Alemania

¡Bravo Jonas!

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 12 de febrero de 2020
Düsseldorf, martes, 28 de enero de 2020. Gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. Mein Wien (Mi Viena). Aires y dúos de operetas de Johann Strauß, hijo (1825 – 1899), Robert Stolz (1880 – 1975), Emmerich Kalmán (1882 – 1953), Franz Lehár (1870 – 1948) y Rudolf Sieczynski (1879 – 1952). Solistas: Jonas Kaufmann (tenor) y Johanni van Oostrum (soprano). Orquesta Prague Philharmonia. Director, Jochen Rieder. 100% del aforo

El tenor alemán Jonas Kaufmann (Múnich, 1969) es todavía capaz de llenar grandes estadios deportivos con sus conciertos. No es de extrañar, por lo tanto, que el millar de localidades para el recital de este martes 28 de enero en la gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf haya quedado rápidamente agotado, tras anunciarlo sus organizadores Heinersdorff Konzerte meses atrás.

Mein Wien se titula este romántico e imaginario paseo de Kaufmann por las calles y los barrios de la musical Viena entre los siglos XIX y XX, junto con la magnífica soprano sudafricana Johanni van Oostrum y la orquesta Prague Philharmonia, dirigida por Jochen Riedler.

Kaufmann reside en Viena con su familia, y en este precioso homenaje que le rinde con su voz, apoyada por dos micrófonos (de formato histórico, como los de la década de 1940-1950), nos trae una muy fresca brisa de la ciudad y sus habitantes.

Como ya lo constataran Wolfgang Amadé Mozart, Ludwig van Beethoven y Franz Schubert en sus respectivas épocas, ese peculiar y entrañable espíritu local de Viena es demasiado complejo como para poder retratarlo fielmente en un concierto y menos aún, en su caso concreto, con una música tan universal como la que ellos compusieran.

Sin embargo, Johan Strauß (hijo), Emmerich Kalmán y Franz Lehár con sus operetas, así como Robert Stolz y Rudolf Sieczynski con sus canciones, logran allegarnos de alguna forma al alma de los vieneses de aquel entonces y quizás también de hoy.

Los vieneses siguen siendo tan comunicativos y algo superficiales, como siempre, y hablan de todo, aunque no sepan nada del tema que están discutiendo. Jamás se les oirá decir que no saben o que no tienen opinión alguna sobre algún polémico asunto en cuestión. Su espíritu es hoy una mezcla de malhumor y cortesía aparente. Son amistosos cuando es absolutamente necesario serlo y se sienten especialmente felices de ayudar a los turistas, cuando éstos se muestran interesados en conocer el esplendor y la magnificencia de su otrora urbe imperial. Los vieneses se avergüenzan de tener personas sin hogar en su sociedad y suprimen, tanto como sea posible, este lado oscuro de su metrópolis.De todas formas el amor prima entre todos y el mínimo común denominador que los une es el cariño por su entrañable ciudad; perfectamente explicable, por otra parte.

Con poética ironía el compositor Georg Kreisler (Viena, 1922 – Salzburgo, 2011), quien se autodefinía como anarquista, y su mujer, Topsy Küppers (Aquisgrán, 1931), nacionalizada austríaca, escribieron una canción entonada en tonalidad grave por Kaufmann en los bises y que describe en dialecto vienés ese, para nosotros forasteros, inextricable espíritu.

La muerte (der Tod, es masculino en alemán) tiene que ser vienesa...lo mismo que el amor es una francesa; solo una vienesa te puede llevar puntualmente al cielo, ya que tiene el olfato y el buen tono para hacerlo, cuenta este Lied:

(…) Der Tod, das muss ein Wiener sein,

Genau wie die Liab a Französin.

Denn wer bringt dich pünktlich zur Himmelstür,

Da hat nur a Wiener das Gespür dafür,

Der Tod, das muss ein Wiener sein,

Nur er trifft den richtigen Ton,

Geh Schatzerl, geh Katzerl, ja was sperrst...

La presente gira europea de Kaufmann comenzó el 7 de enero en Múnich, tras haber presentado en octubre pasado en un concierto en Viena su nuevo disco compacto con la orquesta Wiener Philharmoniker. La intensa tournée proseguía por Budapest, Stuttgart, Berlín, París, Hamburgo, Bruselas, para culminar en Lucerna y en Baden-Baden. Entretanto, el tenor sufrió un constipado y tuvo que cancelar una presentación en la ciudad de Nuremberg.

