Alemania

O Fledermaus, o Fledermaus, laß endlich jetzt dein Opfer aus!

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 26 de febrero de 2020
Norbert Ernst y Anke Krabbe © 2020 by Hans Jörg Michel Norbert Ernst y Anke Krabbe © 2020 by Hans Jörg Michel
Düsseldorf, domingo, 2 de febrero de 2020. Deutsche Oper am Rhein. Opernhaus Düsseldorf. Die Fledermaus (El murciélago), opereta en tres actos de Johann Strauß (hijo), con libreto en alemán de Carl Haffner y Richard Genée, basado en la comedia alemana Das Gefängnis (La prisión) de Julius Roderich Benedix, inspirada a su vez en un vodevil, Le Réveillon, de Henri Meilhac y Ludovic Halévy, estrenada el 5 de abril de 1874 en el Theater an der Wien en Viena. Régie Axel Köhler. Escenografía y vestuario Frank Philipp Schlössmann. Iluminacion Volker Weinhart. Dramaturgie Hella Bartnig. Intérpretes: Gabriel von Eisenstein (Norbert Ernst), Rosalinda, su esposa (Anke Krabbe), Frank, alcalde de la prisión (Stefan Heidemann), príncipe Orlofsky, noble ruso (Maria Boiko), Alfredo, cantante italiano (Jussi Myllys), Dr. Falke, amigo de Gabriel (Christoph Filler), Dr. Blind, abogado de Gabriel (Luis Fernando Piedra), Adela, criada de Rosalinda (Lavinia Dames), Ida, su hermana (Helene Günther, papel hablado), Frosch, carcelero (Wolfgang Reinbacher, papel hablado). Corefografía Mirko Mahr. Bailarinas: Amanda Cruz-Portuondo, Birgitt Mühlram, Ewa Bienkowska, Sofia Klein-Herrero, Anna Pawlowa-Lichtenwald, Chin-A Hwang, Marina Aikaterini Rouka, Chiara Jovy. Coro de la Deutsche Oper am Rhein, preparado por Patrick Francis Chestnut. Figurantes de la Deutsche Oper am Rhein. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Director Benjamin Reiners. 100% del aforo.
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Poner en escena una obra tan divertida como El murciélago, de Johann Strauss (hijo), sin que caiga en lo grotesco, es un desafío tanto o mucho mayor que llevar al escenario la creación y el fin del mundo en un entorno razonablemente convincente.

El regista (y contratenor) Axel Köhler (Schwarzenberg/Erzgebirg, Sajonia, 1960) formado en el Conservatorio de Música Carl Maria von Weber de Dresde, del cual es su rector desde 2019, se ha atrevido a abordar exitosamente esta tarea con la opereta de las operetas en la Deutsche Oper am Rhein ambientándola en Düsseldorf.

La opulenta escenografía y el rico vestuario de los intérpretes, el coro y las bailarinas, todo diseñado por un gran experto en este campo, Frank Philipp Schlössmann (Bad König/Odenwald, sur de Hesse, 1963), formado en el Mozarteum de Salzburgo, están enmarcados como los cuadros de finales del siglo XIX, acentuando la distancia de la humanidad viva y real en la Época de oro de la opereta vienesa.

Eran aquellos los tiempos del pánico de 1873, con la caída de la Bolsa de Viena, y la Gran Depresión de alcance global que se extendería hasta 1879, coincidiendo con la Segunda Revolución Industrial. Muchos especuladores irían a la carcel, entre ellos algunos famosos personajes de la burguesía adinerada del Imperio Austríaco.

De ahí toda esta parodia, con la gran fiesta del príncipe ruso Alexander Orlofsky, de tintes carnavalescos, a la que asisten nuevos ricos y sus criadas y donde corre mucho alcohol de alto porcentaje y champán. Hasta un cohete, de esos que van al espacio, está preparado en medio del sarao para despegar, y despega efectivamente, al final del segundo acto en medio de una nube de humo.

La pieza fue escrita y terminada en 42 días, pero su estreno tuvo que ser varias veces pospuesto por la referida crisis hasta que por fin tendría lugar en el Theater an der Wien el 5 de abril de 1874.

Todo es muy irónico y kitsch, sobre todo el apartamento (rodeado por un segundo marco dorado) del burgués elevado a la nobleza Gabriel von Eisenstein (excelentemente encarnado por el tenor austríaco Norbert Ernst, vienés por más señas) y su mujer Rosalinda (maravillosa la soprano alemana Anke Krabbe), a quien cuando su marido no está en casa la visita el ex novio y cantante italiano Alfredo Lambrusco Parmigiano (magnífico el tenor finlandés Jussi Myllys): Täubchen, das entflattert ist (...) Palomita, que te has escapado (…). Estupenda asimismo la soprano Lavinia Dames encarnando a la criada Adela en el aire Ach, warum schuf die Natur mich zur Kammerjungfer nur? (Ah, ¿por qué la naturaleza haría de mí una simple doncella?), nada más comenzar el primer acto.

