España - Euskadi

Una Lucia sin fisuras convence en Bilbao

Joseba Lopezortega

jueves, 7 de noviembre de 2019
Bilbao, viernes, 25 de octubre de 2019. Temporada de ABAO Bilbao Opera, Palacio Euskalduna. Gaetano Donizetti, Lucia di Lammermoor. Libreto de Salvatore Cammarano, basado en la novela La novia de Lammermoor, de Walter Scott. Lorenzo Mariani, director de escena. Maurizio Baló, escenografía. Silvia Aymonino, vestuario. Roberto Venturi, iluminación. Luca Attilii y Fabio Iacquonne, vídeoarte. Jessica Pratt, Lucia. Ismael Jordi, Edgardo. Juan Jesús Rodríguez, Lord Enrico. Marco Mimica, Raimondo Bidavent. Juan José de León, Lord Arturo. Maite Maruri, Alisa. Gerardo López, Normanno. Coro de Ópera de Bilbao, Boris Dujin, director. Sascha Reckert, armónica de cristal. Orquesta de Euskadi. Riccardo Frizza, dirección musical. Aforo: 2164. Ocupación: lleno.
Jessica Pratt como Lucia en ABAO © E. Moreno Esquibel

Era previsible el éxito de esta Lucia di Lammermoor desde el momento en que se anunció. La previsión se cumplió, luego veremos cómo. Pero durante los calurosos aplausos que el público dispensó al término de la función se hacía difícil no recordar que, mirando hacia atrás, un hilo invisible vinculaba esta excelente Lucia que abría temporada con la fascinante Pescadores que cerró la temporada precedente, y algo más lejos con la notabilísima Semiramide que la precedió. No hablamos de un hilo quebradizo, sino de un vínculo férreo que expresa una trayectoria de calidad sustentada en valores muy del lugar: trabajo, perseverancia, control de los recursos, firmeza en los pasos y exigencia y oferta de calidad. 

Lucia di Lammermoor ha resultado ser un título modélico porque, más allá del brillo de sus protagonistas, ha participado plenamente de esos valores globales y estructurales, generando un éxito colectivo que ha agrupado a todo el elenco artístico y al conjunto de la producción liderada por Lorenzo Mariani: a un muy buen nivel la escena, la iluminación, el vestuario, los coros, la orquesta, los cantantes, el maestro Frizza e incluso el público, que supo ser efusivo pero sin caer en la embriaguez. Bilbao es el norte, al fin y a la postre.

La escena de Mariani sirvió para evidenciar la enorme calidad del libreto, sobre el que reposa la sólida arquitectura de Lucia. Funcionó a la perfección gracias a su -aparente, engañosa- carencia de carácter y merece destacarse como una de las claves de la representación. Articulaba respetuosa y eficazmente la acción, y aportaba un discurso estético e ideológico a través de imágenes en vídeo muy elaboradas y depuradas, que se acompasaban con la evolución de la trama. En esa escena casi diáfana, muy neutra, el Coro de Ópera de Bilbao hizo un buen trabajo, cantando con consciencia dramática e indudable solvencia vocal. En el foso la Orquesta de Euskadi ofreció un trabajo adecuado, aunque no estoy seguro de haberla disfrutado como en alguna de sus mejores noches, pese a la excelente labor del maestro Riccardo Frizza, tan atento y preciso y, huelga decirlo, tan musical.

Los papeles protagonistas ofrecían mucho interés. Jessica Pratt hizo una Lucia de gran calidad, un verdadero alarde técnico entregado con generosidad y exigido al máximo, al cantar la famosa escena de la locura en su tonalidad original. Pratt demostró que es una gran cantante y también que es mejor cantando Lucia que interpretándola, pero se trata de una especialista indudable en este rol y mereció cada aplauso que recibió. Una gran profesional, que ha alcanzado en Bilbao su representación centésima como Lucia, ahí es nada. Su amado Edgardo era responsabilidad de Ismael Jordi, quien es también un consistente especialista en el título. Ismael Jordi estuvo apasionante, cantando con una calidez y una intención deslumbrantes. Su Tombe degli avi miei fue probablemente la cumbre de la representación. En todo momento ofreció un Edgardo equilibrado y lleno de poder. Magnífico. 

Pongo un punto y aparte pero no porque Juan Jesús Rodríguez no hiciera un Enrico al mismo nivel, sino por equilibrar la longitud de los párrafos. Un gran trabajo, exhibiendo una voz en sazón, utilizada con notable inteligencia; y un trabajo actoral impresionante, de los que levantan un papel más allá de cualquier duda, en este caso el de un ser mezquino, un estereotipo machista con una densidad quizá superior, en dramaturgia, al de la propia pareja protagonista. Excelente Marco Mimica como Raimondo Bidavent, una prestación redonda. Bien Juan José de León como Lord Arturo, bien el Normanno de Gerardo López, muy bien Maite Maruri como Alisa. 

Lucia di Lammermoor ostenta un tesoro en el final del segundo acto, el célebre sexteto Chi mi frena in tal momento. Este sexteto supuso otro momento extraordinario, gracias al concurso modélico de todos los intervinientes. Qué bien se escuchó: bien cantado, dirigido, tocado, un memorable pasaje coral que, considerado parte a parte y en su conjunto, podría poner nota por sí solo a cualquier producción de Lucia. En Bilbao fue sobresaliente. ABAO comenzaba temporada en lo alto, tensando con gallardía el hilo invisible que entrelaza sus hitos y engalana, una vez más, la escritura de su fructífera historia. 

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