Alemania

Beethoven sin ismos

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 27 de noviembre de 2019
Mühlheim an der Ruhr, miércoles, 20 de noviembre de 2019. Stadthalle Mühlheim an der Ruhr – Theatersaal. Martin Helmchen (piano), Frank Peter Zimmermann (violín). Ludwig van Beethoven, Sonata para piano y violín número 5 en fa mayor op 24 Frühlingssonate, Sonata para piano y violín número 6 en la mayor op 30/1, Sonata para piano y violín número 7 en do menor op 30/2. 100% del aforo. Concierto extra del Klavierfestival Ruhr 2019.
Frank Peter Zimmermann y Martin Helmchen © 2019 by Sven Lorenz

Sin temor a equivocarme, creo que la gran mayoría del público presente en este magnífico concierto extraordinario del Klavier-Festival Ruhr 2019 hubiera permanecido en la sala durante horas y más horas, hipnotizado, escuchando al dúo Martin Helmchen (piano) – Frank Peter Zimmermann (violín), y sin mostrar ninguna traza de fatiga.

El binomio destila un encanto tan irresistible que el tiempo vuela sin que lo notemos en sus recitales. Ambos logran además un toque tan equilibrado que hasta las notas más delicadas e imperceptibles invaden la sala de la Stadthalle de Mühlheim an der Ruhr (de buena acústica) con una claridad más que cristalina

A punto de ser conmemorado el 250º aniversario del nacimiento del genial compositor Ludwig van Beethoven en Alemania, Austria, Suiza y países vecinos, así como en casi todo el mundo, el binomio consagró el programa a las sonatas para piano y violín números 5 Frühlingssonate (el sobrenombre no le fue puesto por el compositor, sino que fue agregado mucho más tarde para subrayar el carácter de la pieza), 6 y 7.

Dicho sea esto al margen, las dos últimas sonatas mencionadas son las primeras del op 30 que Beethoven dedicara el compositor al zar Alejandro I de Rusia y por las que al final recibiría 100 ducados (unos 2.7000 euros de hoy) después de esperar durante largo tiempo por una recompensa más o menos generosa; naturalmente, sin intereses ni intereses sobre intereses, se entiende.

Lo que más destaca a Helmchen (Berlín, 1982) y a Zimmermann (Duisburgo, 1965) es que pese a pertenecer a diferentes generaciones de músicos, coinciden en su resistencia a la flexión frente a las modas del mercado; y saben cómo no sucumbir ante ellas. No hay ismos que valgan en su manera de tocar, sino convicciones propias y es esa autenticidad, esa franqueza lo que realmente fascinan de ellos a los espectadores.

Con Zimmermann, Beethoven suena pleno de elegancia. Como un excelso pintor ante su lienzo en blanco, el violinista traza apenas unas diestras, certeras líneas en el Allegro de la Frühlingssonate para configurar el contorno y profundizar luego discretamente las figuras de acompañamiento cuando el piano retoma el tema. El Adagio molto espressivo suena con gran sentimiento y el Rondo. Allegro ma non troppo, con el teclado en un plano central, fluído y risueño. Aquí no cuenta el yo de cada uno, sino el nosotros del colectivo, inspirado totalmente por el espíritu de la música de cámara consensuada.

Sin embargo, en las manos de este gran violinista el sonido del Stradivarius Lady Inchiquin (1711) suena muy particular, cálido, con un fraseo distinguido que vibra sutilmente en los spiccati. Tanta agilidad y ductilidad nos recuerda a los grandes violinistas de comienzos y mediados del siglo XX. No pocas veces Zimmermann dirige la pincelada con su arco cerca del diapasón, lejos del puente, que sustenta aún más nítidamente el sonido suave.

Helmchen, por su parte, traduce esta estética al piano de manera análoga, pulcra y reluciente, transparente en su articulación, diferenciada al máximo en la digitación, con una dinámica de gran elasticidad y, ante todo, respirando al unísono con Zimmermann.

En la Sonata número 6 destacan la delicadeza sin excesos del Allegro, la sutil tersura del Adagio molto espressivo y el arresto, la acometividad juvenil del Allegretto. Es inmensa la congruencia de la interacción entre ambos, verbigracia en los staccati del scherzo en la Sonata número 7 que exhala tanta vida. El Allegro con brio ya había comenzado como un volcán, el Adagio cantabile nos arrullaba a continuación con gran ternura, y el Finale. Allegro, con la máxima compenetración del violín y el piano, sonaba rotundo, con firmeza y prolífico en imágenes.

Ese perfeccionismo, esa rutina y acuerdo absoluto se advierte asimismo en los trinos. Estamos ante dos artistas que más que nada son grandes trabajadores que no demandan dogmas, sino que examinan el texto musical con lucidez y con venerable respeto por el compositor.

Atronadoras ovaciones cerraron esta preciosa velada, retribuídas por Helmchen y Zimmermann con dos bises, el Adagio con molt' espressione de la Sonata número 3, tocado como una canción de cuna, con tanto sentimiento en la expresión que dejaba arrobado al público; y el Rondo.Allegro de la Sonata número 1, encantador, mozartiano, juguetón, saltarín como las límpidas aguas de un arroyuelo que baja de las montañas.

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