España - Cataluña

Veinte años después

Jorge Binaghi

lunes, 14 de octubre de 2019
Barcelona, lunes, 7 de octubre de 2019. Gran Teatre del Liceu. Turandot (Milán, Teatro alla Scala, 25 de abril de 1926 ). Libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni sobre la fábula de Carlo Gozzi y música de G.Puccini. Dirección escénica y videocreación: Franc Aleu. Codirección: Susana Gómez. Escenografía: Carles Berga y Franc Aleu. Vestuario: Chu Uroz. Tecnologías Multimedia: José Vaaliña. Luces: Marco Filibeck. Intérpretes: Irene Theorin (Turandot), Jorge de León (Calaf), Ermonela Jaho (Liù), Alexander Vinogradov (Timur), Chris Merritt (Altoum), Toni Marsol (Ping), Mikeldi Atxalandabaso (Pong), Francisco Vas (Pang), y Michael Borth (Mandarín). Coro (Conxita García, directora), coro Vivaldi- Petits Cantors de Catalunya (Òscar Boada, director) y Orquesta Sinfónica del Teatro. Director: Josep Pons
Aleu: Turandot © 2019 by A. Bofill

La temporada se inició con la misma ópera con que se puso en marcha el ‘nuevo’ Liceu tras los cinco años de ‘exilio’ después del incendio de 1994. Al principio se exhibió un pequeño corto al respecto que provocó los aplausos del público (mucho invitado del mundo político y la cultura).

Fue una nueva puesta en escena muy tecnológica ella, con mucha proyección, luz, espadas láser tipo Guerra de las Galaxias vinieran o no a cuento, trajes de robot y robots, una grúa que maniobraba para abrir y cerrar partes del escenario con el coro en general con muy poco movimiento, un mandarín vestido en el peor estilo revisteril, una Liù que parecía salir de una película de 1940 de Cecil B. de Mille, un Timur que de ciego no tenía nada… y poco más. Ah, sí, como ahora queda bien hablar del machismo en Puccini, y Calaf junto con Pinkerton se las pintan solos, lo que hay de nuevo en la concepción escénica (porque escenografía, vestuario y luces son otra cosa) es que Timur rechaza la ayuda de Calaf tras la muerte de Liù y en el dúo final él se queda con la corona de Turandot a la que le canta todo el final de la ópera para comprobar con desagrado que ella ha descubierto el amor gracias a Liù a la que acaricia y besa. Me parece demasiado personal (tres cuartos de la primera columna de reparto en primer término) y dinero para este resultado, pero seguramente me equivoco. Y si las soluciones pasan por manipular banderas eso lo hacía ya hace mucho tiempo y mejor la Wallmann.

La versión musical tuvo su mejor logro en el desempeño de la orquesta a la que Pons ha conseguido dar una coherencia, ensamble y buen sonido en una obra difícil y un buen equilibrio con el escenario. El coro, en cambio, aunque estuvo bien, se mostró en un par de oportunidades necesitado de más miembros porque el volumen resulta un tanto exiguo. Muy estimable el coro de niños. 

Tardaré un poco en ver el segundo reparto que, salvo en el caso de la titular, juzgo más apropiado. La mejor fue Theorin aunque con un timbre algo velado en centro y grave y con menos volumen que el habitual salvo en los agudos (casi todos controlados, por suerte, ya que las noticias recibidas de sus últimas actuaciones en Berlín preocupaban). Sinceramente creo que de interpretación no se puede hablar en ningún caso de los actores. Incluso comparando con ella misma en la discutible producción de Wilson de hace un año en Madrid había algo más. 

Las máscaras se limitaron a dar saltitos y a ponerse y quitarse vestidos y fueron lo más pobre de la escena (Marsol tiene una voz de cierta importancia, pero opaca e irregular en la emisión; Vas y Atxalandabaso estuvieron bien vocalmente, pero los he visto mejor empleados en lo actoral en otras oportunidades). Flojísimo Borth en el Mandarín. Esta vez la voz del príncipe de Persia (supongo que también la figura) fue de José Luis Casanova, algo descontrolado. 

Vinogradov no pareció estar en su mejor noche aunque en el tercer acto estuvo mucho mejor que en el primero. De León tiene presencia y voz, pero cantar todo el tiempo fuerte o demasiado fuerte (que así empezó) pasa factura y en el último acto la emisión no era fluida y algunos momentos de ‘Nessun dorma’ (muy aplaudida) no eran del todo firmes. Para un cantante que fía todo a sus medios, nada desdeñables por lo potentes y homogéneos, resultó asombroso que no diera el famoso agudo optativo del final del segundo acto por lo que muchos a veces juzgan toda una actuación. Una palabra al menos para el emperador de Merritt, todavía capaz de llamar la atención.

Jaho tiene fama de intérprete pucciniana intensa y también, como en otros sitios, sus fervorosos seguidores. Lo mejor son sus medias voces aunque esta vez en ‘Signore ascolta’ fueron mantenidas lo justo o quizás algo menos. Mejor también en el tercer acto. El problema es que el grave es feo además de artificial y la voz tiene un persistente y molesto tremolo (parece que lo oímos muy pocos y nos importa a menos) además de un caudal más bien modesto.

Se eligió el final más habitual, el de Alfano recortado por Toscanini.

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