreams © 2019 by Bundeskunsthalle

A comienzos de septiembre de 2019, el gobierno de la ciudad y condado de San Francisco declaró por unanimidad a la influyente y poderosa National Rifle Association (NRA) como organizacion terrorista nacional. Con toda la razón del mundo. Esta provocativa decisión de la metrópoli californiana atrajo una vez más sobre sí la atención del orbe y se ganó merecidamente el respeto de la comunidad internacional. No es para menos, con 100 muertos por día y casi 36.000 al año, la cifra de víctimas por el uso de armas de fuego en Estados Unidos es 25 veces más elevada que en cualquier otro país de igual nivel de ingresos per cápita.

Ahora, medio siglo después del Festival de Woodstock (en Bethel, Estado de Nueva York), la fascinante capital del movimiento hippie es objeto de una amplísima y merecida muestra en el Bundeskunsthalle [Centro de Arte y Exposiciones de la República Federal de Alemania] de Bonn, titulada California Dreams – San Francisco – Ein Porträt, que va desde 12 de septiembre de 2019 al 12 de enero de 2020.

Raramente encontraremos en la historia de este planeta alguna otra ciudad que como esta haya deseado con tanto anhelo convertir en realidad sus propios y más caros sueños. Desde la Fiebre del oro, allá por 1850, hasta el Silicon Valley de nuestros días, quienes por motivos fortuitos, por la fuerza del destino o por lo que fuera llegaron hasta la bahía de San Francisco, creyeron haber alcanzado la Tierra Prometida y por nada del mundo querrían dejarla.

Para ilustrar este aserto baste indicar el hecho de que el antiguo centro de la ciudad fue construido sobre los restos de los navíos que recalaron en sus costas y que quedaron allí abandonados, sin dueño. Los innumerables buscadores de oro arribados a San Francisco se internaban de inmediato tierra adentro y casi nadie quería regresar a su lugar de origen.

Desde sus comienzos, San Francisco fue considerada como un refugio tolerante y liberal, más generoso que Nueva York, influenciada por el espíritu puritano protestante, evoca el director general de la Bundeskunsthalle, el neerlandés Rein Wolfs. De ahí que también muchos judíos alemanes prefirieran establecerse allí. Uno de ellos fue Levi Strauss, el creador de los famosos jeans. Nacido en Buttenheim, cerca de Bamberg (Franconia/Baviera), en 1829, y fallecido en San Francisco en 1902, Strauss no usó nunca las prendas de vestir de su invención, hoy tan de moda, porque era ropa destinada al uso exclusivo de los trabajadores.

En una de las vitrinas de la Bundeskunsthalle se exhiben un par de jeans, con sus remaches metálicos originales ya oxidados, así como muchos remiendos y agujeros, que utilizara en su momento el minero Homer Campbell de Arizona en 1920 y que reclamara, quejándose de que después de tres años de uso ininterrumpido estaban en estado calamitoso. Ni corta ni perezosa, la empresa Levi Strauss le envió gratis a Campbell unos nuevos jeans y allí concluyó la discusión.No hay nada mejor para un buen comerciante que un cliente contento (cualquier similitud con la política de ventas por internet de Amazon, no es pura casualidad).

También se expone un impoluto Levi's modelo 501 y una nívea camisa del diseñador Gianni Versace que vistiera el fallecido fundador de Apple, Steve Jobs. En la década de 1980, Silicon Valley, cerca de San Francisco, pondría en marcha una revolución tecnológica que, al poco tiempo, con el desarrollo de computadoras y teléfonos inteligentes, cambiaría la vida de las personas en todo el planeta.

Alrededor de 1900, una cuarta parte de la población de San Francisco era de habla alemana. Sorprendentemente esta ciudad del Pacífico fue el segundo puerto principal de inmigración después de Nueva York, señala una de las dos comisarias de la exposición, Henriette Pleiger. Desde esta ciudad partieron asimismo impulsos sociales a todo el mundo, agrega por su parte Sylvia Kasprycki, segunda responsable de la muestra.

Especialmente los inmigrantes chinos (utilizados como mano de obra barata para construir la red ferroviaria) fueron percibidos durante mucho tiempo como una amenaza, y Chinatown surgió como respuesta a la marginación que padecían por parte de la población europea. Los chinos convirtieron su vecindario en algo así como un Disneyland, una gran atracción turística, apelando a una singular estrategia de supervivencia, acota Pleiger.

La Ley de Exclusión China de 1882 no solo negó la ciudadanía estadounidense a los inmigrantes chinos, sino que también los compelió a unos pocos campos ocupacionales, como los de las actividades en lavanderías y restaurantes. Por eso vemos siempre al chef de cocina chino o al tintorero chino en las películas de Hollywood.

La exposición abarca cuatro siglos de historia con casi 400 objetos, entre fotografías y obras de arte, así como preciosos trabajos de cestería y atuendos indígenas (de los Ohlone y sus numerosas tribus que vivían allí por lo menos desde el siglo VI de nuestra era y practicaban la antropofagia, así como de los miwok, emparentados con aquellos e incluidos en el grupo utí de la macrofamilia penuti).

