España - Madrid

'Tanto vestido blanco'

Javier Suárez-Pajares

martes, 28 de mayo de 2002
Madrid, domingo, 12 de mayo de 2002. Teatro de la Zarzuela. J. Serrano, Los Claveles. Sanete lírico en un acto con libreto de Luis Fernández de Sevilla y Anselmo C. Carreño. Dirección de escena, Alfonso Zurro; Escenografía, Alfonso Barajas; Figurines, Ana Garay. Rosa (María Rodríguez), Jacinta (Carmen Sánchez), Señá Remedios (Marta Puig), Paca (Isabel Lozano), Señor Evaristo (Jaime Blanch) y Señor Bienvenido (Luis Varela). F. Chueca, Agua, azucarillos y aguardiente. Zarzuela con libreto de Miguel Ramos Carrión. Dirección de escena, Alfonso Zurro; Escenografía, Alfonso Barajas; Figurines, Ana Garay.Pepa (Mar Abascal), Manuela (Eneida García), Asia (Susana Cordón), Doña Simona (Elisenda Rivas), Serafín (Aurelio Gabaldón), Lorenzo (Marco Moncloa), Vicente (Lorenzo Moncloa), Don Aquilino (Emilio Alonso). Orquesta de la Comunidad de Madrid y Coro del Teatro de La Zarzuela. Miguel Roa, Dirección musical. Ocupación: 100 %
Con el teatro lleno todos los días, como ocurrió con el boom navideño de Los sobrinos del capitán Grant, y coincidiendo además con grandes puentes vacacionales, igual que Los sobrinos -lo cual no es nada favorable-, La Zarzuela volvió a cosechar un éxito clamoroso con el programa doble presentado entre los meses de abril y mayo: Los Claveles y Agua, azucarillos y aguardiente. Puestos en escena sin gran despliegue de medios, estos dos emblemas del género chico han demostrado que hay un público ávido de este repertorio que el Teatro de La Zarzuela dispensa con un cuentagotas tan exasperante.Porque parece claro que la dirección del teatro de la calle Jovellanos, no tiene confianza en la zarzuela como género musical y lo que disfruta son las excursiones por otros campos como la ópera de cámara y parajes aún más exóticos para quienes queremos creer -seguramente por capricho- que la programación de este teatro debería consistir, sobre todo, en zarzuelas: zarzuelas grandes y chicas y operetas, y pertenecientes a los tres siglos en los que la zarzuela existió… ¿Cómo es posible que no se haya puesto ni una sola obra de Francisco Alonso desde que se remozó este teatro? ¿Cómo es posible que Sorozábal sea igualmente extraño, y cada vez más, al repertorio? 'Tanto vestido blanco, / tanta parola, / y el puchero a la lumbre / con agua sola', como dice la seguidilla inmortal de Agua, azucarillos y aguardiente.Pero, basta de lamentos, porque, ahora, el desangelado caldo zarzuelístico de este teatro acaba de echar en su puchero un par de sabrosos huesos para los amantes del género chico.Huesos de muy distinta sustancia, la verdad, que, aunque son ya una vieja pareja en las tradicionales programaciones de zarzuela, lo cierto es que casan bastante mal. Más que nada, porque es difícil que haya par para la genialidad de la obra de Chueca y, si lo hubiera, no serían Los Claveles de Serrano. En Agua, azucarillos y aguardiente abunda la sustancia musical, la música con sentido dramático, las ocasiones en que partes muy importantes de la acción se desarrollan magistralmente cantadas, mientras que en Los Claveles prima la sustancia teatral y los números musicales se engarzan como tropezones dentro de una divertida sopa argumental. Un argumento que, dicho sea de paso, fue muy reído por el público de La Zarzuela gracias, sobre todo, a la carismática actuación de Luis Varela en el descarado papel del Señor Bienvenido y a la sorpresa que hoy produce la frivolidad de un argumento tan ingenuo como efectivo.Los cantables escritos por José Serrano, sentando cátedra de su feliz vena melódica, fueron bien defendidos por las sopranos María Rodríguez y Carmen Sánchez, y los tenores Enrique Ruiz y Ángel Rodríguez, que, sin embargo, encontraron más dificultades en la parte hablada. Y es que la lírica popular española, con sus demandas en los registros de cantado y hablado, es una especialidad muy poco contemplada en la actual escuela de canto, de manera que los buenos cantantes de zarzuela sólo se pueden hacer sobre las tablas de escenarios que cada vez programan menos zarzuela. Mala cosa, porque para hacer bien el género chico no sólo hace falta cantar sino tener una extraordinaria vis cómica.Agua, azucarillos y aguardiente, aunque con un libreto de menor efecto que Los Claveles, entretuvo a un público que disfrutó, sobre todo, con la parte cantada sostenida por dos firmes puntales: el pulso firme de Miguel Roa en la dirección musical y la interpretación de la soprano Mar Abascal en el papel de Pepa. Roa concertó con perfección y clavó los tempi para sacar la mayor gracia de una música que vive en gran medida del tiempo justo; y la madrileña Mar Abascal encarnó una Pepa, gata y castiza hasta la médula, cantando unos panaderos ('Ya te dije yo esta noche') y un cuarteto ('Bien sabes que la Manuela') completamente antológicos. Con intérpretes como estos, una escenografía más generosa y un público que curiosamente tolera y ríe los argumentos, la zarzuela en general -y en particular el género chico- podría vivir un interesante renacimiento. Solo haría falta que creyeran un poco en él y pusieran un poco de carne en el asador.

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