Alemania

Una terrorífica Salomé que liquida a tres hombres en 100 minutos

Juan Carlos Tellechea

viernes, 11 de octubre de 2019
Mönchengladbach, domingo, 22 de septiembre de 2019. Theater Mönchengladbach. Salomé, Salomé es una ópera en un acto con música de Richard Strauss y libreto en alemán del propio compositor, basada en la traducción alemana de Hedwig Lachmann de la obra en francés Salomé de Oscar Wilde, estrenada el 9 de diciembre de 1905 en la Königliches Opernhaus de Dresde. Régie Anthony Pilavachi. Escnografía y vestuario Markus Meyer, Dramaturgia Ulrike Aistleitner. Markus Petsch (Herodes Antipas, tetrarca), Eva Maria Günschmann (Herodias, su mujer), Dorothea Herbert (Salomé, hija de Herodias), Johannes Schwärsky (Jochanaán, profeta), David Esteban (Narraboth, joven militar sirio), Susanne Seefing (paje de Herodias), Hyunhan Hwang, James Park, Markus Heinrich, Manfred Feldmann, Robin Liebwerth (cinco judíos), Matthias Wippich (en lugar de Hayk Deinyan, por indisposición de éste), Kairschan Scholdybajew (nazarenos), Matthias Wippich, Alexander Kalina (soldados), Guillem Batllori (un capadocio). Figurantes de la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach. Orquesta Niederrheinischer Sinfoniker. Director Mihkel Kütson. 100% del aforo.
Dorothea Herbert © 2019 by Matthias Stutte

El director chipriota (nacionalizado irlandés) Anthony Pilavachi y todo su elenco se ganaron merecidamente las estruendosas ovaciones que desató el brillante estreno de Salomé, de Richard Strauss, en una muy ambiciosa versión que abrió la temporada 2019/2020 en el Theater Mönchengladbach (Baja Renania).

La soprano alemana Dorothea Herbert, nacida y formada en Múnich (Conservatorio Richard Strauss), así como en Londres, tuvo un grandioso debut en el papel protagonista con una muy expresiva, cristalina y flexible voz.

Muy lejos del desierto de Judea, Pilavachi ambienta esta Salomé en un salón de baile del París de comienzos de siglo, décadas después de que Oscar Wilde escribiera su drama homónimo (1891), de que Loïe Fuller encarnara una pantomima del personaje bíblico en la Comédie Parisienne (1895) y de que Strauss estrenara su ópera en la Königliches Opernhaus de Dresde (1905).

La preciosa escenografía de Markus Meyer nos inserta en una época de tensiones y contradicciones más allá del fin de siécle y ya entrado el art déco. Es allí donde tiene lugar la fiesta de cumpleaños de Herodes.

La macabra danza de los siete velos es ya un Ausdruckstanz, del que Dresde/Hellerau (con Mary Wigman) fuera su meca por aquel entonces (década de 1920).

Salomé viste un amplio atuendo blanco que le permite extender rítmicamente sus brazos, deplegados como alas (angelicales o demoníacas).

La música parpadea nerviosa y altamente efusiva desde el foso con la Orquesta Niederrheinischer Sinfoniker, bajo la precisa batuta de su director principal, el estonio Mihkel Kütson. Todo encaja a la perfección en esta puesta de una ópera de cámara.

Antes de que se abriera el telón, el alcalde de Mönchengladbach, el democristiano (CDU) Hans Wilhelm Reiners, felicitaba a la Comunidad de Teatros de Krefeld/Mönchengladbach que recibirá en esta nueva temporada un aumento de 2 millones de euros en la asignación de su presupuesto por la magnífica labor que desarrolla en las artes escénicas, y desvelaba que la régie se había traído algo muy especial en su equipaje.

Esta es una Salomé terrorífica que liquida a tres hombres en 100 minutos, indicaba. En efecto, la pieza concluye con un plato fuerte. Antes de que los soldados pudieran matar a Salomé por orden de su padrastro, ésta elimina al tretarca con un certero disparo de revólver, contrariando la version histórica.

Después el escenario se oscurece. Es un enigma lo que ocurre con la desvariada joven de 16 años que a toda costa quería besar a Jochanaán. Al final lleva a cabo su propósito profanando la cabeza del profeta que le sirven en una vasija de plata y dejando que su sangre bañe su voluptuoso cuerpo. Con este golpe Pilavachi hace que la figura sensual y abominable de Salomé cobre aún mayor efecto amenazador ante la platea. La referencia la halló el director en el propio libreto de Strauss, cuando la protagonista canta vibrantemente si alguien viniera a matarme, gritaría, me defendería.

Dorothea Herbert y su erótico vestido de lentejuelas es la gran figura de la velada, con un registro muy versátil, terso y potente a la vez. En los tonos agudos disfruta de un amplio y cómodo espacio hacia arriba. En los pasajes más sosegados tiene que luchar un poco con la orquesta. Kütson no se deja arrebatar por nada del mundo esa fuerza volcánica que destila la exótica música de Strauss.

Todo el reparto es íntegramente excelente. El estupendo Jochanaán del barítono berlinés Johannes Schwärsky llegaba con su impresionante voz hasta las últimas filas de la platea y de las galerías repletas de público, aún cuando se encontraba encerrado en un calabozo bajo tierra ¡Vaya fuerza, toda una hazaña! Lástima que la figura y el aspecto no lo ayuden en la caracterización del joven asceta que era Juan el Bautista. En fin, el tenor austríaco Markus Petsch encarnó a un Herodes de maravilloso perfil sonoro y para nada quejumbroso. También la intrigante Herodias de la mezzosoprano Eva Maria Günschmann fue todo un acierto histrionica e interpretativamente.

El alud incontenible de bravos, exclamaciones de aprobación de toda índole y prolongados aplausos al término de la función, con cuatro cierres y aperturas de telón, marcó una de las veladas más inolvidables del prodigioso Teatro de Mönchengladbach.

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