Reportajes

Artefactum, 25 años y mil batallas

José-Luis López López
martes, 24 de diciembre de 2019
Artefactum © 2019 by Cooperación española Artefactum © 2019 by Cooperación española
0,0006376

Entre la numerosa y admirable pléyade de grupos de cámara (ensembles, consorts, o como queramos llamarlos) musicales sevillanos, ahora activos, centrados en distintas épocas (medieval, barroca, contemporánea…) y estilos, pero no ajenos a todo tipo de fusiones, a veces de insólito atractivo, mencionábamos, hace poco, el cuarto de siglo de la Orquesta Barroca de Sevilla. Y en escasos días se nos aparece otra conmemoración: los 25 años de la fundación de Artefactum. Por una mera cuestión de economía expresiva, prescindamos de muchos otros conjuntos sumamente valiosos, especializados en variados estilos y períodos (o mezclas de unos y otros), y quedémonos, de momento, con estos dos. Artefactum, ahora el más antiguo de estas tierras, y decano de la música medieval en España tras la despedida del grupo Cinco Siglos, se creó en 1994, unos meses antes que la OBS (1995). De la “Barroca” ya nos hemos ocupado, y volveremos.  

Artefactum (AF): sus “padres fundadores” fueron los sevillanos Álvaro Garrido, Ignacio Gil (nacido en Alcalá de Guadaira) y José Manuel Vaquero, a los que se unieron posteriormente el rondeño Alberto Barea, el pacense César Carazo y el también sevillano Aníbal Soriano.

El mundo de los grupos musicales no suele ser, salvo excepciones, un territorio “estable”, fijo: todos los nombrados tienen distintas procedencias y también participan, más o menos habitualmente, en otros proyectos (el jueves 28 de noviembre actuó Álvaro Garrido -uno de los más versátiles, por ser percusionista- con Ministriles Hispalensis, en el programa Magallanes y su tiempo, del que daremos noticia). El mismo Artefactum se presenta en formación que oscila entre trío o cuarteto hasta octeto (los seis citados son, ahora, los más habituales, pero ha habido y hay otros), y por ejemplo, Soriano & Carazo han constituído un dúo; igualmente, incorpora, como invitados, a otros músicos y voces; o la colaboración de Mariví Blasco, que también les acompañó en el 2º CD del grupo, En el Scriptorium, Premio CD Compact 2008 al mejor disco de Música Medieval).

Este singular conjunto hace frente a todas las peripecias musicales divinas y humanas, (fundamentalmente de la Edad Media, pero si es necesario llegan hasta el S. XVI), con desparpajo, humor e irreverencia que no esconden un jubiloso sentido trágico (si entendemos lo trágico como lo hiciera Nietzsche), y un trabajo riguroso, manifestados en coloridos y timbres suntuosos y resplandecientes.

El porte “dionisíaco” de AF (que al principio tenía el nombre de Arte Factum) se trasluce en que algunos de sus miembros, hablan, comentan y bromean, entre pieza y pieza de cada concierto, al tiempo que hacen aclaraciones, a veces chispeantes, pero siempre útiles, sobre la siguiente obra que van a interpretar. Su campo de acción, dentro de los siglos mencionados, se enfoca hacia dos centros principales: el sagrado (muy especialmente las Cantigas de Alfonso X, pero también Dufay o Philippe le Chancelier, Códices como el de las Huelgas, el de Kutna Horá, el Laudario de Cortona, las Piae Cantiones finlandesas o el Codex Andecensis -de Andechs, Baviera, junto al Ammersee-…: todos los puntos cardinales de la vieja Europa); y el satírico y descarado ámbito “goliardesco” (en el que destacan los “Carmina gulatorum y potatorum” de los Carmina Burana de Benediktbeuern, y tantos otros cantos similares, anónimos o no, de la tradición del continente). Sus actuaciones mezclan piezas instrumentales con otras vocales y, salvo excepciones, como las antedichas de Patrizia Bovi o de Mariví Blasco, si hay que cantar, cantan los propios miembros del grupo, lo que origina un ambiente eminentemente popular; máxime si tenemos en cuenta que solo en contadas ocasiones practican la polifonía: lo que ofrecen casi siempre es lírica monódica, solista o coral. Además, ninguno tiene una tesitura vocal “profesional”: únicamente A. Barea se acerca, con cierta limpieza, a la de alto natural y algo lo secunda C. Carazo. Pero todo es artísticamente deliberado: cantan y tocan, con gran riqueza tímbrica y muy marcado ritmo, se aproximan sin escrúpulos al “folk”, o las músicas más cercanas y lejanas, y valoran, ante todo, que el público -y ellos- “se lo pase bien”. Ese es su “juego”, que no debe inducir a engaño. Una simple muestra: relatan, pongamos, de modo desenfadado, el contenido de una cantiga religiosa alfonsí, y después la interpretan con toda la propiedad y precisión que se espera de un ensemble rigurosamente historicista.

