Entrevistas

Entrevista con Orfilia Sáiz Vega: Mi línea va a ser la de abrir colaboraciones con instituciones

Raúl González Arévalo

viernes, 14 de febrero de 2020
Orfilia Sáiz Vega © 2020 by Carmen Navarro Aparicio

En noviembre de 2019 Orfilia Sáiz Vega tomó posesión como nueva directora de la Real Academia de Bellas Artes de Granada. Los medios de comunicación han destacado que es la primera mujer en ocupar el cargo de una institución centenaria. Profesora de violonchelo en el Conservatorio Profesional de Música “Ángel Barrios” de la ciudad de la Alhambra, también ha desarrollado una importante carrera como solista y como integrante del Trío Vega. Hablamos con ella en la sede de la Academia, el Palacio de la Madraza, de la institución, de la situación de la Música en España, de los planes de estudio y de las dificultades para conciliar docencia e interpretación.

Raúl González Arévalo: ¿Qué es lo que te llevó a entrar en la Academia, cómo llegaste a la institución?

 

Orfilia Sáiz Vega: Las academias no son instituciones familiares para los músicos, que no tienen una academia propia. Pero esta Academia decidió incluir una sección de música de la mano de García Román, y contar con compositores y musicólogos, pero también con intérpretes por considerar que su visión de las Artes y del mundo artístico procedía de un contacto directo a través de los escenarios. Yo entré hace cuatro años de la mano de Javier Herreros y Juan María Pedreo, pianista y organista respectivamente.

RGA: ¿Sobre qué versó tu discurso de ingreso?

OSV: Técnica interpretativa y pedagogía del violonchelo. Al principio lo había orientado completamente a técnica interpretativa y el análisis musical como herramienta de estudio y de trabajo, pero me sugirieron que incluyera una introducción histórica, de modo que añadí un prefacio sobre la historia del violonchelo y su pedagogía.

RGA: Y en este tiempo tan breve, ¿cómo llegaste a la dirección?

OSV: El antiguo director, Jesús García Calderón, renunció a presentar su candidatura para un segundo mandato, así que hubo que ver qué se hacía. Enseguida me di cuenta por diversas vías que la intención de voto confluía en mí. Mi primera reacción fue de escepticismo, encontraba que no era el momento porque realmente llevo poco tiempo. Pero maduré la propuesta y tuve muy presente el cúmulo de circunstancias, las de la Academia y las propias: soy más joven que el resto de académicos; soy mujer, lo que viene bien a cualquier institución que esté dispuesta a tener a una al frente, y en el horizonte está la candidatura de la capitalidad cultural de Granada para 2031.

 

Desde el principio he gozado de las simpatías de las diferentes secciones. De alguna manera me convertí en el único punto de encuentro en el que todos estaban de acuerdo. Visto de esta manera, aunque no estaba obligada, sentía la responsabilidad de poder facilitar las cosas.

RGA: Cuando estas instituciones nacieron en el siglo XVIII incluyeron las tres Artes clásicas, Pintura, Escultura y Arquitectura. La Música entró mucho más tarde. ¿Qué papel tiene en la Academia hoy día?

OSV: Desde su creación la sección de música ha sido muy activa. Los músicos tenemos fama de tener una manera de conducirnos bastante matemática, una visión creativa y una parte artística. Esto significa que somos muy organizados y disciplinados en el trabajo, con mucha capacidad de dedicación porque lo da la profesión. Creo que aportamos un sentido práctico, diligencia, organización. Funcionamos particularmente acompasados (¡y con esto no quiero decir que los demás no funcionen!). Siempre ha habido músicos en los cargos directivos desde que entramos en la Academia.

RGA: Las academias se fundaron durante la Ilustración. Los tiempos han cambiado mucho, estamos en el siglo XXI y eres la primera mujer directora, pero en Granada solo hay tres mujeres de un total de 33 académicos. ¿La modernización de la institución es un reto? ¿Por qué no hay más mujeres, hay alguna previsión de darles más cabida?

OSV: Heredamos lo que viene del pasado, incluyendo las personas que se proponen a la Academia. Además, se proponen candidatos no solo por su valía profesional, sino que se intenta que tengan un perfil académico y un comportamiento ético profesional que les ayude a comprometerse con unos valores de defensa de la institución, apolítico y aconfesional, sin ningún otro tipo de intereses.

RGA: ¿Como un código deontológico? ¿Ser apolítico y aconfesional son valores conscientes y buscados?

