Alemania

Das Land des Lächelns

Juan Carlos Tellechea

jueves, 9 de enero de 2020
Essen, martes, 31 de diciembre de 2019. Aalto-Musiktheater Essen. Das Land des Lächelns (El país de las sonrisas), opereta romántica en tres actos con música de Franz Lehár, libreto en alemán de Ludwig Herzer y Fritz Löhner-Beda -basada en una opereta anterior del propio Lehár, con los mismos libretistas, inspirada en un texto de Victor Léon, Die gelbe Jacke (La chaqueta amarilla)- estrenada el 10 de octubre de 1929 en el Teatro Metropol (hoy Komische Oper) de Berlín. La chaqueta amarilla, había sido estrenada el 9 de febrero de 1923 en el Theater an der Wien de la capital austríaca. Régie Sabine Hartmannshenn. Escenografía Lukas Kretschmer. Vestuario Susana Mendoza. Iluminación Manfred Kirst. Coreografía Igor Volkovskyy. Dramaturgia Svenja Gottsmann. Intérpretes: Lisa/Lea (Jessica Muirhead), Príncipe Sou-Chong/Pedro (Carlos Cardoso), Mi/Martha (Christina Clark), conde Gusti/Claudio (Albrecht Kudszuweit), Chang/Gauleiter (Karl Martin Ludvik), Eunuco jefe/presentador (Rainer Maria Röhr). Bailarinas y bailarines: Natalia López Toledano, Ritsuoko Matsuoka, Heather Shockley, Sophia Wünsch, David Espinosa Ángel, César José Gutiérrez Salas, Hendrik Hebben, Misha Tovt. Tamtam (música sobre el escenario) Stefan Kellner. Piano Christopher Bruckman. Coro del Aalto-Theater preparado por Patrick Jaskolka. Figurantes del Aalto-Theater. Orquesta Essener Philharmoniker. Director Johannes Witt. 100% del aforo.
Carlos Cardoso y Jessica Muirhead © 2019 by Bettina Stöß

Una nueva producción de la opereta El país de las sonrisas, de Franz Lehár, fue llevada escena en una peculiar puesta de Sabine Hartmannshenn en el Aalto-Musiktheater de Essen, con la brillante interpretación de la soprano británico-canadiese Jessica Muirhead y del tenor portugués Carlos Cardoso en los papeles protagonistas.

Más allá del deleite musical y el entretenimiento puro que destila, la versión nos adentra con acierto en su historial paralelo durante la nefasta época genocida nazi, tanto en Alemania como en Austria, y es un campanazo de atención en momentos en que vuelven a cobrar alas en Europa ultraderechistas, ultranacionalistas, racistas, antisemitas y homófobos nazis, fascistas y falangistas.

Hartmannshenn (Idstein/Taunus, 1970) no ambienta Das Land des Lächelns en 1912 como originalmente la habían concebido Lehár y sus libretistas Ludwig Herzer y Fritz Löhner-Beda, sino en 1929 cuando ya las hordas paramilitares fascistas (SA) invandían las calles de Berlín y de Viena, sembrando el terror.

Herzer y Löhner, quienes escribieron, entre otros temas, Mein ist das ganzes Herz (Tuyo es todo mi corazón), eran judíos. El primero logró a duras penas huir a Suiza tras la anexión de Austria (marzo 1938) y murió en 1939 en San Galo; el segundo fue detenido por los nazis, sometido a trabajo esclavo en un planta química en Sajonia (IG Farben, la empresa fabricante del Zyklon B, utilizado en las cámaras de gas) y deportado al campo de exterminio de Auschwitz donde fue asesinado por los esbirros de Adolf Hitler.

Victor Léon, cuyo texto de La chaqueta amarilla (por el atuendo que vestían emperadores y reyes chinos y el carácter del color, considerado sagrado) se basaba en una idea de su hija Felicitas (Lizzi), fallecida de un ataque de apendicitis cuando daba a luz a su tercer hijo en 1918, murió en Viena en 1940 a los 82 años de edad. Su mujer, Ottilie, compuso la canción inicial, Immer nur lächeln (Siempre sonriendo).