Además de su presencia en los escenarios de todo el mundo (los más prestigiosos de España entera, Europa de arriba a abajo, EE.UU., Japón, próximamente Australia…) el radio de acción e influencia de estos músicos es asombroso por su extensión y multiplicidad. En la amplia Sala ZM del Pasaje Mallol (céntrico barrio de San Julián, Sevilla, antiguo estudio del famoso bailaor y coreógrafo Mario Maya) donde también ensayan, se encuentra la sede de Zanfoñamóvil, una organización de alcance mundial cuyo subtítulo, Las músicas y las ideas, señala su orientación: como productora, distribuidora y programadora de Ciclos y Festivales, abarca música étnica, folk, rock, chanson, flamenco, jazz, canción de autor, danza, conciertos didácticos… Especial atención dedican a la producción musical y de danza de Argentina, Brasil, Cuba, Portugal… Y, como departamento autónomo de Zanfoñamóvil, está la “joya de la corona”, Arcadiantiqua, que se enfoca a la Música Antigua y de las Tres Culturas (cristiana, andalusí y sefardí), Cantos de Peregrinos (Vía de la Plata, Santiago, Libro Vermell de Montserrat…), y canciones y danzas tradicionales de Marruecos y Cercano Oriente. Todo eso se explica por el variado origen de los miembros de Artefactum: Vaquero crea el octeto vocal Polimnia en 1987 y toca en Sine Nomine antes de 1994; Garrido (director de Arcadiantigua), estudia en la Berkley School of Music de Boston, y funda Música Prima y Zejel; Barea, tras pasar por Barcelona y París (escuela de Nôtre Dame), forma en Sevilla el grupo vocal-instrumental Riches d’Amour; Carazo inicia su carrera de solista en Neocantes, y colabora con Música Antigua de Eduardo Paniagua, al que debemos tantas Cantigas del Rey sabio; Gil ha estado vinculado con formaciones de muchos tipos: Axabeba (medieval), Caravasar (étnica) o Gugú Music (experimental); Soriano, maestro de la cuerda pulsada, de la que posee, y toca, una multitud de instrumentos (cítola medieval, cinco o seis laúdes diferentes, archilaúd, mandolina, tiorba, vihuela, seis o siete guitarras -desde la renacentista hasta dos eléctricas-; a más de violín y cello barrocos, viola da gamba, y hasta clave y piano electrónico: dos docenas sobradas) se inició, en el laúd renacentista, con Juan Carlos Rivera y ha trabajado en decenas de grupos.

Si los orígenes son tantos, las colaboraciones (simultaneando con ese “eje” llamado Artefactum) de cada uno alcanzan tal cantidad que, para el lector, su enumeración (ahí está Internet para informarse) sería odiosa. Baste con mencionar, entre centenares (que no decenas), Armoniosi Concerti, Orphenica Lyra, Accademia del Piacere, Paolo Pandolfo, Al Ayre Español, Capilla Real de Madrid, Capella Reial de Catalunya y Jordi Savall, Concento Musical, La Ritirata, La Folía, y, naturalmente, la OBS…

Y ya no digamos la infinidad de grupos generados por Artefactum y sus miembros; de corta, media o larga vida, una miríada, de la que gran parte persiste, rebrota o da sus primeros y prometedores pasos. No daremos más nombres, para no cansar.

Mas aún quedan otros apartados. Pese a su incansable actividad en directo, tienen publicados seis CD: 1º. De la taberna a la Corte, 1997 (Carmina Burana, Cantigas de Alfonso X, danzas); 2º. Tempus est iocundum, 2002 (de las Cantigas de Santa María a Carmina Burana, et. al.); 3º. En el Scriptorium, 2006 (11 Cantigas de Santa María); 4º. Saltos, brincos y reverencias, 2008 (danzas instrumentales de los siglos XIV y XV); 5º. La Vía de la Plata, 2016 (Música medieval y tradicional de peregrinos); 6º Música ad Navitatis tempus, 2016 (Músicas medievales en torno a las fiestas de la Natividad), la mitad agotados; participan en grabaciones de TVE (1 y 2), Canal Sur TV y RNE; y componen bandas sonoras de series televisivas (Un mundo sin fin, segunda parte de Los Pilares de la Tierra; las dos primeras temporadas de La Peste; y el encargo de una futura serie sobre El Cid, que se comenzará a rodar próximamente).

