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Heinz Felfe, espía sin fronteras y al servicio del enemigo

Juan Carlos Tellechea

jueves, 28 de noviembre de 2019
Spion ohne Grenzen © 2019 by Piper Verlag

El tema del espionaje y de la revelación oportunista de secretos ha alcanzado tal grado de actualidad con Donald Trump y las intrigas que circulan para su reelección presidencial que vuelve a constatarse, como tantas veces en la historia, aquello de que la sorprendente, alucinante y enigmática realidad en este campo supera casi siempre a la ficción; un dicho que no por muy trillado deja de ser tan válido como aleccionante.

La presente no es la reseña de una novela de suspenso, sino la de una biografía que trata de acercarnos a la personalidad del alemán Heinz Felfe, un agente secreto que, perfectamente consciente de la naturaleza de estas actividades, espió sucesivamente para los nazis, para el MI6 británico, para la CIA, para el BND federal alemán, para la STASI alemana oriental y que se comprometió también hasta el final con el KGB soviético.

Ahora, casi 60 años después de haber sido desenmascarado, el historiador jefe del servicio secreto exterior de la República Federal de Alemania, Bodo von Hechelhammer, publica una asombrosa y sumamente detallada semblanza de este personaje, titulada Spion ohne Grenzen (Espía sin fronteras) editada por Piper Verlag de Múnich.

Heinz Felfe (Dresde, 18 de marzo de 1918-Berlín, 8 de mayo de 2008) fue un Obersturmführer (equivalente a teniente primero) de las tenebrosas SS bajo el régimen genocida de Adolf Hitler (1933-1945). Desmoralizado y sin empleo tras la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) buscaba desesperadamente trabajo y se colocó primero al Servicio de Su Majestad Británica, después de la CIA y la Organización (del ex mayor general de la Wehrmacht y jefe del contraespionaje en el frente ruso Reinhard) Gehlen (apoyada por los estadounidenses y predecesora del BND) y por último del Bundesnachrichtendienst, hasta que se descubrió en 1961 que era agente soviético, por lo que fue detenido y enjuiciado.

Salvando las distancias y las proporciones, el impacto fue en aquellos años similar al que causara en la actualidad el ex técnico de la CIA, NSA y DIA (Defense Intelligence Agency) Edward Snowden con sus revelaciones sobre las actividades de los servicios secretos estaodunidenses, con los cuales sigue, por supuesto, la cooperación bilateral con Alemania, así como la de este país, por ejemplo, con los organismos de seguridad correspondientes de España y otros Estados de Iberoamérica.

Para mitigar en parte las repercusiones del escándalo público generado entonces por este traumático episodio, el BND promovió el filme Mister Dynamit (1967), (en España: Míster Dinamita, mañana os besará la muerte/Espía hoy, mañana muerto), del realizador austríaco Franz Josef Gottlieb, con Lex Barker (el entonces marido de Tita Cervera) en el papel protagonista, así como, entre otros, el uruguayo/mexicano Gustavo Rojo Pinto (1922-2017), en el reparto.

El BND sigue buscando (y reclutando) hasta el día de hoy (en lo posible) buenos agentes, una especie que, por lo visto, escasea cada vez más en un mundo domeñado por internet (y Wikileaks) e infiltrado por Whistleblowers que muchas veces ponen al desnudo o embarullan sus operaciones encubiertas, muchas de ellas inevitablemente de tintes surrealistasLos psicólogos iniciados en estos ámbitos utilizan el término MICE (plural de Mouse, ratón en inglés) para explicar con cuatro argumentos clave la no poco frecuente deslealtad (o la súbita toma de conciencia y arrepentimiento) de estos individuos: Money, Ideology, Coercion (compulsión o chantaje) y Ego, a los que se suman la falta de aprecio por parte de los superiores o la conciencia de la propia excepcionalidad.

Para el autor del libro, el ego guió siempre la conducta de Felfe, quien fue condenado a 14 años de prisión en la República Federal de Alemania en 1963 y canjeado finalmente el 14 de febrero de 1969 por espías de la CIA y del BND detectados por la Unión Soviética y Alemania Oriental. El agente trabajó después para la STASI y finalmente, por orden del ministro para la Seguriad del Estado de la entonces República Democrática Alemana (RDA), Erich Mielke, fue profesor de criminalística en la prestigiosa Universidad Humboldt de Berlín (Este).

