Portugal

Con ilusión

Maruxa Baliñas y Xoán M. Carreira

jueves, 16 de enero de 2020
Porto, sábado, 7 de diciembre de 2019. Casa da Música. Sala Suggia. Pedro Lima, Remembering When (estreno mundial; encargo de la Casa da Música). Harrison Birtwistle, Deep Time (estreno en Portugal). Béla Bartók, Suite de El Príncipe de madera. Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música. Baldur Brönnimann, dirección musical
Baldur Brönnimann © Intermusica

Cuando llegamos a la Casa da Música recogimos la programación de 2020, y allí nos quedamos esperando al comienzo del concierto, mirando la nueva agenda y comentando excitados la oferta. No es que estemos cansados de asistir a conciertos, eso nunca, pero a veces cuando miramos el programa de un concierto al que estamos pensando en asistir no lo hacemos con ilusión. Hay obras que parecen repetirse vayas donde vayas, mientras hay repertorios amplísimos que nunca parece existir ocasión de escuchar. Con la Casa da Música predomina la ilusión, esa ilusión que nos hizo meternos en un viaje relativamente largo y cansado para escuchar a una orquesta que no es la de Chicago, ni la Filarmónica de Berlín. Pero es que El príncipe de madera, con ser tan famoso, se escucha muy poco, y para Maruxa este era su primer Birtwistle orquestal en vivo. Ni siquiera faltaba la incógnita de Pedro Lima, compositor al que sólo conocíamos tangencialmente, pero cuyo currículo semejaba importante. 

No vamos a entrar en el debate banal de si El Príncipe de madera es una obra simbolista o impresionista (hace años toda la música de principios del siglo XX era o vanguardista o impresionista) mientras desde hace unos pocos años la etiqueta de moda es el 'simbolismo', lo cual demuestra que los marchantes de arte han hecho bien su trabajo -el impresionismo se estaba agotando- pero nada aporta al entendimiento de los gustos musicales. El joven Bartók era ya un compositor deslumbrante y su trilogía escénica, pasado un siglo, mantiene incólumes sus valores de seducción afectiva e intelectual. Incluso aquellos que son poco sensibles al morbo no quedan impertérritos ante el impacto de la sensualidad de Barbazul o El mandarín, y probablemente caigan rendidos ante este Príncipe de madera, menos morboso pero igualmente seductor. 

Los requerimientos de El príncipe de madera se sitúan cerca del techo técnico de la Orquesta de Porto, pero esta -bajo la batuta de Baldur Brönnimann- nada cómodamente en ese lago de sonoridades sutiles y contrastantes que tan bien funcionan en la gran acústica de la Sala Suggia. Para quienes amamos el ballet escuchar música de danza puede resultar una experiencia tan extraña como para un cinéfilo escuchar un concierto de bandas sonoras con los ojos abiertos. Brönnimann es uno de esos directores que tiene el talento de romper la dependencia con la escena de El Príncipe de madera sin que pierda un ápice de su crudo descriptivismo. El y su orquesta consiguieron dejarnos boquiabiertos ante la belleza de esta obra. 

Como a muchos creadores de su edad, a Birtwistle le tocó la maldición de que su estilo musical haya pasado de moda con independencia de su reconocido talento, honestidad y maestría. Son cuestiones que tienen que ver con el mercado, pero como es el mercado el que determina los avatares del arte no exageramos al calificarlo de maldición. Y aquí entra en juego la sabiduría -sea por viejo o sea por diablo- de Sir Harrison Birtwistle, un artista que sin renunciar a sus valores identitarios ha sabido dotar a su música de un espacio de confort para los públicos actuales. 

A Pedro Lima (1994) -compositor residente de la Casa da Música en 2019- le tocó la difícil tarea de servir de telonero de dos maestros como Birtwistle y Bartók, y salió sobradamente del paso. Formado en Portugal, en el Conservatorio de Música Calouste Gulbenkian de Braga y en la Escola Superior de Música de Lisboa con João Madureira y Luís Tinoco, amplió sus estudios en la Guildhall School of Music and Drama de Londres, donde completó su master en Opera Making & Writing. Desde 2015 ha tenido importantes estrenos en Portugal, Londres y Berlín, además de formar parte de Mayokondor, un colectivo de creadores que trabaja sobre nuevas formas artísticas usando la realidad virtual como punto de partida para un conjunto de creaciones eclécticas. Remembering When es una obra muy sólida, que demuestra que Lima, con sólo 25 años, tiene ya un bagaje técnico importante y muestra bastante personalidad. Supo además aprovechar muy bien la acústica de la Casa da Música, donde ya ha estrenado otras obras, y Remembering When tuvo momentos brillantes y fue muy bien recibida por el público. 

En general el concierto estaba claramente diseñado para aprovechar la maravillosa acústica de la Sala Suggia de la Casa da Música. Mientras la Orquesta Sinfónica de Galicia ve lastrado su desarrollo por la mala acústica de su sede, que impide que los músicos puedan incluso escucharse correctamente a sí mismos (además de las graves dificultades económicas a las que se enfrentan actualmente), aquí es una placer escuchar la música. Y eso hace que uno nunca se arrepienta de viajar hasta Porto, una ciudad que está haciendo un gran esfuerzo -con más inteligencia y sentido común que dinero- para definirse como un foco cultural que complete sus otros atractivos turísticos. Y lo está consiguiendo ...

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