Y de las grabaciones, pasamos a las actuaciones “en vivo”. Dejando aparte a España entera, Europa y medio mundo, en su tierra (Sevilla y Andalucía) son invitados asiduos, prácticamente permanentes, de los acontecimientos que constituyen la columna vertebral de nuestra floreciente vida cultural-musical. Comenzando por la capital andaluza: Sevilla, España, se convirtió el 30 de marzo de 2006 en la primera Ciudad de la Música de la UNESCO. Sevilla es célebre, no solo por ser un centro de creatividad y actividad musical, sino porque también refleja varios siglos de tradición musical y de diversas influencias mundiales.

Sin salir de la ciudad, en el ámbito que frecuenta Artefactum (y sus innumerables franquicias), descuellan, regularmente, un año tras otro, dos eventos que ya configuran la fisonomía hispalense, en la “estela” musical de sus grandes fiestas mayores primaverales, la Semana Santa y la Feria de Abril. Precisamente, el mes anterior a la Semana Santa, numerosos recintos acogen (además de centenares de actos culturales) al Festival de Música Antigua de Sevilla, FeMÀS, principal festival de este tipo de todo el territorio nacional y uno de los más destacados en Europa, que estará dedicado en 2020 (Nº XXXVII) al V Centenario de la primera circunnavegación de la Tierra. En esta edición se hará un recorrido por las nuevas músicas que llegaron a Europa tras los descubrimientos y la primera vuelta al mundo y cómo influyeron en los músicos del siglo XVI. Un intenso mes de conciertos diarios (a veces dos, o incluso tres, en sesiones matinales, vespertinas y nocturnas).

Aparte de muchos más espacios (como la Iglesia de la Anunciación, propiedad de la Universidad de Sevilla), el otro acontecimiento único es Noches en los Jardines del Real Alcázar. En verano de 2000, su Patronato, dependiente del Ayuntamiento, apostó por abrir de par en par las puertas de los jardines del palacio en uso más antiguo de Europa, en pleno centro urbano, con una programación que evocara los sonidos, las voces y las músicas de las distintas épocas y culturas de las que sus muros han sido testigos. Entre las fechas de mediados de junio y de septiembre, unos conciertos cotidianos, salvo los domingos, totalmente nocturnos (comienzan a las 22.00 o 22.20 h.) han venido a cubrir el desierto musical que se producía en el caluroso estío sevillano. La hora, y su celebración al aire libre, en el Jardín del Cenador de la Alcoba, durante unos breves e intensos 60 minutos sin intermedio, con programas de Música antigua, clásica, étnica, flamenco o jazz, tiene tal éxito que, a lo largo de 20 años, el recinto, con 450 localidades, se llena con gran frecuencia (hay que conseguir las entradas con mucha antelación): Actidea, empresa sevillana de gestión cultural que organiza las “Noches…”, presenta un riguroso y contrastado informe anual. Tras la campaña de 2019, recapitula: “A lo largo de sus veinte años de existencia han asistido a Noches de los Jardines del Real Alcázar de Sevilla un total de 504.115 personas (en 2019, 32.042); ha tenido un índice medio de ocupación del 97,60 por ciento; se han realizado 1.234 conciertos; han participado 641 grupos y solistas, con un total de 3.851 intérpretes… Además, en 1.017 conciertos (85,19 por ciento), se obtuvo la ocupación del cien por cien del aforo ofertado. Y, en conjunto, artísticamente, el público ha refrendado la calidad de la programación con una valoración positiva del 97,56 por ciento”.

Pues bien: tanto en el FeMÀS como en las Noches…, la presencia de Artefactum (siempre con llenos absolutos), en formación de 3, 4, 5 o más músicos, es una cita obligada, (en los Jardines, con diversas actuaciones -de tres a cinco- y distintos programas). No cabe ninguna duda de que son “profetas en su tierra”: un público fiel e incondicional los sigue, entusiasmado, en cada actuación.