Para conocer las costumbres de la extinta China Imperial, los Léon se habían asesorado con un misterioso príncipe de ese país, de nombre Sukong, que en realidad era un teniente del ejército chino que recalaba en Viena en 1912, tras abdicar Puyí, el último emperador, el 12 de febrero de ese mismo año. En la opereta el presunto personaje nobiliario fue rebautizado como Sou-Chong. Una insurgencia militar en la ciudad china de Wuchang (hoy parte de Wuhan) el 10 de octubre de 1911 precipitaría la caída de la dinastía Qing (o manchú) que regía el país desde 1644 y el establecimiento de la primera República de China.

Se dice que Lehár, iniciador de la llamada Era de plata del género de la opereta, habría intercedido sin éxito para salvar a sus libretistas de las persecuciones nazis, como habría hecho también con el tenor Louis Treumann, pero no hay suficientes testimonios al respecto. Treumann había sido el primer conde Danilo de su opereta La viuda alegre (la de mayor éxito) cuando la estrenó el 30 de diciembre de 1905 en el Theater an der Wien. Finalmente Treumann y su mujer fueron asesinados en el campo de exterminio de Theresienstadt (hoy en la República Checa).

El propio Lehár, uno de los compositores favoritos de Hitler (el otro era Richard Wagner) estaba casado con una judía, pero su mujer fue declarada aria de honor por el régimen del Tercer Reich, por lo que se libraba de las múltiples, inhumanas e infames limitaciones que pesaban sobre los judíos en general. Para los historiadores, el calificativo Era de plata de la opereta tiene asimismo connotaciones racistas y antisemitas, ya que a diferencia de la anterior Era de oro del género, la argéntea se caracterizaría por tener muchos artistas judíos en sus equipos y elencos.

El país de las sonrisas, estrenada el 20 de octubre de 1929, diecinueve días antes del crac bursátil de Nueva York que desataría la Gran Depresión, es una obra tardía de Lehár y la segunda de mayor éxito, tras La viuda alegre. Posee el final agridulce que tanto gustaba a los vieneses en aquellos tiempos. El título se refiere a la costumbre china, válida hasta hoy, de sonreír, independientemente de lo que ocurra en la vida.

El papel del príncipe Sou-Chong había sido hecho a la medida para el tenor Richard Tauber (también perseguido por el nazismo, por tener antepasados judíos por parte paterna), quien se convertiría de la noche a la mañana en una estrella fulgurante del mundo de la opereta con su legendaria interpretación de Dein ist mein ganzes Herz (Tuyo es todo mi corazón). Tras la anexión de Austria en 1938 aprovechó una gira por Gran Bretaña para emigrar definitivamente a ese país y ponerse a salvo de tanta barbarie.

Con algunos cambios en la trama, nuevas composiciones y el gran éxito de Tuyo es todo mi corazón, Lehár sentaba las bases para una nueva forma de opereta que evitaba el final feliz habitual. Mientras Sou-Chong (excelente el tenor Carlos Cardoso) y Lisa (maravillosa la soprano Jessica Muirhead) siguen siendo una pareja en La chaqueta amarilla, en Das Land des Lächelns las diferencias culturales son un obstáculo insuperable para que ambos puedan vivir juntos y ella regresa a Viena con su amigo de la infancia, el conde Gusti (muy convincente el tenor alemán Albrecht Kludszuweit).

El equipo dirigido por Sabine Hartmannshenn ve esto como una indicacion del fortalecimiento del nacionalsocialismo en aquel momento y su singular versión en el Aalto-Musiktheater de Essen contiene partes de Die gelbe Jacke, así como diálogos adicionales propios. La regista incorpora todos los antecedentes señalados más arriba para reflejar lo que se vivía cuando fue estrenada la obra en 1929. Cada uno de sus 16 números, melodías y canciones representan un merecido homenaje a aquellos acosados y malogrados artistas.

Verbigracia la trama se traslada al teatro de una gran ciudad alemana, como el Metropol-Theater de Berlín, que había subido a cartel La chaqueta amarilla. El escenógrafo Lukas Kretschmer diseñó la impresionante fachada exterior como la de un teatro de la década de 1920, ante el que algunos figurantes vestidos con atuendos de época (vestuario Susana Mendoza) esperaban a los artistas antes de la actuación.