OSV: Sí. Al mismo tiempo, la Academia cuenta como miembro con Francisco Juan Martínez Rojas, deán de la Diócesis de Jaén. Entró recientemente y, aunque pueda parecer un anacronismo, no lo es porque buscamos tener una representación de todos los sectores de la sociedad. En nuestro ámbito (Almería, Jaén y Granada) aportaba algo de lo que carecíamos, y no tener nadie de la esfera religiosa (lo que en su caso es completamente accesorio) por razón de su pertenencia tampoco parece justificado. Otra cosa es que hubiese toda una sección de eclesiásticos.

Ese código existe. Cuando uno viene a la Academia el director explica lo que se espera del nuevo miembro. Uno de los valores más importantes es el compromiso desde valores éticos profesionales, que los académicos sean lo menos corrompibles posible por intereses políticos o culturales, en el sentido de usar la institución para la promoción personal y el beneficio propio.

Volviendo a la presencia de mujeres, la composición actual es consecuencia de la sociedad que hemos sido. En el ámbito universitario hace años, en cuanto se subía un poquito en el escalafón, no había tantas mujeres, y a día de hoy sigue habiendo menos mujeres catedráticas que hombres. Dado que hablamos de una selección de la parte superior de la pirámide en todos los ámbitos, hay una explicación lógica de la situación hasta ahora, aunque no me parezca correcta. El deseo de que eso cambie existe. En los últimos tiempos hemos entrado prácticamente seguidas María Teresa Martín Vivaldi y yo.

Por otra parte, la modernización no pasa solo porque haya más mujeres, algo que, además, dicho así, me parece absurdo. Las mujeres no modernizamos nada. Tiene que haber más mujeres, pero de una manera natural. No me gustaría que hubiera un cupo en cada sección. Lo he dicho en mi Salutación: me gustaría que no tuviéramos que estar hablando de esta cuestión, aunque entiendo que hay que hacerlo. En definitiva, imagino que la Academia irá incorporando mujeres al mismo ritmo que su presencia aumenta en el ámbito social, artístico y académico.

Tampoco hay que olvidar que hay disciplinas que acusan más la ausencia de las mujeres: Escultura y Arquitectura tienen pocas, mientras que Pintura las ha tenido desde el principio. Sin embargo, en Arqueología las primeras han sido todas mujeres: Joaquina Eguaras, su hija Ángela Mendoza Eguaras, y Margarita Órfila Pons. Y no me quiero olvidar de Josefa Bustamante, una pianista muy conocida en Granada.

RGA: Tu antecesor, Jesús García Calderón, en el discurso de salida hablaba de “críticas respetuosas” a la Universidad de Granada por no haber logrado que se abriera la antigua puerta de ingreso desde la escalera monumental del Palacio de la Madraza. Como nueva directora, ¿te gustaría impulsar algún tipo de acuerdo o colaboración con la UGR?

OSV: Como directora mi línea va a ser la de abrir colaboraciones con instituciones. Creo que la colaboración es necesaria y servimos para eso, como órgano consultivo que aporta una garantía de imparcialidad y de rigor, sin ponernos medallas porque las medallas las ponemos a otros, pero no nos las dan: todo lo que hemos hecho ha sido, literalmente, por amor al Arte, con el único interés de que estuviera bien hecho.

Con la universidad ha habido muchas colaboraciones y sigue habiendo miembros que son profesores jubilados, pero evidentemente proceden de su ámbito académico. La verdad es que en el pasado las relaciones han sido difíciles. Desgraciadamente, siempre se han visto empañadas por aspectos de tipo económico o de egos, y me parece una lástima.

RGA: Viendo los fondos que tenéis en la Academia se me ocurre que cualquier persona que se interese en la evolución cultural, social y política de Granada desde el siglo XVIII tiene un archivo espléndido para investigar. Darían visibilidad a los fondos, poniéndolos en valor, y al mismo tiempo habría una transferencia al ámbito científico, pero también a la sociedad, proyectando la Academia.

OSV: Hay dos problemas para que esto se pueda llevar a cabo. Desgraciadamente, desde que la Junta de Andalucía nos quitó a todas las academias la dotación con la que se hacían actividades, la asignación económica ha quedado reducida a pagar a la persona que viene por la mañana, la limpieza y las facturas. La asignación es muy pequeña. De hecho, una de las primeras misiones que me interesan atañe a esta cuestión: hay unos fondos muy interesantes, pero no hay suficiente dinero para protegerlos ni personal para permitir su consulta abierta el público.

He llegado a la conclusión de que una de las maneras de proteger el patrimonio y que al mismo tiempo esté disponible es la digitalización de los fondos. Es lo único que permite probar que son nuestros si faltan en algún momento, y permite la consulta sin la necesidad de tener a alguien presente de modo permanente. El problema es que cuesta mucho dinero y partimos de una situación en que solo hay una catalogación parcial. Si se quiere hacer una consulta presencial se concierta una cita, es el sistema que tenemos vigente.

