Italia

Allí donde no pasa nada, Verdi construye teatro verdadero.

Anibal E. Cetrángolo

viernes, 25 de octubre de 2019
Parma, domingo, 6 de octubre de 2019. Teatro Regio di Parma. I due Foscari. Tragedia lirica en tres actos de Francesco Maria Piave, a partir de un texto de Lord George Gordon Byron. Música di Giuseppe Verdi. Primera representación: Teatro Argentina, Roma, 3 de noviembre de 1844. Edición crítica de Andreas Giger (The University of Chicago Press, Chicago y Casa Ricordi, Milán). Regia, Leo Muscato. Escenografia, Andrea Belli. Vestuario, Silvia Aymonino. Luces, Alessandro Verazzi. Intérpretes: Vladimir Stoyanov (Francesco Foscari). Stefan Pop (Jacopo Foscari). Maria Katzarava (Lucrezia Contarini). Giacomo Prestia (Jacopo Loredano). Francesco Marsiglia (Barbarigo). Erica Wenmeng Gu (Pisana). Vasyl Solodkyy (Fante). Gianni de Angelis (Servo). Orquesta Filarmonica Arturo Toscanini y Orchestra Giovanile della Via Emilia. Coro del Teatro Regio di Parma. Maestro del coro, Martino Faggiani Director, Paolo Arrivabeni. Nueva produccion del Teatro Regio di Parma en coproducción con el Teatro Comunale de Boloña. Sala al completo con un público entusiasta.
I due Foscari, cartel © 2019 by Pierpaolo Gaballo

Verdi, teniendo que escribir una ópera para Roma, pensó inicialmente en ocuparse de la tragedia de Lorenzino de Medici, lo que tratándose de relatar un tiranicidio no fue aceptado por los colegas de Scarpia.

Fue entonces que se decidió poner musica a una de los dos textos que Byron había situado en Venecia, I due Foscari siendo que el otro - Marin Faliero, ya había sido tratado por Donizetti. Resultó así que Piave y Verdi se pusieron a trabajar en torno al texto que el poeta inglés había escrito en el verano de 1821, mientras estaba en Ravena.

Si el Lorenzino molestaba a los romanos habrá que decir que la intriga veneciana tampoco causó mucha gracia al conde Mocenigo de la Fenice, pero no se puede conformar a todo el mundo. Es que la Venecia de Byron, en efecto, no es la del carnaval festivo sino, como escribe bellamente Julian Budden, la ciudad cuyos secretos son profundos como el mar que la ciudad adriática desposa simbólicamente todos los años.

Llevar a la escena teatral I due Foscari no es fácil. En el texto original de Byron - subraya William Berger - hay más poesía que drama y en realidad allí no pasa nada; no hay conflictos decisivos. Al principio se ven personajes tristes que luego se vuelven más tristes y que despues mueren; cortina lenta y final.

A partir de estas arduas premisas, Verdi consigue construir un drama a través de contrastes y, sobre todo, penetrando en los estados de ánimos de cada personaje y de la pintura de las situaciones; lo hace sobre todo desde el foso orquestal. Emblemáticos resultan algunos empleos de las maderas como la eficaz pintura que combinan clarinete y fagot unidos en siniestra pareja. Siempre en ámbito de esta clase de instrumentos, resulta que Julian Budden admira algunos momentos de la partitura en los que, según el gran estudioso de Verdi, la flauta anticipa a Ravel. Por mi parte me entusiasma el uso de las cuerdas graves.

Me resulta imposible no relacionar la figura del viejo Dogo, encerrado en su solitario conflicto entre poder y tragedia personal, con la del Felipe II de Don Carlo, ambos casos marcados por la presencia superlativa del violoncelo. En esta ópera esto sucede cuando el viejo Foscari comienza con “Egli ora parte! ... Ed innocente parte!...”. Aun encuentro otro momento sublime a cargo del violoncelo y es cuando el instrumento dialoga con las violas en el Largo que introduce el segundo acto. Allí se prepara la entrada melancólica del tenor y durante veinte compases no se escucha otra cosa que no sean aquellos cellos y violas. A través de esto Verdi consigue mostrarnos cómo ese especifico ser humano, Jacopo, siente el encierro alucinado de las prisiones venecianas. Piave, siguiendo a Byron, cuenta que en el sitio filtra apenas la luz por una rendija del muro; es cuando el prisionero, en la opera dice “Notte!... perpetua notte che qui regni!”. Se trata de un recitativo breve; son apenas otra docena de compases y la voz es apenas acompañada; siempre por la misma pareja de instrumentos. Nada más. Desde aquella poesía donde “no pasa nada” Verdi construye teatro verdadero.

