Entrevistas

Michael Chance, de “contratenor” a director artístico del Grange Festival

Agustín Blanco Bazán

miércoles, 29 de enero de 2020

“Tiene razón Jochen, la denominación correcta es 'alto masculino' no 'contratenor'” me confirma Michael Chance (1955) cuando le cito lo que me dijo una vez Jochen Kowalski. Y sigue: “la terminología de contratenor salió a la moda después de que Michael Tippet descubriera a Alfred Deller, elogiara su maravillosa voz y dijera que podía llamarse contratenor, como reverso de oposición al cantus firmus tenoril. Tippet escribió para Deller arreglos de Purcell. Pero nuestra voz se define mejor como ´alto´, digamos como la de Christa Ludwig. En mi caso, tuve la suerte de ser grabado en un exagerado número de CDs, con lo cual se expandió la apreciación de mi voz como de ‘contratenor’. “

También se expandió en vivo, en las más grandes salas de ópera y concierto del mundo. De ellas me interesa recordarle su actuación en la apertura de la nueva sala de Glyndebourne en el papel de Orfeo en The Second Miss Kong de Harrison Birtwistle.

Chance: “Es una opera difícil porque gira sobre arquetipos (Orfeo, Vermeer y su joven de la perla, King Kong), y sobre temas como la memoria, el legado cultural, etc. Fue importante trabajar con Birtwistle, quien se mostró muy flexible cuando le sugerí que no enfatizara tanto en el registro agudo/agudísimo en sus composiciones sino que se concentrara más en el medio, que es donde las voces son más interesantes.”

Y de Orfeo pasó a Apolo en Muerte en Venecia.

“Ah, éste es un papel interesante. Ocurre que Britten escribía para voces determinadas y en el caso de los ´contratenores´, le hizo el Oberón a medida de Alfred Deller, y Apolo para James Bowman. Oberón es más melifluo, Apolo más dramático. En fin, he aquí algo importante para los compositores de ópera: que escriban para cantantes con quienes pueden trabajar juntos, como lo hacían Mozart y muchos otros. La conversación con el cantante es siempre interesante y vital tanto para este último como para el compositor.”

Uno de los que escribió para Michael Chance fue Taverner:

“Sí. Era un compositor muy difícil que elegía sus cantantes. Por ejemplo, Patricia Rozario era su musa como soprano. En mi caso influyó el hecho de que sus composiciones religiosas seguían la liturgia griega y yo conocía muy bien esta forma de cantar por haber pasado muchos veranos de la infancia en Grecia y haber escuchado cómo cantan los monjes griegos. Muy diferente a los rusos, por cierto. ¡Pero las cosas que Taverner podía llegar a pedir! Recuerdo una vez en que me insistió que tenía que hacer un pianísimo de tres ppp con la indicación de ‘más tierno de lo que es humanamente posible’!”

Mi entrevistado ejemplifica todas estas citas con una burlona entonación vocal. Aparte de su humor, Chance es culto, bien leído y vivaz en su curiosidad. Es por culpa de ello que por momentos la entrevista dejó de ser tal para transformarse en una conversación, como cuando hablamos de la relación entre W. H. Auden y Benjamin Britten, el teatro Colón de Buenos Aires, cantantes del pasado y del presente, e investigación histórica de partituras. La mezcla de humor y profundidad analítica es típica de una educación refinada, en este caso gracias a Eton y Cambridge. Últimamente la fama de Eton se ha manchado con la reputación de un alumno flojísimo que hoy encabeza el populismo de derechas como Primer Ministro de Gran Bretaña:

“Es cierto, pero también dos de las más grandes figuras del pensamiento de izquierda inglés pasaron por Eaton: Orwell y Keynes. Y créame que la filosofía educativa no es preparar políticos del establishment, sino de descubrir vocaciones para lo que sea. Hace un tiempo estuve en una fiesta de exalumnos y la mayoría eran poetas y carpinteros. Y la formación musical era excelente: lo primero que hacían cuando los padres lo dejaban a uno en la entrada (a los ocho años) era hacerle cantar una nota sopranil, y uno no acababa de terminarla cuando lo despachaban como un paquete al primer o al segundo coro. A mi me pusieron en el primero. Pero a más de cantar uno podía estudiar archivos de incomparable riqueza. Por ejemplo, la biblioteca conserva un Eton choir book del siglo XV que se salvó del saqueo durante la escisión religiosa de Enrique VIII por el hecho de ser el colegio una institución privada. “