Felfe, apodado también Fiffi, y quien utilizaba, entre otros, el alias de Hans Friesen, no era un simple agente doble o triple, sino un nazi convencido e inescrupuloso, a quien el curso de la vida lo llevó a colaborar, no por idealismo ni mucho menos, con las referidas agencias de información estratégica hasta convertirse en un as de la época. Tal como lo hiciera con las SS, Felfe se mantuvo hasta el final leal al KGB.

Hans-Henning Crome, de 89 años, ex agente del BND, quien conoció personalmente a Felfe, lo describe como un sujeto arribista. orientado a objetivos muy concretos y convencido del fetichismo de su carrera

Cuando el MI6 (para el que cooperaba como informante desde 1945, creando un círculo de estudiantes y simpatizantes comunistas en la Universidad de Bonn para tenerlos bajo control) prescindió de él y no encontraba empleo en la policía de Alemania Occidental, los soviéticos descubrieron y apreciaron sus cualidades y le tributaron el reconocimiento que este hombre ambicioso anhelaba desde hacía tiempo con su exagerada autoestima.

Bodo von Hechelhammer cree que Felfe estaba convencido de que los seguidores de Hitler inicialmente se aprovechaban del sistema nazi. Formado como agente de la policía de investigaciones, hizo carrera dentro de las SS, conoció internamente a esta organización creada en 1925 para la seguridad de Hitler y del Partido Nacionalsocialista y fue ascendiendo por méritos hasta el grado de teniente primero. Pero, al final lo perdió todo, lo que representó una derrota para su yo. Desde entonces se juró no volver jamás a estar del lado equivocado, del lado perdedor del poder.

Así fue como procuró adaptarse adecuadamente a las diversas circunstancias que enfrentaba en su vida, pensando y decidiendo rápidamente ante cada una de ellas. Verbigracia, en 1945 no dudó en cambiar de bando de un día para el otro y renunciar a todo lo que había creído hasta entonces, revelando los nombres de camaradas, conocidos y fuentes informativas a las potencias aliadas vencedoras de la Segunda Guerra Mundial.

Al término de la conflagración bélica no regresaría a Dresde, su querida ciudad natal (la capital de Sajonia, hoy con grandes problemas por la proliferación de neonazis y elementos racistas, xcenófobos y antisemitaso), sino que viviría con dificultades financieras en el área próxima a Bonn con su esposa y dos hijos pequeños en una modesta vivienda sin agua corriente.

Se sentía humillado, buscaba infructuosamente volver a la actividad y nadie parecía necesitarlo. Hasta que dió con dos amigos suyos que tenían contactos con el KGB, Hans Clemens y Erwin Tiebel, con los que había compartido tertulias y copas en Dresde. Felfe intentó sin éxito venderlos a traficantes alemanes de informaciones confidenciales y al MI6, pero los británicos, tras un largo período de distanciamiento terminaron su colaboración con él, lo que le ofendió muchísimo.

En esos momentos puso fin a la espera de otras ofertas, como la respuesta a su postulación a la futura Policía Federal Alemana de Investigaciones (Bundeskriminalamt, BKA), y se involucró en secreto con el servicio de la Unión Soviética. El historiador jefe del BND afirma que Felfe no confiaba en la joven República Federal de Alemania y creía en la superioridad del sistema soviético. De nuevo, hubo de decidirse entonces por el lado supuestamente más fuerte. Su oficial superior le inspiraba la necesaria confianza para ello, pero como ocurre siempre...los tiempos cambian...y la rueda de la historia sigue dando sus giros sin parar.

Cuando la Organización Gehlen lo reclutó poco tiempo después, Felfe permaneció fiel al KGB, aunque también los estadounidenses (léase la CIA) le pagaban indirectamente por la información que sobre los soviéticos suministraba a la entidad antecesora del BND y de la que recibía asimismo el reconocimiento que precisaba.

Se suponía que Fiffi debía espiar a los soviéticos para la Organización Gehlen e irónicamente el agente del KGB trabajaba en la unidad de Contrainteligencia Unión Soviética que dirigió a partir de 1958. Es dificil creer que la CIA no tuviera conocimiento de la versatilidad de Felfe cuando este fue aceptado para integrar las filas de la Organización Gehlen (dicho sea de paso, Reinhard Gehlen ( ) fue, también con una vida novelesca, el primer director del BND, entre 1956 y 1968).

