Alemania

¡Qué chico es el mundo de la gran familia de la música clásica!

Juan Carlos Tellechea

jueves, 2 de enero de 2020
Düsseldorf, viernes, 20 de diciembre de 2019. Gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. Ray Chen (violín). Orquesta Bamberger Symphoniker. Director Jakub Hrůša. Richard Wagner, Preludio de Lohengrin. Max Bruch, Concierto para violín número 1 en sol menor op 26. Johannes Brahms, Sinfonía número 1 en do menor opus 68. Organizado por Heinersdorff Konzerte – Klassik für Düsseldorf. 100% del aforo.
Ray Chen © by camimusic

La maravillosa tímbrica de la orquesta Bamberger Symphoniker y sus extraordinarias cuerdas tuvieron otra velada memorable este viernes, bajo la batuta de su director principal, el checo Jakub Hrůša, con el solista australiano de origen taiwanés Ray Chen tocando el Stradivarius Joachim-Aranyi de 1715, en un concierto organizado por Heinersdorff Konzerte – Klassik für Düsseldorf.

¡Qué chico es el mundo de la gran familia de la música clásica! El legendario violinista Joseph Joachim (1831-1907), quien trabó relación amistosa y de cooperación artística con Johannes Brahms a través de Robert Schumann, entre otros, estrenaría en 1868 con este Stradivarius (uno de los varios que poseía) el Concierto para violín número 1 en sol menor op 26 que le dedicara Max Bruch, cuyo fallecimiento hace 100 años se conmemora en 2020.

El estreno tuvo lugar en Colonia, ciudad natal de Bruch, en el marco del Niederrheinische Musikfest, ya desaparecido (al igual que los eventos que le sucedieron). Joachim asesoraría a Bruch sobre cómo perfeccionar las partes para solista en la segunda y definitiva versión de este precioso concierto que exige gran virtuosismo y es una de las obras más interpretadas y conocidas de este compositor.

El Stradivarius, de la época de oro del mítico lutier cremonés, legado por Joachim a su sobrina nieta, Adela d'Aranyi, y entretanto tocado por varios violinistas, últimamente por la georgiana Elisabeth (Lisa) Batiashvili (Tíflis, 1979), pertenece a la Nippon Music Foundation que posee la mayor colección del mundo de estos instrumentos y lo adquirió en septiembre de 2000 por 9,5 millones de dólares.

Virtuosismo es lo que ofrece a manos llenas Ray Chen (Taipéi, 1989), un borboteante fenómeno de la prestidigitación y las acrobacias con las falanges de su mano izquierda, formado en el Curtis Institute of Music. En el preludio Vorspiel. Allegro moderato, de fuerte carácter rapsódico, el violín habla, dialoga con el ejecutante y con los demás músicos de la orquesta, busca la improvisacion, introduce un tema lateral y da paso al segundo movimiento.

En el lírico Adagio, movimiento central de la obra, el Stradivarius suena con elevada y entrañable sensibilidad, capaz de llegar a lo más hondo del alma humana. En el Finale. Allegro energico, asoma el carácter danzístico, predominantemente en sol mayor, de la composición al tiempo que los sinfónicos de Bamberg presentan el apasionado y popular tema principal. Chen fue invitado por otras orquestas para participar en conciertos dedicados al 250º aniversario del nacimiento del genial compositor alemán Ludwig van Beethoven.

El carismático Jakub Hrůša (Brno, 1981), cuyo contrato con los Bamberger Symphoniker fue prolongado hasta 2026, arranca del colectivo musical tonalidades de ensueño, capaces de sumir en el éxtasis a la platea en cuestión de segundos. Con su impulsivo lenguaje corporal y visual logra una ejecucion exquisitamente refinada en el Preludio de Lohengrin.

En la Sinfonía número 1, que demandó a Brahms, con interrupciones, más de 14 años de labor (sus primeros bosquejos son de 1862) hasta convertirse en una de sus obras más importantes, la orquesta mostró toda la ardiente y poderosa pasión vertida en esta composición. No había que agregar ni un acento ni una frase más.

Brillante en todas sus secciones, pero especialmente en las cuerdas (flexibles y homogéneas), en las maderas, y al final en los vientos/metales, así como en la percusión, la ejecución fascinó literalmente al millar de espectadores presente. Gracias a la claridad y transparencia de los tres primeros movimientos -1. Un poco sostenuto – Allegro; 2. Andante sostenuto; 3. Un poco Allegretto e grazioso- y al incontenible empuje sinfónico del último -4. Adagio – Più Andante – Allegro no troppo, ma con brio- el concierto fue cerrado de forma memorable entre clamorosos aplausos y estruendosas expresiones de aprobación.

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