El público lloraba literalmente de la risa por las escenas y las cómicas ocurrencias de la puesta, porque además la régie asimilaba explícitamente los sucesos de aquel entonces con los casos de corrupción y evasión de impuestos de los nuevos ricos de Renania del Norte Westfalia en nuestros días. El elenco entero se luce en gran medida: el príncipe Orlofsky de la imponente mezzosoprano Maria Boiko, el notario Dr. Falke del barítono Christoph Filler, el Dr. Blind del tenor costarricense Luis Fernando Piedra, así como Ida, la hermana de Adela, de la soprano Helena Günther.

Cada número es realmente digno de un cuadro como muestran las fotos y el vídeo adjuntos. Los numerosos temas musicales, muy popularizados desde aquel entonces, son sumamente pegadizos. La obra es un dechado de creatividad, desde la obertura hasta la última interpretación vocal. El coro de la Deutsche Oper am Rhein, exdelentemente preparado por Patrick Francis Chestnut, y el ballet, muy bien coreografiado por Mirko Mahr, son un festín para los oídos y los ojos.

Pero la gente también va a ver este versión por Frosch, el impagable y borracho carcelero, un papel solo hablado, pero muy histriónico al que da vida el veterano actor austríaco Wolfgang Reinbacher, de 78 años. Bajo los efectos del glicol que acababa de beber de una botella con líquido para la limpieza, el mano derecha de Frank (insuperable Stefan Heidemann) ---el alcalde de la prisión que también llega tambaleándose no menos beodo a su despacho--- entona con voz carrasposa en el tercer acto una popular y entrañable canción vienesa (en ese dialecto) titulada In der Kellergassen:

Wenn ihr wissats, mein Gott, wo i jetztn bin,

ja, der Wein, das Luder, macht an ganz bled und hin.

Vom bladen Czermak-Wirt bin ich zuletzt fort,

das ganze Geld hab i versoffen dort.

In der Kellergassen,

i kanns gar ned fassen,

sitz i ganz verlassen auf einem Schwein.

Ja, glaubst denn du mein Schweinderl,

du mein liebes Freunderl,

das kommt nur vom Weinderl ganz allein?

Nein, nein das kommt vom Herzen,

von die Liebesschmerzen, ganz allein,

Ja, ja, ja ganz allein

In der Kellergassen, sitz ich jetzt ganz verlassen,

mit an Aug, an nassen und i wein.

Und ihr Pupperln, ihr Pupperln ihr sollt es nur alle hör'n

jede will einen foppen und keine hat an wirklich gern,

aber von der Mizzi, von der Mizzi hätt i mir das niemals denkt,

dass grad die sich an en anderen an an andern hängt!

der Schlampn

In der Kellergassen, i kanns gar ned fassen,

sitz ich jetzt ganz verlassen auf diesem Schwein.

Glaubst denn du mein Schweinderl,

du mein liebes, liebes Freunderl,

das kommt nur vom Weinderl ganz allein?

Nein, das, das kommt vom Herzen,

von den Liebesschmerzen ganz allein.

Ja was is, du glaubst mer doch mein Schwein

Es en aquella prisión de Viena y en esta de Düsseldorf donde también los ricos, poderosos, bellos y corruptos de la alta sociedad acomodada pierden algunos de sus kilitos de más. Pocos, no muchos, porque para que estos ricos sean realmente ricos, otros deberán ser verdaderamente pobres, como decía sarcásticamente también, ya entrado el siglo XX, Bertolt Brecht.

La locura, la depravación y la prostitución (callejera, así comienza la opereta durante la obertura) de una ciudad de importancia mundial llevan finalmente a un catastrófico final feliz. Todo era una broma del Dr. Falke, amigo de Gabriel Eisenstein, a quien a lo último del tercer acto el coro (los invitados al festejo de Orlofsky) lo llama El murciélago, para que deje a su víctima: O Fledermaus, o Fledermaus, laß endlich jetzt dein Opfer aus! (¡Oh murciélago, oh murciélago, deja ya en paz a tu víctima!). Un imparable y merecidísimo alud de atronadores aplausos y ovaciones coronó esta excelente velada en la Ópera de Düsseldorf.

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