Paul, como lo llamaba el KGB, fue un topo muy útil, esencial, preciso, efectivo, confiable y seguro. Mirado retrospectivamente, el daño causado al BND fue enorme. Felfe, según sus propias confesiones, quería convertirse en un modélico agente a los ojos de los soviéticos. Pese a algunos indicios en su contra nunca pudo ser descubierto antes de 1961) y cuando celebraba el décimo aniversario de servicio en el BND, festejaba también con orgullo y sigilo su compromiso con el KGB.

Con sus colegas Fiffi no era muy popular; estos lo consideraban arrogante y empático, aunque cuando se lo proponía podía ser servicial, desprendido y extremadamente encantador. Ante sus superiores era sumiso; siempre enfocado al cumplimiento efectivo de los objetivos y trabajaba, como muchos otros, para ganar elogios, reconocimiento y alcanzar éxito personal.

Cuando el BND lo desenmascaró en 1961, su esposa, Ingeborg Felfe, fue la primera sorprendida por el hecho, nunca hubiera pensado que su marido espiaba para el KGB. Cuando fue condenado dos años más tarde, los soviéticos hicieron todo lo posible por intercambiar a su mejor espía lo antes posible. Después de cumplir aproximadamente la mitad de su pena, la República Federal de Alemania lo excarceló y lo cambio por 21 presuntos (y auténticos) espías de la CIA y del BND presos en la RDA.

En Alemania Oriental aguardaba a Felfe una nueva existencia; fue colaborador oficioso (Inoffizielle Mitarbeiter, IM) de la STASI, para la que cumplía también tareas de análisis, de escritorio, fue nombrado catedrático de criminología por la Universidad Humboldt, recibió una casa y un automóvil, y se le permitió viajar al exterior para visitar países socialistas.

Sin embargo, esto no lo satisfizo del todo y en 1986 (tres años antes de la caída del Muro de Berlín y en plena era del Glasnost y de la Perestroika impulsada por el entonces secretario general del comité central del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov), publicó en una editorial de Alemania Occidental sus memorias, Im Dienst des Gegners (Al servicio del enemigo).

En la conferencia de prensa celebrada en Berlín Oriental para presentar el libro, Felfe ya parecía intuir (o quizás estaba ya debidamente informado de) lo que sobrevendría a corto plazo. Dicho esto al margen: recuerdo que a mediados de aquel mismo año el jefe del despacho del entonces canciller Helmut Kohl y coordinador de los servicios secretos, Lutz Stavenhagen, disertaba en la representación de la Unión Europea en Bonn sobre los impresionantes cambios que se avecinaban para este continente con las reformas en la Unión Soviética. En algún momento se llegaría incluso a pensar, junto con Gorbachov, en una estrecha cooperación entre la UE y la URSS para la creación de una arquitectura de seguridad y paz en el Viejo Continente. Sin embargo, la evolución posterio de los acontecimientos no favoreció lamentablemente esta idea y ella habría de fenecer o de quedar congelada (al menos hasta ahora).

Pero volviendo a la rueda de prensa de Berlín Este, para sorpresa de los periodistas allí convocados y para enfurecimiento de las autoridades de la RDA, Felfe criticaba a éstas y al partido comunista alemán oriental (SED) por su férrea política de restricciones a los viajes al exterior, mostraba con orgullo su pasaporte de la República Federal de Alemania, vencido hacía ya mucho tiempo, y enfatizaba sobre su especial estatus de catedrático y de ciudadano alemán.

Pese a su lealtad al KGB, Felfe no era ni comunista ni anti ni procapitalista. Lo más importante para él fue siempre y seguía siendo su éxito personal. El ego, la reputación y su carrera fueron en todo momento prioritarios. La convicción, las ideologías, los principios morales no contaban y quedaban siempre eclipsados por aquellos.

Algunas semanas después de su 90º cumpleaños (el 18 de marzo) ---fecha en la que hasta el director del ente sucesor del KGB, el Servicio Federal de Seguridad (FSB), Nikolái Pátrushev lo felicitaba públicamente, como lo hace un profesional a otro colega profesional--- moría Felfe el 8 de mayo de 2008. Terminaba así una existencia con un devenir, se mire por donde se mire, singular, extraordinario, legendario, parabólico y hasta trágico.

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