España - Madrid

El heroísmo de Christian Zacharias

Germán García Tomás

martes, 21 de enero de 2020
Madrid, martes, 14 de enero de 2020. Auditorio Nacional de Música (Sala Sinfónica). Orquesta de la Comunidad de Madrid, Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid. Christian Zacharias (piano y dirección). Ludwig van Beethoven: La victoria de Wellington op. 91, Concierto para piano y orquesta nº 3 en do menor op. 37 y Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor op. 55, Eroica. Ocupación: 90%
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El 'Año Beethoven' conmemorando el 250 aniversario de su nacimiento ha dado comienzo en Madrid con este concierto en el que Christian Zacharias volvía para hacer valer su doble faceta musical como excelente concertista de piano y más que competente director con la Orquesta de la Comunidad, una formación a la que le une un estrecho y fructífero vínculo artístico. Lo ha hecho brindando las tres muestras más representativas de la denominada etapa heroica del compositor de Bonn: la infrecuente Wellingtons Sieg, el Concierto para piano nº 3 y la Sinfonía nº 3, bautizada como Eroica (en grafía de su autor), puerta directa de entrada al Romanticismo. 

El concierto ha puesto de manifiesto el indudable entendimiento existente entre orquesta y director, en una nueva muestra de la compenetración mutua que se traduce en resultados interpretativos de intachable altura y excelente nivel. Ese magnífico ejercicio de épica musical como es La victoria de Wellington, considerada por el propio Beethoven y por no pocos hoy en día como una obra menor y de circunstancias, tuvo una deliciosa puesta en escena a cargo de los jóvenes instrumentistas de la orquesta en metales y percusiones. Zacharias comenzó eligiendo tempi morosos para los populares temas que describen a cada uno de los ejércitos enfrentados y, tras el fragor de la batalla, que contó con carracas y bombos para ilustrar los sones bélicos, el director alemán optó al final por destinar a un reducido grupetto de cuerdas el pasaje fugado antes de la brillante coda, una decisión que compartió en el último movimiento de la Eroica

Si bien la primera obra estuvo imbuida de todo su aparato, en el Concierto para piano nº 3 Zacharias quiso apostar por un equilibrio entre clasicismo y romanticismo. Dirigiendo desde el piano y atendiendo diligentemente a todas las entradas de la orquesta, la mesura en la digitación, la elegancia y musicalidad de su fraseo en comunión con las réplicas orquestales, todo estuvo en consonancia a la hora de encaminar esta obra a su herencia clásica, y sin cesar nos llegaban refinadas sonoridades mozartianas, no ya en el poético Largo, de evanescentes ropajes, sino en el en todo momento equilibrado Allegro con brio inicial, del que Zacharias supo pintar espléndidamente los claroscuros coronando en una cadencia de refinado y regulado discurrir.

Era necesario cargar las tintas en la sinfonía que supone el punto de inflexión entre ambas etapas de la música, y eso Christian Zacharias lo hizo notar a nivel interpretativo en una orquesta que respondía a todos sus criterios. Lo mejor de la Eroica estuvo en los dos primeros movimientos, que tuvieron tanto esa impronta propia de alguien que rompe con el pasado pero que a la vez conserva orgullosamente sus orígenes. La 'Marcha fúnebre' fue toda una demostración de elocuencia dramática y narratividad bien entendida. Grata velada donde se pudo disfrutar de un gran Beethoven gracias al arte de Christian Zacharias, quien sirvió heroísmo a un concierto que venía a reivindicar la figura del músico alemán como ciudadano europeo. Hoy, sin duda, no dejaría de serlo. 

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