Nada queda excluido de esta presentación, ninguno de los más oscuros capítulos vividos por la ciudad a lo largo de su historia; ni siquiera los menos conocidos, como el internamiento de japoneses en campos de concentración estadouniidenses durante la Guerra del Pacífico (1937-1945), hecho tampoco pasado por alto aquí.

Los restos arqueológicos más antiguos que evidencian asentamientos humanos en la región datan del 3000 aC. Siguiendo un orden cronológico, la exposición propiamente dicha comienza con los inicios de San Francisco (bajo el Virreinato de la Nueva España) como base militar española en 1776 (ante el avance ruso desde Siberia a Alaska). La expedición al mando de Juan Bautista de Anza elegiría el lugar donde José Joaquín Moraga pronto fundaría el Presidio (o guarnición) Real de San Francisco.

A finales de aquel año, el misionero franciscano Francisco Palou fundaría allí la Misión de San Francisco de Asís, conocida hoy como Misión Dolores. La muestra aborda asimismo la brutal represión y esclavización de los pueblos originales. La tribu yelamu de los ohlone que poseía algunos poblados en la zona fue compelida a unirse a los españoles para vivir y trabajar en la misión y sus miembros fueron convertidos al catolicismo.

Este fascinante viaje de descubrimiento histórico-cultural multimedia, incluye asimismo al movimiento de liberación homosexual (surgido tras los disturbios de Stonewall el 28 de junio de 1969 en Nueva York), cuya enseña, la bandera del arco iris, fuera diseñada y cosida a mano en 1978 por el artista Gilbert Baker (Chanute/Kansas , 1951 – Nueva York, 2017), quien trabajaría a partir de 1979 en la Paramount Flag Company de San Francisco.

En todos los momentos de su historia, llena de acontecimientos imborrables, desde la llegada de los conquistadores españoles a finales del siglo XVIII hasta la invasión de los conquistadores digitales de la actualidad. San Francisco atrajo a gentes de todos los rincones del planeta y sus:diferentes culturas chocaron aquí o se fusionaron. Las crónicas de estos cuatro siglos de la ciudad esbozan una sociedad que ha desarrollado una identidad muy propia y una personalidad urbana más allá de sus atracciones turísticas. El primer tranvía por cable de San Francisco (el Clay Street Hill Railroad), convertido entretanto en uno de sus iconos, fue inaugurado en 1873 (una réplica en miniatura fue traída a la Bundeskunsthalle para que jueguen los visitantes más pequeños).

La posición de liderazgo que detenta San Francisco en la protección medioambiental y climática también se basa en las malas experiencias del pasado, apunta Pleiger. La Bahía de San Francisco todavía está contaminada con el mercurio que durante la Fiebre del Oro utilizaran en superabundancia los buscadores de ese preciado metal para separarlo y extraerlo de las rocas o piedras en las que se encontraba.

La banca (Wells Fargo, 1852; Banco de California, 1864) y el transporte se desarrollarían inconteniblemente. Los inmigrantes de Europa y de Asia dieron forma a la imagen de la ciudad. Pero el progreso económico y la diversidad cultural no debe ocultar las jerarquías étnicas y sociales que se desarrollaron, advierte Kasprycki. Los sueños de unos eran a menudo a expensas de los otros. El lugar de ensueño se convertiría frecuentemente en la pesadilla de las minorías marginadas o explotadas. Ya en 1850, las cuatro quintas partes de la ciudad estaba en poder de menos del cinco por ciento de su población blanca.

El trágico terremoto (de magnitud 7.8 en la escala de Richter) del 18 de abril de 1906, que dejó un saldo de 3.000 víctimas mortales y 250.000 personas sin hogar, obligó entonces a la ciudad de 400.000 habitantes a un nuevo comienzo. El seísmo y los incendios que se desataron en consecuencia (por escapes de gas) devastaron tres cuartas partes de la infraestructura urbana (la red de agua, en esos momentos tan necesaria para combatir urgentemente el fuego, había colapsado).

Sin embargo, la reconstrucción fue rápida y a gran escala, gracias a los préstamos bancarios otorgados a quienes hubieran perdido todo su sustento, y la ciudad celebró su renacimiento con la Exposición Universal de 1915.

En las décadas siguientes San Francisco se consolidaría como un importante centro financiero y ningún banco de la ciudad sería declarado en quiebra tras la crisis bursátil de 1929. Es más, fue durante la Gran Depresión que se desarrollarían sus grandes proyectos de ingeniería, como el puente de la Bahía de San Francisco-Oakland y el Golden Gate, concluidos respectivamente en 1936 y 1937.

Una de las pesadillas de esta ciudad de ensueño es hoy la falta generalizada de viviendas que catapulta los precios de los alquileres y de los inmuebles a niveles enormemente elevados. Hay demasiada gente sin techo. Sin embargo, y pese a todos los males que la afligen, San Francisco sigue siendo una ciudad muy valiente, y pionera en lo que respecta a la inmigracion. De su ímpetu e inspiración muchos países y gobiernos podrían aprender y mucho en sus respectivas políticas, entre ellos el de la administración Donald Trump, pero también miembros negligentes de la Unión Europea.

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