Reportajes

El desarrollo del Life Victoria 2019

Jorge Binaghi
jueves, 31 de octubre de 2019
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El año pasado cometí una infracción al código ético que dice que si uno forma parte de una organización se abstiene de comentar actos de la misma. Pero era un extraordinario concierto de Keenlyside y Silvia Pujalte no podía cubrirlo porque había hecho una introducción al mismo.

Este año me permitiré no exactamente una crítica, sino un detalle de algunos de los conciertos a los que he asistido (imposible hacerlo con todos porque la presencia a lo largo de dos meses de este Festival, fundamentalmente de canto de cámara, es bastante nutrida), al promediar el festival. Como sigo siendo miembro de la Fundación Victoria de los Ángeles, aunque no participo casi nunca en la toma de decisiones respecto a las contrataciones (ya se encargan de ello, y creo que muy bien, la presidenta Helena Mora y el secretario y asesor artístico Marc Busquets -este último de una competencia y curiosidad notables en una persona tan joven-), me limitaré en esta nota que no es crítica, a hacer mención a algunos hechos que considero importantes para el lied en Catalunya y en España (la música, por suerte y todavía, está por encima de los conflictos territoriales, e incluso de los jurídico-políticos). 

Repito, ha habido muchísimas manifestaciones y he asistido a alguna que no comentaré aquí, así como, lamentablemente, ha habido que suspender el concierto de Sarah Connolly por la enfermedad contra la que la mezzo está luchando valientemente, el cual en principio se ha pospuesto para dentro de un año. Le iba a acompañar Julius Drake, un formidable acompañante, que ha tenido a su cargo las masterclasses que suelen darse como parte del Festival con un concierto final. Pero Drake también acompañó al prometedor bajo-barítono Martin Hässler en un programa Brahms, Schumann y Clara Wieck (el objetivo de este año es dar lugar a la mujer compositora, y no sólo intérprete) y volverá una vez más aún. Como siempre ese concierto inaugural, dedicado a la memoria de Alicia de Larrocha en un aniversario más de su fallecimiento, siempre leal amiga y compañera de Victoria de los Ángeles, contó con una primera parte de jóvenes intérpretes confiada a Anna Gomà (mezzo) con la invalorable colaboración del joven y destacado acompañante Èric Varas. 

El reciente último concierto fue el de la musicalísima Carine Tinney acompañada por Daniel Tarrida que, como el año pasado, encantó con sus Bach y Schumann, pero fue quien más se empleó por las compositoras, no sólo por las más o menos conocidas como Clara Wieck y Fanny Hensel (la hermana de Mendelssohn), sino por las mucho menos frecuentadas e interesantísimas Sophia Westenholz y Louise Reichardt (ambas de mediados del siglo XIX), la francesa Irène Poldowski (fallecida en 1932) y la estadounidense Amy Beach (fallecida en 1944) donde la escocesa se reveló una más que convincente adalid de estas composiciones con textos de grandes poetas como Verlaine o Browning.

Pero la que quizá haya sido la velada más arrebatadora de todas hasta el momento de escribir estas líneas fue la que vio el debut (¡) en España y Cataluña del extraordinario barítono francés Stéphane Degout acompañado por un joven y algo enfático Cédric Tiberghien al piano. Los bravos fueron inusuales en este tipo de manifestaciones y se alternaron Fauré, Lili Boulanger, Schubert, Debussy, y Wolf con dos bises magistrales como Le sécret de Fauré y la clásica y siempre mágica Du bist die Ruh' de Schubert.

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