Reino Unido

Revolución y contraste entre Dussek y Beethoven

Agustín Blanco Bazán

viernes, 11 de octubre de 2019
Londres, miércoles, 2 de octubre de 2019. Barbican Center. Sala de conciertos. Jan Ladislav Dussek, Misa en sol mayor. Stephen Fry, narrador. Chen Reiss, soprano. Ludwig van Beethoven,Música incidental para Egmont, de Johann Wolfgang von Goethe (completa). Stefanie True, soprano. Helen Charlston, mezzo-soprano. Gwilym Bowen, tenor. Morgan Pearse, bajo. Coro y orquesta de la Academy of Ancient Music bajo la dirección de Richard Egarr 
Richard Egarr © Marco Borggreve / Intermusica, 2018

La Academy of Ancient Music (AAM), la distinguida agrupación de instrumentos de período fundada por Christopher Hogwood en 1973, inició su temporada 19-20 con una importante exhumación. Aparentemente, la Misa en Sol Mayor de Dussek, comisionada para celebrar en 1811 el cumpleaños de la esposa del príncipe Nicolás II de Esterhazy, fue enviada a dormir después de aquella ocasión hasta ser descubierta por Richard Egarr, el director titular de la AAM, en la biblioteca del Conservatorio de Florencia. Egarr anunció que era muy probable que después de los invitados de los Esterhazy los asistentes a esta velada del Barbican fuéramos tal vez los primeros que en gozar de un trabajo tan genialmente abrupto como su compositor. 

Luego de un peregrinaje de juventud por varias regiones europeas, Dussek, 1760-1812) un bohemio en los dos sentidos de la palabra, se instaló primero en París, bajo el patrocinio de María Antonieta, para cambiar Francia por Inglaterra muy oportunamente a principios de 1789. En Londres alcanzó notoriedad como compositor y profesor pianístico, antes de huir al continente luego de un conflicto matrimonial de culebrón a resultas del cual dejó a su suegro y editor en la cárcel por deudas impagas. Esta vez fue el Príncipe de Talleyrand quien lo patrocinó y lo alojó en su palacio hasta su muerte. Gota, gula y alcoholismo parece haber sido decisivas en la partida de este artista, a quien un crítico de la época definió como “tan enorme como el piano que tocaba”. 

En comparación con las obras de sus contemporáneos, la misa hace pensar en un Schubert sin la represión del Biedermeier. Hay maravillosas melodías, por ejemplo en la introducción al primer Kyrie o el Sanctus, pero la similitud con Schubert se acaba con la sorpresiva irrupción de fugas (Cum Sancto Spiritu), tiempos de marcha (segundo Kyrie) y un énfasis de extremo expresionismo de articulación vocal, por ejemplo en un Crucifixius etiam apoyado en un inquietante pizzicato. Las fugas hacen recordar más a Haendel y a Michael Haydn que a cualquier otro compositor, y hay poco o nada de influencia mozartiana o beethoveniana. Otras joyitas en esta obra desencajada de cualquier método pero genial en sus ideas musicales son la arietta de Et in Spiritum, y los obligato de chelo en el Benedictus y el Dona nobis pacem. La voz cálida y brillante de la mezzo Helen Charlston sobresalió entre los demás solistas, todos ellos bien afianzados en estilo y sobresaliente calidad de timbre. 

Similarmente sobresaliente fue, en la música incidental de Egmont, el seguro y penetrante lirismo de Chen Reiss, una soprano de cuya carrera se habla en Londres cada vez más. Su apoyo y densidad de timbre son sólidos sin ser nunca pesados y su proyección al agudo de tranquila y pasmosa seguridad. La antológica expresividad puesta por la AAM fue correspondida con una histriónica y conmovedora narración a cargo de Stephen Fry. Como la mejor orquesta, este consagrado artista de cine y teatro fue un modelo de variación de color, intensidad y contraste en la interpretación de un texto capaz de exaltar y conmover como sólo Goethe sabía hacerlo. 

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