España - Madrid

José Manuel López López: el sentido del Premio

Rúbén Gutiérrez del Castillo

jueves, 30 de mayo de 2002
Madrid, sábado, 25 de mayo de 2002. Auditorio Nacional de España. Madrid. Retrato de José Manuel López López: Agua y cuadrante; Jenseits...Diesseits; A Tempo; La Pluma de Hu; Viento de Otoño. Ensemble Contrechamps. Piotr Karasiuk, violonchelo. Director: . Asistencia: 70% del aforo
El caso de José Manuel López López es, sin duda, perfectamente ilustrativo de la situación en la que se encuentra la música española de creación contemporánea. Autor, como buena parte de sus compañeros de generación y de los que directamente le siguen, de un universo creativo muy personal, buscado y encontrado entre los resquicios que las investigaciones artísticas sobre el sonido y la música abrieron en el siglo pasado, consigue un temprano "reconocimiento" que, en su país de origen, Españaña -citando al siempre sabio Satie- llega a su culminación con la concesión, en el año 2000, del Premio Nacional de Música. Fantástico. El artista recibe el Premio pero su música no se escucha.Así pues, ocasiones como el concierto monográfico producido por el Ciclo Música de Hoy (iniciativa privada, hemos de recordar, sustentada por Caja de Madrid como principal patrocinador), en colaboración con el CDMC, cobran una significación especial y lo que debería ser un normalizado concierto de celebración se convierte, desgraciadamente, en un militante acto de homenaje a un autor que ni cumple setenta y cinco años ni se encuentra en malas condiciones físicas. Tan sólo tiene cuarenta y dos años y, por lo que se puede ver, y oir, se encuentra en plena forma.Eso sí, dentro de lo que el caso de José Manuel López López pueda tener de representativo, no podemos olvidarnos de su individualidad y ésta se encuentra en su personalidad musical, tal vez una de las más fuertes del panorama nacional. La admiración, el respeto y la sana envidia son motivos suficientes para explicar la presencia en la sala de algunos de los más significativos compositores españoles: desde sus predecesores Luis de Pablo, Gonzalo de Olavide o Tomás Marco, hasta sus compañeros de generación Alfredo Aracil o José Luis Turina, pasando por los un poco más jóvenes Jesús Rueda, Mauricio Sotelo, Javier Arias o César Camarero, por citar tan sólo aquellos que el que esto firma tenía más visibles desde su butaca.El concierto, por cierto, cumplió con todas las expectativas y los que allí estuvimos pudimos disfrutar de un verdadero retrato del periodo de madurez del autor que y a partir de obras como Agua y cuadrante y Jenseits... Desseits, desarrolla todo aquello que ya estaba indicado en el periodo previo (1986-1990) en obras seminales como Aquilea (1986) o la impresionante Memoria de un tiempo imaginado (1988). El trabajo (el arte) de José Manuel López López se ha caracterizado, desde sus comienzos, por situarse cercano a, siguiendo sus propias palabras "la corriente que considera ante todo las leyes y las propiedades del sonido, es decir, Scelsi, Nono, Lachenmann, Sciarrino, Grisey, etc., frente a la corriente basada en la escritura, en el tratamiento y la combinación de los intervalos y de las estructuras armónicas, como es el caso de Carter, Boulez, Donatoni, Ferneyhough, etc.". Su experiencia con los espectralistas franceses (Dufourt y Grisey) y sus investigaciones en electroacústica sitúan al sonido en el papel protagonista del hecho de componer: las afinaciones no temperadas, la superposición de tiempos independientes y los contrastes dinámicos de gran violencia no hacen más que resaltar la importancia del sonido en sí y por sí. Y las obras brillantemente interpretadas bajo la dirección de Pascal Rophé dieron buena prueba de ello. Dentro del programa, dos obras destacaron del resto. Se trata de la ya citada Jenseits... Diesseits (1992) y la delicia que es y será Viento de Otoño (1998), escuchada en Madrid hace poco más de un año por otra formación de campanillas, la Klangforum Wien. Jenseits... Diesseits presenta una combinación tímbrica, la compuesta por la flauta y el clarinete en una extraña conjunción con el violín, viola y chelo, que en sus registros superiores, actúan como una unidad frente a los dos elementos externos, la percusión y el piano. Este planteamiento, a lo largo de los escasos diez minutos de duración de la obra, permite al oyente disfrutar de unos elementos a los que, a priori, podríamos clasificar como ausentes de cualquier sentido estructural pero que, por su propia existencia, cobran sentido en el devenir de la pieza, desarrollando relaciones cargadas de belleza entre unos y otros. Por otro lado, la más larga Viento de otoño (1998), que cerró el programa, es un prodigio de invención sonora que pretende no tanto desarrollar desde una perspectiva referencial el romántico otoño pero sí, a través de su fantástica invención sonora, transmitir ciertos "aires de otoño" que, de manera milagrosa y sin abandonar el hecho sonoro, la materia concreta, llegan de manera eficaz al que lo escucha. El concierto fue, pues, redondo, el público lo agradeció, los artistas (incluido el brillante violonchelista Piotr Karasiuk que interpretó la parte solista de La Pluma de Hu) lo disfrutaron y el compositor, tal vez, recibió el sentido de un Premio que hasta ahora carecía del mismo.

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