RGA: Tú tocas tres palos de la música. La faceta institucional que hemos abordado; en el ámbito docente eres profesora en el Conservatorio Profesional Ángel Barrios, y además como intérprete has actuado en calidad de solista[1] y como miembro del Trío Vega. Desde esa posición en los tres ámbitos, ¿ves fluidas las relaciones entre ellos o crees que están ajenos los unos a los otros?

OSV: Están demasiado compartimentados; me consta que hay una voluntad de querer acercarlos, pero es difícil porque hay mucha gente a la que ni le interesa ni lo ve necesario, y pesa mucho.

RGA: ¿Crees que hay miedo a las injerencias?

OSV: Sí. Totalmente. No por el reconocimiento de méritos, sino por lo que tradicionalmente se ha entendido como cortijillos. Es muy cómodo trabajar en un ámbito familiar, conocido. Las condiciones son cómodas y flexibles, pero eso no debería conseguirse solo a base de cerrarnos porque aísla, empequeñece y empobrece. Siempre he encontrado que el conservatorio tiene muy poca conexión real con el mundo de la interpretación. Parece que si uno tiene una carrera como intérprete pertenece a otra galaxia. No debería ser así en absoluto porque no tienen sentido el uno sin el otro. No quiero decir tampoco que todo el mundo en el conservatorio tenga que dedicarse a la interpretación, ni todos los intérpretes son necesariamente buenos docentes, pero sí creo que los buenos intérpretes lo son porque tuvieron una buena formación y deberían desear lo mismo para los demás.

La Academia tiene un proyecto muy bonito de lo que entiendo que es un ejemplo de colaboración: la Joven Academia de la Orquesta Ciudad de Granada. Originalmente fue nuestro, pero casi nadie lo sabe. José Carlos Palomares publicó la Memoria del proyecto original en 2002. Partió de aquí, de la sección de Música, en un momento en el que ni siquiera había intérpretes, lo que le da incluso más valor. Es fantástico cómo ha seguido a lo largo del tiempo, aunque ya esté desligado de nosotros. Funciona muy bien, pero tal vez podríamos inyectarle alguna novedad y reavivar la conexión que tenemos.

RGA: ¿La música es la asignatura pendiente de la enseñanza obligatoria en España?

OSV: Yo no diría eso porque me gustaría que no hubiera asignaturas como tales. Creo que la revolución de la educación en España debería pasar por tener una educación más flexible y no un currículo estructurado solo con asignaturas cerradas, evaluadas con valores cuantitativos. En esa formación que yo imagino estaría la música, por supuesto, me parece una auténtica barbaridad que no haya una continuidad artística. En 4º de la ESO ya no hay ni artes plásticas ni música. Si ofertas un Bachillerato Artístico me parece que su ausencia no es coherente.

RGA: Has vivido en el extranjero, ¿qué crees que podemos aprender de países de nuestro entorno? ¿Podemos estar tranquilos en comparación con Europa?

OSV: Te voy a responder en dos niveles, general y musical. A nivel musical soy bastante optimista en cuanto a la calidad de los intérpretes en España. Hace quince o veinte años solo había nombres españoles en las secciones de viento de las orquestas extranjeras. La cuerda, tradicionalmente, no tenía nivel competitivo con el resto de Europa. La gran inmigración que hubo en los años 80 desde Europa del Este nos inyectó una tradición que no teníamos. De repente vinieron muchos músicos, mejores y peores, que se quedaron y desarrollaron su actividad aquí. Aunque se les llegó a acusar de que nos quitaban el trabajo, lo cierto es que fue buenísimo porque suplieron la carencia que teníamos de instrumentistas de cuerda.

La situación hoy día no tiene nada que ver. Cuando yo me fui a estudiar a Suiza los que salíamos éramos cuatro gatos. Ahora la circulación es normal y continua. Me parece muy bueno porque se ha dado un salto tremendo. También ha vuelto mucha gente muy bien formada para ejercer aquí y los frutos ya se ven. En mi especialidad, violonchelo, antes era impensable ver en un concurso internacional a un chelista español, mientras que ahora llevamos temporadas que en un certamen tan prestigioso como el Chaicovsqui, o en otros de carácter junior (Dotzauer, Popper) el aumento de la presencia es increíble. En ese aspecto soy muy positiva con nuestro papel, tenemos que quitarnos el complejo.

Donde creo que tenemos que cambiar muchísimo es en la concepción del trabajo y de la formación oficial. Los formadores han vuelto pero se han incorporado al mismo sistema de antes, que se está parcheando, pero realmente no se ha construido como creo que merece el cambio que ha sufrido la disciplina. El sistema no ha sabido aprovecharlo para ponerse a su altura. Hay mucha gente de una calidad increíble trabajando en unas condiciones poco apropiadas. Lo hemos visto con la última convocatoria de cátedras de Madrid, con procesos que no hacen justicia a la gente que se presenta.

