Holanda

El orden de los factores sí altera el producto

Jorge Binaghi

jueves, 10 de octubre de 2019
Ámsterdam, sábado, 28 de septiembre de 2019. Het Muziektheater. Pagliacci (Milán, Teatro Dal Verme, 21 de mayo de 1892). Libreto y música de R. Leoncavallo. Intérpretes: Brandon Jovanich (Canio), Ailyn Pérez (Nedda), Roman Burdenko (Prólogo/Taddeo), Mattia Olivieri (Silvio), y Marco Ciaponi (Beppe). Cavalleria rusticana (Roma, Teatro Costanzi, 17 de mayo de 1890). Libreto de G. Menasci y G. Targioni-Tozzetti y música de P. Mascagni. Intérpretes: Anita Rachvelishvili (Santuzza), Brian Jagde (Turiddu), Roman Burdenko (Alfio), Rihab Chaieb (Lola), y Elena Zilio (Lucia). Dirección escénica: Robert Carsen. Escenografía: Radu Boruzescu. Vestuario: Annemarie Woods. Luces: Robert Carsen y Peter Van Praet. Dramaturgia: Ian Burton. Coreografía: Marco Berriel. Orquesta Filarmónica de los Países Bajos, coro (preparado por Ching-Lien Wu) del Teatro y nuevo coro de niños de Amsterdam (Anaïs De La Morandais, directora). Director: Lorenzo Viotti
Carsen: Pagliacci © 2019 by Baus

Esta vez hemos vuelto al redil del típico ‘double bill’ operístico, pero con el orden habitual trastocado (los dos años de diferencia pueden ser un criterio cómodo, pero no demasiado relevante). Inauguración de temporada, debut como director de ópera del ya director de la excelente orquesta sinfónica (o filarmónica) que habitualmente ejerce como orquesta ‘de casa’ en un Teatro que sí tiene coro propio (y muy bueno y muy animado para actuar), y un nuevo espectáculo de Carsen, quien siempre tiene algo que decir de nuevo, de interesante, o de ‘exótico’. Ha tenido grandes aciertos y otros no tanto, y en general, como aquí, gran éxito (aforo completo, personas esperando una entrada en la función que vi, que era la última y se transmitía por radio…).

Aquí para no ser menos tuvo una excelente idea para la obra de Leoncavallo, que le permitió jugar con un teatro dentro del teatro donde las relaciones son tan complicadas que, como dice el célebre Prólogo de Leoncavallo (o mejor canta) ‘el teatro y la vida no son lo mismo’…, pero se parecen bastante. En la comedia el amante (Arlequín) aparece con el mismo traje que el de la realidad (Silvio); entre el público que espera fuera de la sala del teatro y luego entra en tropel a ocupar las primeras filas de platea hay al menos uno de los personajes (Silvio); el vaivén entre realidad y teatro es constante y aunque al final parezca predominar la primera con su secuela de muertes, luego del entreacto (largo e innecesario y sin que los artistas puedan saludar pese a los insistentes aplausos porque las salidas se hacen sólo al final de la velada) nos encontramos al alzarse el telón que los tales muertos se levantan y se retiran de la escena departiendo alegremente.

Agreguemos que algunas palabras del libreto no se han traducido, supongo que por corrección política (se refieren al aspecto y personalidad de Tonio, el jorobado; parece mentira que nadie sea capaz de recordar cómo se pensaba y actuaba en esa época y ahora se lo quiera ‘corregir’ sin que se gane nada y se pierda mucho. Lo siento, pero de Ulrica en del Ballo in maschera verdiano -una ópera gloriosa- se dice en el libreto que es ‘dell’immondo sangue de’neri’. No es que uno tenga que estar en desacuerdo con semejante barbaridad, que lo está, sino que es lo que dice y dijo durante mucho tiempo, como ‘morte ai Tedeschi’ no es ‘morte ai nemici’ en La forza del destino. ¿Habrá que descartar todos los films sobre la guerra civil estadounidense?)  

