España - Galicia

Alejandro Sanz triunfa en Coruña

Alfredo López-Vivié Palencia

miércoles, 9 de octubre de 2019
A Coruña, viernes, 4 de octubre de 2019. Palacio de la Ópera. Johannes Moser, violonchelo. Coro de la Sinfónica de Galicia (Joan Company, director). Orquesta Sinfónica de Galicia. Dima Slobodeniouk, director. Igor Stravinski: Sinfonía de Los Salmos; Camille Saint-Saëns: Concierto para violonchelo nº 1 en La menor, op. 33; Rogelio Groba: Danzas meigas (selección); Maurice Ravel: Bolero. Asistencia: 90%
Alejandro Sanz Redondo © 2019 by OJSG

Extraño programa para inaugurar el curso de la Sinfónica de Galicia. Ecléctico, dirán los más prudentes; incoherente, dirán los más furibundos. A mí me resultó equilibrado en el sentido de que ninguna de las cuatro piezas tiene nada que ver entre sí; además, en ningún sitio está escrito que el programa de un concierto deba necesariamente contener un elemento de cohesión entre las obras que lo conforman. La única cohesión exigible es que se toque bien. Y esa exigencia fue sobradamente satisfecha.

Y para extraña la Sinfonía de Los Salmos de Igor Stravinski. Qué obra tan curiosa, en la que un autor cuya fama se debe a lo pagano habla de las virtudes teologales con tanta elocuencia como espiritualidad; qué chasco se debieron llevar en la Sinfónica de Boston cuando recibieron el encargo que habían hecho a Stravinski para el cincuentenario de la orquesta, y vieron que se trata de una obra festiva pero no festivalera cuya orquestación prescinde de violines, violas y clarinetes (de todos modos, repasen ustedes la docena larga de piezas comisionadas por Serge Koussevitzky para esa misma ocasión y comprobarán que el aniversario se celebró por todo lo alto); qué ejecución tan limpia y tan convincente la de Dima Slobodeniouk (lástima que la acústica de la sala apagase el sonido de violonchelos y contrabajos); y sobre todo, qué estupenda la intervención del Coro de la Sinfónica de Galicia, potente y bien empastado.  

No conocía al bávaro Johannes Moser (Múnich, 1979), pero desde ahora me apunto a su club de fans. El sonido que extrae de su instrumento es de los más bellos que jamás he escuchado en un violonchelo, y encima ese sonido llega a través de un fraseo elegante, una técnica sobrada, y una afinación intachable que no se pierde ni en los sobreagudos. También es verdad que Camille Saint-Saëns se lo pone fácil, no porque su parte carezca de dificultades, sino porque el Concierto en La menor es una obra arrebatadora, que te atrapa desde el primer compás gracias a esa facilidad que tenía el autor para entender el género como un diálogo y no como una confrontación; de modo que a la orquesta también le pone en bandeja el pasarlo bien, y así se transmitió por parte de uno y otra. Moser agradeció los aplausos del público con la “Sarabande” de la Primera Suite de Bach, tocada con extrema gravedad –en el sentido musical del término-, que dedicó al llorado David Ethève.

Tampoco había escuchado nunca las Danzas meigas que Rogelio Groba firmó en 1997 con el subtítulo “Ballet sinfónico para orquesta in modo antico”. Reconozco que Groba sabe orquestar, y que Slobodeniouk y la Sinfónica de Galicia le sacaron el máximo rendimiento a esa virtud. Por lo demás, sólo puedo decir que afortunadamente se tocaron nada más que cinco de los dieciséis números que integran la obra completa.

¿Qué contar del archifamoso Bolero de Maurice Ravel? Que Slobodeniouk acertó con el tiempo y supo mantenerlo, que también supo graduar el crescendo reservando una sorprendente dosis extra de decibelios para el último minuto (a costa de que la escala descendente con la que termina la obra saliese borrosa), y que todos y cada uno de los primeros atriles de la orquesta dieron su parte de manera infalible. También Alejandro Sanz: sé que no he sido original en el título de la reseña, y sé que Sanz lleva muchos años triunfando en Coruña –y no sólo como percusionista de la orquesta-; pero un griterío como el que le dispensó el público esta noche se reserva únicamente para las súper estrellas.

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