Al final, el cambio general que tiene que realizar España se reduce a valorar la Cultura de manera individual y estar dispuesto a pagar por ella, porque la Cultura cuesta dinero. Es una elección de vida que cuesta dinero a la sociedad. Algunas de las opiniones y visiones que tengo tan claras son por esa experiencia en el extranjero por la que me preguntabas antes, y que no cambio por nada porque ninguna otra cosa me la podría haber dado. No hablo de dos o tres años, hablo de más de diez estudiando y trabajando, creciendo en los dos ámbitos, pasando de uno a otro.

Cada uno habla de lo que conoce. Durante los años que trabajé en Suiza pude ver que la concepción del trabajo, común a muchos otros países como Inglaterra, es de freelance, que me encanta y creo que falta en España. Un trabajo por contrato, incluso por horas. El trabajo fijo en un porcentaje pequeño existe y me parece una solución muy buena para el empleo. Por ejemplo: el trabajo en la orquesta era un 30-40%, lo que se traduce en trabajar dos o tres semanas al mes, o dos proyectos de cinco; en el conservatorio oscilaba entre un 15% y un 20%, iba una tarde a la semana y veía todos los alumnos que me cabían, y el resto te van llamando cada vez más conforme asciendes en la escala de valoración. Es bueno porque fomenta la calidad profesional individual. Nadie te va a proteger y creces con lo que puedes ofrecer. Te tienes que actualizar constantemente porque, si no, dejas de ser competitivo.

Si me hubiera quedado en Suiza probablemente seguiría siendo freelance. No me daba ningún miedo. Aquí esto provoca inseguridad porque de una parte se trata muy mal y de otra no se sabe trabajar de esta manera, ni por el lado del que contrata ni por el de quien trabaja. Además, se cree que condiciona o impide tener una familia. Yo tuve mi primera hija allí, me sentía completamente segura. Solo tienes que adaptar los porcentajes, y esa flexibilidad está muy bien porque no es posible ofrecer lo mismo con treinta años que con cincuenta. ¿Por qué no aprovechar la energía que tenemos con veinticinco? ¿Por qué encerrar a un chaval recién salido del conservatorio superior a dar clases? Tendría que estar prohibido porque no has hecho nada, ¿qué vas a enseñar? Se desaprovecha, cuando podría estar haciendo cosas que con cincuenta apetece menos. Por ejemplo, las jornadas de ópera, que también he hecho, son durísimas para los que están en el foso, los ensayos son muy largos, acaban muy tarde, a horas intempestivas, y si tienes hijos pequeños los salvas a base de canguros.

RGA: En realidad estás hablando de mentalidad y de estructura del mercado laboral, del papel del funcionariado y el maltrato al autónomo, que es un clamor social.

OSV: Estoy totalmente de acuerdo. Echo mucho de menos la posibilidad de poder hacer el trabajo de modo parcial y que se pueda elegir. En este momento de mi vida yo no trabajaría como funcionaria más que el 50% o 60% del tiempo (tres tardes a la semana en el conservatorio). El resto es problema mío; que no hubiera exclusividad ni incompatibilidad y pudiera ganar dinero haciendo lo que sé hacer, o desarrollarme en otros ámbitos de la vida en los que a lo mejor también ganaría dinero. ¿Por qué no? Además, permitiría que otra persona pudiera trabajar haciendo mi otro 40-50%, estaríamos dos para la misma plaza, flexibilizando el mercado laboral. Realmente no sé qué problema hay con que se pueda ganar otro dinero.

RGA: Quizás se parte de que si no hay dedicación exclusiva se resiente el compromiso docente.

OSV: Para mí eso es un error y no querer ver las particularidades. Podría entender que ocurra si hablamos de la Enseñanza Secundaria por múltiples motivos. Pero en el caso de un conservatorio, donde la enseñanza es individualizada, no. En Suiza se cobra por alumno, más un porcentaje de complementos. Fomenta la necesidad de tener buena fama porque los alumnos eligen al profesor. Aquí no nos dejan: se matriculan y se asigna un profesor. Vuelvo a lo de antes: aquí no valoramos la Cultura ni la calidad profesional. No se premia la excelencia. Solo se ponen normas que limitan. Y yo pido libertad y flexibilidad.

 
Notas

Entre sus próximas actuaciones se cuentan una actuación con la Orquesta Ciudad de Granada en el Palacio de Festivales de Cantabria en mayo de 2020.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.