Los protagonistas de la obra aparecen inicialmente con diferentes nombres. Sou-Chong se llama Pedro, que se supone que alude al origen portugués del tenor. Como extranjero, se convierte así en una figura exótica en la floreciente xenofobia, al igual que la morena Martha (muy bien la soprano estadounidense Christina Clark) que asume el papel de la princesa china Mi.

Lisa y Gustl, por otro lado, llevan los nombres de los personajes de La chaqueta amarilla, Lea y Claudio. Martha hace su entrada durante la obertura, cuando llama poderosamente la atención de los espectadores que aguardaban frente al teatro y recibe un ramo de flores obsequiado por Claudio que en realidad estaba pensado para Lea, a quien pretende.

Durante la acción en Viena, la escenografía gira 90 grados para ver las bambalinas y un camerino durante los preparativos para la representación de China Revue (La revista china). Otra vuelta más de la plataforma giratoria y se ve el escenario donde tendrá lugar la función vodevilesca.

La verdadera trama de la opereta, en la que Lisa se enamora de Sou-Chong y decide acompañarlo a China, queda algo confuso en ese ambiente surrealista, al igual que el dúo Bei einem Tee à deux (En un té para dos), cantado por ambos; él con una ridícula máscara china y una larga trenza que saca del vestuario que cuelga en el camerino.

El eunuco jefe asume el papel de presentador (muy bien el tenor alemán Rainer Maria Röhr) y conduce al público a través de este espectáculo de variedades -a propósito muy kitsch, pero muy bonito de ver- que evoca lejanamente las imágenes del circo chino y del musical Cabaret, también ambientado en la Alemania nazi.

Hay muchos torsos desnudos como en la década del 20 del pasado siglo. El coro se convierte en el público con el que se mezclan también los paramilitares de las SA, al mando de un Gauleiter (convincente por lo antipático el bajo barítono canadiense Karel Martin Ludvik que también hace el papel de Chang, tío de Sou-Chong) quienes perturban en varios momentos la función con sus soeces insultos.

China Revue tiene muy poco que ver con Das Land des Lächelns o con Die gelbe Jacke, pero la tensa atmósfera reinante a su alrededor sí tiene mucha relación con la cruda realidad que se vivía en las calles de Berlín y Viena, cuando Pedro (Sou-Chong), cantando Dein ist mein ganzes Herz, es brutalmente sacado del escenario y el presentador golpeado sin piedad por los sicarios nazis. Seguro que Lehár y sus libretistas no habrían osado jamás en aquel entonces justificar la separación de Lisa y el príncipe chino por la creciente agitación racista y antisemita hitleriana en ebullición. Preferían autocensurarse.

El dúo Wenn die Chrysanthemen blühen (Cuando florecen los cristantemos) entre Mi y Gusti apela exprofeso a una humillación sado-masoquista. Él la lleva atada a una correa como un perrito, escena que reproducen los bailarines con las bailarinas del conjunto, para consternación de las damas del público que abandonan precipitadamente la sala, mientras los caballeros permanecen en ella muy divertidos.

Al final. Sou-Chong se convierte de nuevo en Pedro y sale del teatro en el que sube ahora a cartel El país de las sonrisas, del que han sido borrados los nombres de los libretistas, mientras banderas con la esvástica penden de la fachada del edificio.

Musical e histriónicamente la puesta y el elenco alcanzan un excelente nivel con Muirhead, Cardoso, Clark, Kudszuweit y Röhr a la cabeza; muy bien también el ballet del coreógrafo ruso Igor Volkvoskyy; y sobresaliente la orquesta Essener Philharmoniker bajo la experimentada batuta de Johannes Witt.

Fue una velada de Nochevieja muy poco frecuente, excepcional, premiada con largas ovaciones del millar y medio de espectadores que colmaban las modernas instalaciones del teatro, diseñado en 1959 por el arquitecto y urbanista finlandés Alvar Aalto y ejecutado en 1988 por su colega y académico alemán Harald Deilmann.

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