Argentina

Un Don Pasquale que no hace reír

Gustavo Gabriel Otero

martes, 8 de octubre de 2019
Buenos Aires, martes, 24 de septiembre de 2019. Teatro Colón. Gaetano Donizetti: Don Pasquale. Ópera en tres actos. Libreto de Giovanni Ruffini. Fabio Sparvoli, dirección escénica. Enrique Bordolini, escenografía e iluminación. Imme Möller, vestuario. Nicola Ulivieri (Don Pasquale), Jaquelina Livieri (Norina), Santiago Ballerini (Ernesto), Darío Solari (Doctor Malatesta), Mario de Salvo (Un Notario).Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Dirección musical: Srba Dinić
Sparvoli: Don Pasquale © Teatro Colón / A. Colombaroli, 2019

Hay óperas del gran repertorio que parecen simples de poner en escena cuando en realidad son verdaderos mecanismos de relojería en los que si algo falla el espectáculo se convierte en mediocre rápidamente. A Don Pasquale de Gaetano Donizetti le cabe en algún punto la injusta sentencia de su simplicidad. La obra concebida, sin ninguna duda, con altas dosis de humor necesita una labor teatral de primer orden para no resultar tediosa, envejecida o de poca comicidad; a la par se debe contar con cuatro solistas de primerísima magnitud. Ninguno de los dos supuestos se dieron en esta nueva puesta en escena ofrecida por el Teatro Colón del Don Pasquale de Donizetti.

La Orquesta Estable bajo la conducción de Srba Dinić fue segura y ajustada, con la necesaria brillantez en los momentos que lo requieren.

Nicola Ulivieri como Don Pasquale no logró dar al personaje todo el realce y la comicidad que demanda la parte, quizás su registro de bajo-barítono no sea el mejor para poder encarnar con justicia al anciano protagonista. En el aspecto estético siempre es preferible un protagonista ya entrado en años y no un cantante con casi la misma edad que los jóvenes enamorados.

Darío Solari compuso un doctor Malatesta adecuado pero sin ningún rasgo para destacar.

Jaquelina Livieri encarnó a Norina con seguridad, estilo, homogeneidad vocal y adecuada resolución de las coloraturas. 

Santiago Ballerini -tenor argentino de ascendente carrera internacional- demostró su perfecta línea belcantística, su refinamiento expresivo y su bello color vocal a la par de su impecable llegada al agudo.

Correcto resultó Mario de Salvo en su breve papel del Notario, así como el Coro Estable que dirige Miguel Martínez.

Si los aspectos musicales tuvieron claroscuros con dos solistas de primer nivel y los otros dos por debajo de lo deseable, la puesta en escena no logró pasar de la medianía con algunas resoluciones que en lugar de ayudar a la obra le quitaron sus mejores ribetes bufos. 

La puesta de Fabio Sparvoli tiene un planteo sintético, sólo subraya lo esencial de la trama, no profundiza en la comicidad y no delinea correctamente los personajes y hasta en algún momento cuando lo bufo cede a lo romántico -el dúo ‘Tornami a dir che m'ami’- el director escénico decide que los dos enamorados realicen movimientos esteriotipados y burlones. 

La caracterización de Don Pasquale no como un anciano de casi 70 años -gordo y grotesco- sino sólo un poco mayor que Norina y Ernesto y en perfecta forma física, no ayuda a la obra, hace perder comicidad y descarta un punto fundamental: la seducción que genera una joven en un anciano.

El vestuario de Imme Moller es de una modernidad vaga e irreal y sin un anclaje temporal preciso, todos los personajes parecen similares y estar entre los 30 y los 50 años de edad sin una adecuada caracterización en este punto.

Enrique Bordolini plasma una escenografía demasiado esquemática. Es una estructura de madera, sin paredes, sin interiores ni exteriores, prácticamente sin adornos que delimita las acciones y que con muy pocos cambios da marco a todas las escenas. Estas estructuras delimitan tres espacios de los cuales se utiliza siempre el central y escaleras mediante dos espacios en lo alto. El primero será el cuarto de Ernesto y a la derecha del espectador el de Norina en el primer acto y una sala con sillón en el tercero, que por su ubicación no es claramente visible por buena parte de los espectadores. Los figurantes mueven esas estructuras que finalmente son siempre iguales.

Para la última escena se añaden por delante una estructuras que asemejan las plantas del jardín pero queda visible la estructura de siempre. 

Finalmente el marco escénico causa monotonía en conjunción con el uso del panorama en el fondo de escasa creatividad y con una iluminación carente de profundidad y matices.

Con todo, la puesta parece ser tributaria a la estrenada en junio de 2018 en la Ópera Garnier de París firmada por Damiano Michieletto, pero sin la excelencia de aquella. 

En suma: un Don Pasquale con adecuado nivel de calidad en una versión de suma corrección que no defraudó pero tampoco divirtió.  

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