Pasar de esto a aplicar a rajatabla lo mismo en Mascagni puede ser muy astuto o interesante, pero fallido. El coro se maquilla y viste durante el preludio para lo que parece ser un ensayo de una ópera (la ‘Siciliana’ casi molesta; el coro de hombres y mujeres dice insensateces que sólo se entienden como parte del ensayo). Santuzza está a medio camino de hacer su papel y vivir su vida, mientras Lucia de madre tiene poco y de regidora del ensayo mucho (la he visto de muchas maneras, pero nunca distribuyendo partituras con cierto autoritarismo). No se entiende por qué se le corta una frase dirigida a Santuzza con lo que después de un himno de Pascua que de eso no tiene nada (con directora del coro, excelente, dirigiéndolo durante la representación, mientras que la solista parece estar allí por casualidad -algo menos que Alfio) pasamos directamente al aria de la protagonista y las reacciones (sean teatrales o no) no se entienden. Junto a detalles que indican la capacidad de observación de Carsen (los bolsos de Santuzza y Lola uno al lado del otro en las sillas del ensayo) hay otros absurdos (ya sabemos que la imagen es superior hoy a la palabra, pero un poster con las caras de Lola y Turiddu encantados de estar juntos no es -no debería ser- lo que convence a Alfio de que lo que se le cuenta sobre sus cuernos es cierto). Resulta que la obra se llama ‘Cavalleria rusticana’: ¿qué es lo que hay de ‘rusticano’ aquí, qué de ‘cavalleria’? Mientras que los ‘pagliacci’ son eso, vestidos como estén vestidos.

La parte musical fue muy interesante, pero no homogénea. He apreciado mucho al joven Viotti dirigiendo concierto sinfónico y su presencia sustituyendo al enfermo Mark Elder me había interesado sobremanera. Si tengo que decir lo que me ocurrió, es que sufrí una decepción, no enorme, pero sí considerable. Tal vez se deba a la falta de mayor frecuentación del género, pero la cuestión de los tiempos es importante. A mí en particular me agradan los fraseos lentos (no al punto de dejar sin pulmones a los cantantes), pero no que de golpe, en medio de un preludio o intermedio, se pise el acelerador como para recuperar tiempo perdido. Tampoco el equilibrio con el escenario fue el ideal: parecería por momentos que el maestro se deleitara con el sonido que sale del foso y se olvidara de lo que pasa por allá arriba. Espero que sólo se trate de eso y la próxima vez (está próximo su Roméo et Juliette en la Scala) pueda corregirme. De momento diré que la falta de homogeneidad parecí notarla sólo yo entre las pocas personas conocidas que encontré.  

El nombre famoso de la velada era, por supuesto, el de Rachvelishvili (espero haberlo escrito bien alguna vez). Una voz importantísima, bella, pareja, extensa, pero una artista entre indecisa en lo escénico y apegada en lo vocal a cierto impacto efectista de las notas de pecho que en una producción nueva como ésta chocan, y que personalmente no considero necesarias (sé que no soy mayoría, pero aquí sí que sé que no estoy solo: Santuzza es una joven apasionada, no una leona herida o una histérica tontuna).

A su lado Jagde dejó una expresión mucho más positiva que en Barcelona hace unos meses con un timbre penetrante, ligeramente oscuro, grato, parejo y una emisión sin esfuerzo. Su Turiddu tuvo apostura y soltura, que no fueron acompañadas por un fraseo de relieve. Zilio cantó con su habitual solidez el rol de Lucia, y fue muy interesante, en lo vocal y escénico, la Lola de Chaieb. Burdenko en un personaje fácil y poco interesante como es Alfio se oyó menos y menos bien que en su Tonio y prólogo de Pagliacci, donde la voz corría más y mejor, el sonido era más directo y no se quedaba atrás, y el fraseo, dentro de todo, era algo menos rudimentario. Jovanovich (en principio debía de ser otro tenor) hizo toda una creación de Canio, para lo que hay que aceptarle una emisión ‘sui generis’ y un canto desordenado que le permite llegar al final con fuerzas, pero lejos de ser un modelo de línea y técnica; el personaje, como tal, funciona. Pérez fue una Nedda excelente, lo mejor de lejos que le he visto hasta hoy, aunque no haya mucho squillo y algunos momentos la excedan (‘qual fiamma avea nel guardo’), pero cantó bien y actuó mejor. Muy simpático el Peppe del joven Ciaponi. 

Queda para el final la soberbia actuación (musical y escénica) de Olivieri en un nuevo papel, Silvio, que le va como anillo al dedo y le permite desplegar la innegable belleza de su voz, su depurada línea de canto, su técnica sin aparentes fisuras, su porte y su entrega en la interpretación. De tener algún poder en algún teatro (lejos de mí ese cáliz) me aseguraría su presencia antes de que la carrera termine de cobrar impulso y vaya a ser difícil, por diversos motivos, poder contar con su participación.

Mucho aplauso para todos al final, muy sostenido.

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