La regia de Parma fue muy adecuada; con economía de medios fueron conseguidos efectos eficaces. Tal austeridad – la cifra opuesta a cuanto vimos al comienzo del Nabucco de este Festival, es lo que el responsable de la regie desposó de una manera que pienso es ideal para el Verdi de Foscari. Fue esa esencialidad lo que obligó a concentrar al espectador en la tragedia íntima de los personajes en cambio de perseguir un devenir de la acción que aqui no es trascendente. El responsable de la escenografía, Andrea Belli propuso un elemento unificador, semicircular que abrazaba o más bien, encarcelaba la acción de toda la ópera. Ese elemento podía acoger tanto la representación proyectada del temible Consiglio dei Dieci como también las escenas más íntimas. Ese arco, en un momento se abrió en su centro a la escalera que conducía al exilio de Jacopo en excelente e inesperado efecto.

El vestuario de Silvia Aimonimo, de manera muy libre, alternó ropas de época con otras del Siglo XIX. Todo se jugó en tonos severos: el rojo, el blanco y el negro y esto incluso en la escena de carnaval subrayando la idea de una Venecia mistérica. Solo el traje de la soprano rompió esta obsesión visual con un hábito verde, muy frio. Las luces de Alessandro Verazzi fueron muy adecuadas.

Con relación a los aspectos musicales el resultado fue muy bueno. La soprano Maria Katzavara, presencia imponente, afrontó el rol de Lucrezia con enfática autoridad. A eso contribuyó el gran volumen de su voz y un abanico expresivo que comprende los colores dramáticos que requiere el personaje. En lo vocal no todo fue excelso. Su agudo a veces apareció no cubierto y en las agilidades su exhibición fue problemática.

Hemos escuchado a Stefan Pop en repetidas ocasiones. Su Jacopo Foscari confirma nuestra impresión sobre el tenor rumano. Se trata de un artista poseedor de una voz de generoso caudal sonoro y que si bien frecuenta el repertorio del bel canto, a menudo da cabida a un tipo de expresividad más bien fogosa. Por cierto, sus agudos son seguros, pero su emisión, no exenta de vibrato – como en el aria inicial - no es cuidada. Eso determina una interpretación aproximada. Siendo que se trata de afrontar la que según algunos, como Berger, es la responsabilidad más lírica y menos estridente que Verdi haya reservado a sus tenores, habríamos deseado escuchar fraseos más delicados y agudos menos abiertos (la caballeta “Odio solo, ed odio atroce”). Aclaro que mis impresiones, evidentemente no fueron compartidas por todo el público: el tenor recibió manifestaciones positivas por parte de algunos espectadores.

Sobre un aspecto no hubo duda alguna: la estrella de la noche fue el barítono Vladimir Stoyanov, artista que es tanto gran cantante como inteligente actor; de voz aterciopelada y esmalte muy adecuado al repertorio verdiano. Su emisión fue en general óptima, aunque alguna de sus notas centrales resultó demasiado abierta. Toda su prestación fue excelsa, pero su celebrada aria del final “Dunque è questa…” fue memorable y mereció la única ovación franca que pronunció el exigente público de Parma. Los espectadores del Regio con esta respuesta, subrayaron diferencias de resultado vocal en el cast que comparto absolutamente. Lástima, no fue concedido el bis.

Fue muy correcto el Loredano de Giacomo Prestia. Su voz sonora estuvo al servicio de una interpretación digna del rol del patricio implacable. Fueron especialmente buenos las labores de los personajes secundarios como el Barbarigo de Francesco Marsiglia, la Pisana de Erica Wenmeng Gu, el enfático Fante de Vasyl Solodkyy y el servo de Gianni De Angelis.

La orquesta funcionó muy bien en manos de Paolo Arrivabeni que condujo este Foscari a puerto seguro con vibrante energía rítmica si bien con cierta avaricia de matices.

 El coro fue excelente, como siempre, preparado por Martino Faggiani

Esta fue la última ópera que vi en este festival de Parma, una cita que ha resultado artísticamente óptima y que ha involucrado en una serie de actividades paralelas a las óperas representadas, a toda la ciudad.

Festival Verdi 2019

Apenas concluido este evento se puede afirmar que los resultados de público fueron más que positivos. El evento convocó a más de veintiséis mil personas muchas de ellas provenientes de lugares lejanos lo que significó para la caja del Festival un ingreso de 1,4 millones de euro en venta de entradas. Ya fue anunciado el programa del festival del año que viene y que tendrá lugar entre el 24 de septiembre y el 18 de octubre. Se presentaran I Lombardi alla prima Crociata, Rigoletto, Macbeth en la versión francesa y Ernani, en forma de concierto. Todo esto mientras Parma será la capital italiana de la cultura.

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