Resulta difícil imaginar a estos músicos en Centroeuropa, Japón o Australia (aunque en ningún sitio renuncian a su singular “estilo”: en Hamamatsu y en Tokio explicaron sus textos en japonés); en el Monasterio de las Huelgas, las catedrales de León o Valladolid, San Francisco el Grande o el Auditorio Nacional de Madrid sí los podemos evocar, porque siempre, siempre, tratan de ser ellos mismos. Sin embargo, en Sevilla y su gran entorno meridional (de Extremadura a Úbeda, pongamos) se establece una completa “comunión” entre ellos y sus seguidores que, puede pensarse, es imposible en cualquier otro lugar. Y en eso reside su máxima virtud, pero también su mayor riesgo: ¿se puede ser, al mismo tiempo, “popular” y “culto”, “local” y “universal”, “histórico” y “contemporáneo”, “juguetón” y “riguroso”, “chistoso” y profundamente “serio”? Los dos principales “portavoces” de AF, tanto en los conciertos como en declaraciones y entrevistas en los medios de comunicación, son los dos más veteranos del trío fundador: José Manuel Vaquero y Álvaro Garrido (Ignacio Gil, en este aspecto, ocupa un discreto segundo plano). Vaquero es el “gracioso” por excelencia (y no solo porque está siempre bromeando como un auténtico cómico, sino porque tiene una inmensa gracia natural); sus chistes, aunque repetidos una y otra vez, forman parte indispensable del “patrimonio cultural” del grupo; y los devotos espectadores (igual que los niños cuando oyen contar el mismo cuento la enésima vez) son, siempre, felices, y, siempre, estallan en carcajadas. Tiene un apodo, “el Pájaro”, que lleva con orgullo (“me llevé 23 años dirigiendo la Tuna de Magisterio de Sevilla, y decían que me movía más que el Pájaro Loco”).

Por su parte, Garrido (“percusionista, autodidacta, coleccionista de instrumentos y empedernido buscador de sonidos”, se autodefine), aparte de su labor organizativa de Zanfoñamóvil y su seccíón Arcadiantigua, es el “encargado de relaciones exteriores”. Participa con Vaquero en las intervenciones escénicas (“en la Berkley School de Boston enseñaban performance, porque decían que eso es indispensable para un músico”). Y se queja de que son infravalorados: “nuestro espectáculo da una información cultural más allá de la música, y la gran motivación que tenemos es la respuesta del público, dentro y fuera de España”.

No se puede olvidar la actuación de AF en las grandes conmemoraciones que se suceden durante estos años. Si en el Año Murillo (2018: IV Centenario de su nacimiento) no participaron en exceso (el S. XVII queda excesivamente alejado del Medievo), en el V Centenario de la primera circunnavegación de la Tierra (las cinco naves iniciales salieron de Sevilla en 1519) sí tendrán presencia: los últimos ecos de la Baja Edad Media. Pero, sobre todo, esperemos a 2021: nada más y nada menos que el VIII Centenario del nacimiento de Alfonso X el Sabio, hijo de Fernando III y de Beatriz de Suabia: el rey, aunque nació en Toledo, más sevillano de la historia, cuyo lema y logotipo (NO 8 DO) es omnipresente en la ciudad.

“Dionisíaco”, cómplice, creativo, Artefactum es, para nosotros y para muchos, una encarnación musical del paradojal espíritu “chestertoniano” que esconde la más profunda seriedad de la verdadera vida dentro de los moldes más risueños. Mediante un trabajo riguroso e incansable, tienen una capacidad que les falta a tantos artistas: la de hacer felices a las personas.

Hay un texto, “canónico”, del escritor y periodista Adolfo García, publicado en 2012, con ocasión del FeMÀS de ese año, que contiene un párrafo, convertido, merecidamente, en la presentación “ritual” de Artefactum en toda ocasión. Merece ser destacado

Los componentes de Artefactum son todos músicos curtidos en mil batallas, con una compleja e interesantísima trayectoria musical, lo cual es importante, pero con una más dilatada trayectoria vital, lo que es fundamental para saber de qué va lo que se está interpretando. No se puede transmitir una emoción que se desconoce y no se puede conocer una emoción sólo a través de una partitura. El Medioevo, quizás más que ninguna otra época en la historia, pone en contacto la ingenuidad monástica con la picaresca tabernaria, las comodidades de las cortes y las penalidades del Camino de Santiago y, aunque resulte increíble, en Artefactum hay de todo esto, y mucho más.

Y más:

Artefactum ha sido bendecido con la capacidad de emocionar con sus interpretaciones, seguramente porque sus componentes saben ir más allá de lo que dice estrictamente la fuente escrita, leyendo entre líneas tanto del texto como de la música, de manera que logran meterse en el pequeño gran drama que cada composición propone, sean estas cantigas, piezas del Carmina Burana, danzas instrumentales, canciones de peregrinos o romances fronterizos …

Así es.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.