Pero, en Düsseldorf cantó, algo recuperado ya, cuidando mucho de no exagerar en los agudos. El grandioso do de pecho se lo reservó con todas sus fuerzas para la última pieza del programa, Wien, du Stadt meiner Träume, el opus 1 y el de mayor éxito de Sieczynski:

Wien, Wien, nur du allein

sollst stets die Stadt meiner Träume sein

Dort wo ich glücklich und selig bin,

ist Wien, ist Wien, mein Wien!

Los micrófonos, explica el tenor ante la platea, son para captar todas las sutilezas de su registro en los pianissimos. Riedler, de todas formas, puso mucho celo en que la orquesta Prague Philharmonia, muy clara y equilibrada en la ejecución, no lo tapara con su fuerte sonido. 

Tras la experiencia vivida en enero de 2019 en la Elbphilharmonie, donde no canta más (lo hace en cambio en la Laieszhalle de Hamburgo, con mejor acústica), Kaufmann pone especial esmero en no forzar demasiado su voz y hacerse audible desde cualquier sector de la platea. 

Toda la primera parte estuvo dedicada a Johann Strauß (hijo). Después de la marchosa obertura de Una noche en Venecia vino la polca Tik-Tak y el jolgorio ya estaba servido. No había por qué temer en absoluto que Kaufmann, con su voz encallecida por Bayreuth, hiciera trizas los tiernos aires de las operetas. Suena muy bien, con dinamismo y variando los tonos agudos en Sei mir gegrüßt, du holdes Venezia, la canción del duque en el primer acto de Una noche en Venecia. El dialecto vienés le sale asimismo fluido y sin dificultades. Las tonalidades medias le resultan más cómodas en estas circunstancias.

La soprano van Ostrum (Pretoria, 1990), una revelación en materia de timbre, potencia y modulación, apoya decididamente y con gran energía a Kaufmann en la tarea; verbigracia en el dúo Dieser Anstand, so manierlich, así como en el aire Klange der Heimat, de El murciélago tuvo un lucimiento impresionante, al igual que en Lippen schweigen, el dueto de Danilo y Hanna del tercer acto de La viuda alegre.

Cinco bises entregó Kaufmann, uno de ellos memorable con van Oostrum, el dúo de la opereta Der Vogelhändler (El vendedor de pájaros o el Tirolés), de Carl Zeller (1842 – 1898): 

Schenkt man sich Rosen in Tirol

Weißt du was das bedeuten soll?

Man schenkt die Rosen nich allein

Man gibt sich selber auch mit drein

Meinst du es so, dann Liebste sprich,

Meinst Du es so, so tröste mich,

Gib mit der Rosen nun auch dich (…)

Con gran belleza asimismo Kaufmann entregó ese embrollo de tonalidades de Im Prater blüh'n wieder die Bäume, la copla en la que Robert Stolz, cuya estatua se erige precisamente en el parque de diversiones al que alude, el Prater de Viena, le canta a la llegada de la primavera y del amor a la ciudad: 

(…) Im Prater blüh'n wieder die Bäume,

es leuchtet ihr duftendes Grün.

Drum küss nur, küss, nicht säume,

denn Frühling ist wieder in Wien!

Al final, el auditorio de la Tonhalle se convirtió en algo así como una sala de estar en la que el tenor, acompañado solo por el piano (no por toda la orquesta, aunque los demás músicos permanecían en sus respectivos sitios), deleitaba con más tonadas vienesas y con mayor desenfado aún a sus admiradoras y admiradores, que por nada del mundo querían dejarlo ir. Una decena de veces salió al escenario entre incontenibles aclamaciones y atronadoras ovaciones del público que agradeció - Danke!!! Danke !!! - con esa sencillez y bonhomía que lo caracterizan. 

¡Bravo Jonas! ¡Enhorabuena! En marzo próximo Londres tendrá oportunidad de admirarlo en el papel de Florestán, en una nueva producción de Fidelio, en la Royal Opera House, bajo la régie de Tobias Kratzer y dirección musical de Antonio Pappano.

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