En 2015 Michael Chance fue nombrado director artístico del veraniego Grange Festival, en el modelo de Glyndebourne, sólo que en un lugar más idílico y fastuoso, como lo es este palacio sugestivamente semi-ruinoso de Hampshire, con un gran lago y parques ondulados para perderse caminando o hacer el consabido picnic. El año pasado Mundo Clásico reseñó unas Bodas de Fígaro y un Falstaff de gran calidad representados en el pequeño teatro de capacidad para aproximadamente 600 personas. 

“Yo elijo tanto el repertorio como los cantantes porque creo que este tipo de tareas no se cumple a través de un cuerpo colegiado. Y busco no sólo locales sino buenos cantantes internacionales teniendo en cuenta el repertorio. Por ejemplo, he seleccionado cuidadosamente cantantes italianos para la Cenerentola de la próxima temporada, por necesidades de fraseo, vocalización, e incluso sentido del humor. Y en lo que a repertorio respecta, comprendo en interés por obras olvidadas o consideradas de segunda o tercera que a veces deben ser descubiertas, pero por el momento elijo obras en las que creo cien por ciento. “

El programa a desarrollar en junio y julio de este año incluye, aparte de Cenerentola, Sueño de una noche de verano (Britten), Manon Lescaut y…. My fair lady. También habrá un recital de danza de Wayne McGregor. Mi entrevistado coincide en que la proliferación de festivales veraniegos en Gran Bretaña es posible gracias al enorme fondo de instrumentistas pertenecientes a muchas orquestas de vacaciones. En el caso de Grange el mayor aporte viene de la orquesta más antigua de Inglaterra, la Bournemouth Symphony. La filosofía escénica es más bien conservadora pero inteligente:

“Mire, yo creo que lo más importante es desafiar sin choquear o espantar. En esto sigo a Glyndebourne. Y por supuesto que lo más importante es el nivel artístico, pero en un festival veraniego no es posible separar la calidad de un espectáculo del ritual que atrae al público a emperifollarse para la ocasión, y viajar a una casa de campo lejos de su domicilio para combinar arte con paisaje, arquitectura, picnics o caminatas. Y disiento con esa actitud de pretender a toda costa adaptar la ópera a alternativas de renovación que se piensa atraerán a un público más joven o una mayor audiencia. Por supuesto que esto último es algo importante para tener en cuenta. Pero no se trata de que la ópera deje de ser lo que siempre ha sido como atracción artística.”

Pero hay más. Michael Change quiere transformar a Grange en un teatro particularmente adaptable al bel canto.

“Y le advierto que en mi caso me gusta utilizar la expresión bel canto también para Händel y Mozart. Pero en fin, lo que quiero decir es que con este teatro de dimensiones más bien pequeñas, me interesan voces un poco al estilo Tito Schipa, de esas que corren con espontaneidad y sin estereotipos.”

En el prólogo del programa del Grange Festival de 2019, Chance describe el teatro Colón de Buenos Aires como la mejor casa de ópera del mundo. ¿Por qué?

“Por ese milagro de acústica perfecta en medio de esas grandes dimensiones y espaciosidad. Allí tuve la oportunidad de cantar L’Incoronazione di Poppea y no sé si usted ha podido ver la maravillosa galería de fotos y recuerdos. Allí encontré el aforismo de Erich Kleiber que menciono en el programa: ‘Improvisación y rutina son los enemigos del buen arte'"

Chance advierte que como todo aforismo éste es de un valor relativo, paradójico y de acuerdo a las circunstancias: improvisación y rutina no pueden llevarse al extremo porque entonces exterminarían el arte que pretenden servir, pero son tonificantes en dosis moderadas como método de trabajo y cuando se balancean una con otra. El otro aforismo mencionado en el programa es: Res severa est ominun gaudium, algo así como “regocijarse es un asunto serio” según puede leerse en letras doradas sobre la escena de la Neue Gewandhaus en Leipzig.

Chance: “es de Séneca. Un poco sombrío pero también instructivo en el sentido que para gozar de algo hay que tomar seriamente la tarea de originar este goce.”

He aquí la filosofía que anima la complejidad y el optimismo de su Grange Festival. 

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