Italia

Una liturgia sobre el amor

Anibal E. Cetrángolo

lunes, 4 de noviembre de 2019
Parma, sábado, 5 de octubre de 2019. Iglesia de San Francesco del Prato. Luisa Miller. Melodrama trágico en tres actos de Salvatore Cammarano a partir del drama Kabale und Liebe de Friedrich Schiller. Musica de Giuseppe Verdi. Edición critica de Jeffrey Kallberg para la University of Chicago Press y la Casa Ricordi. Dirección escénica: Lev Dodin. Intérpretes: Francesca Dotto (Luisa Miller), Martina Belli (Federica), Amadi Lagha (Rodolfo), Franco Vassallo (Miller), Riccardo Zanellato (Walther), Gabriele Sagona (Wurm). Coro y orquesta del Teatro Comunale de Bolonia. Dirección musical: Roberto Abbado. Festival Verdi de Parma. Aforo completo
Dodin, Luisa Miller © 2019 by Teatro Regio di Parma

Apenas algunos decenios después de la canonización de San Francisco, en 1228 fue construida la gran iglesia de San Francesco al Prato en Parma que resultó la primera sede de los franciscanos en la ciudad. En el siglo XV se abrió un estupendo rosetón en la fachada. Durante el dominio napoleónico la iglesia perdió su función original en 1800 y en 1810 se transformó en cárcel, destino que conservó hasta 1993. Durante este oscuro empleo hospedó a prisioneros célebres como el regicida del rey Humberto, monarca a quien está dedicada una calle de Buenos Aires que los porteños llaman aún, en italiano, “Umberto primo”. Desde hace unos años el lugar está en obras de restauración que conducirán a su reapertura como iglesia en 2020. Este particular espacio atravesado por andamios resultó una sede alternativa al teatro Regio en este Festival y fue donde se presentó Luisa Miller. Por supuesto que un lugar tan atípico condicionó las posibilidades escénicas y también la acústica. Se nos había anunciado que las localidades mejores en este último sentido eran las primeras y fuimos beneficiados en esta ocasión, estuve en la segunda fila. Para la puesta fueron agregados otros tirantes y pasajes. 

Luisa Miller es obra esencial del repertorio verdiano. El óptimo musicólogo Emilio Sala señala su importancia, tanto que la propone como central en un cambio de paso en la dramaturgia verdiana. Resultaría, según su examen, más importante en tal sentido que la famosa trilogía popular del compositor, y habla de una tetralogía compuesta por Stiffelio, Luisa Miller, La Traviata y Rigoletto, obras sucesivas al “trauma del 1848”, un momento post revolucionario que supone un regreso a lo privado, a una instancia donde las relaciones interpersonales avanzan sobre lo público. 

Lev Abramovich Dodin, un artista siberiano, director del teatro Mali de San Petersburgo, fue el responsable escénico de este espectáculo que hubo de afrontar el desafío espacial. Se trata de un central artista teatral de gran experiencia en el mundo de la opera: hace muchos años, en 1995, firmó una célebre Elektra junto a Claudio Abbado para el Festival de Salzburgo. En líneas generales su puesta parmense fue apropiada. Dodin desarrolló toda la acción en el profundo ábside de la iglesia proponiendo una “liturgia sobre el amor”. Los movimientos, por cierto, dadas las posibilidades, fueron austeros y la expresividad corporal se concentró en la gestualidad. Una omnipresente Luisa en lo alto de una mesa, al fondo de la escena parecía asumir el rol de una Madonna. Los colaboradores de Dodin fueron gente de su equipo habitual: Aleksandr Borovskij para la escenografía y el vestuario, y Damir Ismagilov para las luces. Ambos realizaron labores encomiables. Obviamente, dadas las condiciones, el trabajo de Ismagilov resultó fundamental. 

En cuanto a lo vocal, la responsabilidad de interpretar el rol protagónico de esta Luisa Miller había sido confiada a Angela Meade quien, en el último momento, renunció a participar. Resultó que, finalmente, la protagonista de estas ocasiones parmenses fue Francesca Dotto. Con relación a esta soprano, debo decir - como se usa aclarar entre abogados- que me comprenden las generales de la ley, porque Francesca Dotto estudió en el Conservatorio Agostino Steffani de Castelfranco Veneto del cual fui docente por casi veinte años. Su guía allí fue una estupenda colega, Elisabetta Tandura. Francesca Dotto es una joven artista de formación musical sólida que antes de dedicarse al canto realizó estudios completos de flauta en el Conservatorio de Bolonia. A propósito de las dificultades del papel de marras el responsable musical de esta versión subraya la necesidad para el cantante de mostrar la progresiva evolución de un personaje cambiante, que evoluciona a lo largo del relato factual: la cantante debe partir de rasgos liricos hasta llegar a un final con exigencias expresivas más cercanas a lo dramático, un poco como sucede en Traviata. Francesca Dotto nos mostró una Luisa refinada con un physique du rôle ideal, y una interpretación muy cuidada, delicada. La artista posee agudos fáciles, capaz de filatti sorprendentes y fue capaz de resolver su responsabilidad, muy comprometida. Su trabajo demuestra que están dadas todas las premisas para que esta joven artista madure hacia vetas trascendentales. 

El tenor Amadi Lagha es otro joven que posee vasta formación: ha estudiado musicología en su Túnez natal y en Francia. El artista possee un hermoso timbre, es muy fogoso en su expresividad, apto a la afectividad más abierta, no por casualidad sus puntos de fuerza parecen ser Calaf, Radames o Manrico. Lo encontré poco interesante en esa especifica cuerda más sutil que requiere el estilo verdiano. De todas maneras la magnífica “Quando le sere al placido” fue presentada meritoriamente. 

Muy correcta la Federica de Martina Belli, otra joven artista que espacia un repertorio que comprende tanto la musica barroca como el verismo. Belli canto muy bien uno de los momentos más bellos de la opera: su encuentro con Rodolfo que empieza "Duchessa tu m'appelli" 

El Miller de Franco Vassallo fue sin duda el centro del interés en el reparto vocal. Vassallo tiene una emisión aterciopelada, que corre. Excelente legato, volumen generoso. Tanto sus intervenciones como solista como los estupendos momentos de conjunto fueron servidos de manera estupenda cuando los integraba Vassallo. 

Correctos los trabajos de Riccardo Zanellato (Walther) y de Gabriele Sagona (Wurm). Acompañaron de forma excelente a los cantantes principales Veta Pilipenko, quien cantó Laura, y Federico Veltri, en el rol del campesino. 

La excelente orquesta boloñesa hizo gala de virtuosísimos sorprendente, especialmente los veloces gestos descendentes de la obertura donde luce el famoso solo de clarinete. Roberto Abbado fue un responsable musical vital y muy refinado. El coro del Teatro Comunale de Boloña, excelente. 

El público recibió entusiasta esta producción, con aplausos vivísimos dirigidos al barítono y al director de orquesta.

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