Italia

Juventud, belleza, lozanía: ¡Viuda Alegre cada día!

Andrea Merli
lunes, 3 de junio de 2002
Roma, sábado, 18 de mayo de 2002. Teatro Brancaccio. F. Lehár, La vedova allegra. Opereta en tres actos con libreto de Victor Léon y Léo Stein. (1905). Director de Escena y Coreografia: Gino Landi. Escenografia y Vestuario: Willy Orlandi. Iluminación: Alessandro Santini. Alberto Rinaldi (Barone Mirko Zeta), Donata Lombardi D'Annunzio (Valencienne), Alessandro Safina (Conte Danilo Danilowitch), Daniela Mazzucato (Anna Glawari), Max René Cosotti (Camillo de Rossillon), Gianluca valenti (Viscnte Cascada), Stefano Consolini (Raoul de Saint Brioche), Maurizio Leoni (Bogdanovich), Nadia Rinaldi (Sylviane), Antonio Conte (Kromow), Rosaria Ralli (Olga), Saverio Bambi (Pritschich), Gianna Coletti (Praskowia), Leo Gullotta (Njegus). Orquesta, Coro y Ballet del teatro dell'Opera de Roma. Director de Orquesta: Christopher Franklin. M° del Coro: Andrea Giorgi. Aforo: Localidades, 1800. Ocupación: 100%.
0,0002445 No hay la menor duda: la opereta tiene efectos terapéuticos. Sus argumentos ligeros, frívolos, desenfadados, máxime si están arropados por las exquisitas, elegantes, vaporosas melodias de Lehar (pero hay un largo etcetera encabezado por Offenbach, Strauss, Kalman y varios más) bajan por pecho con efectos balsámicos, favorecen la circulación sanguinea, tonifican la actividad cardiaca. Luz del alma, espuma del rio, candelita de oro puesta en un altar… Todo eso y más en esta época turbia y sin alientos de paz, puede llegar a ser La viuda alegre. Joya reluciente, obra maestra del genero y del teatro musical por extensión, ha encontrado, por un lado, intérpretes ideales, una puesta en escena original y eficaz, orquesta, coro y cuerpo de baile que respondieron con profesionalidad y entusiasmo; por el otro, un publico sediento de sana evasión, de alegria, hambriento de sentimientos inocentes y cándidos, totalmente rendido ante una dramaturgia cuyo fin es provocar al mismo tiempo la conmoción, la sonrisa, la carcajada, la exitación.Todo esto pasó en las dos funciones a las que se pudo asistir en el romano Teatro Brancaccio, sede alternativa de la ópera en Roma al más serio, elegante Teatro Costanzi donde en esos mismos dias otra Señora, pero sumida en la oscuridad, Raina Kabaivanska en el rol de protagonista de Lady in the Dark de Kurt Weill, estaba ensayando su parte. El director artistico en Roma, Gianni Tangucci, hombre de teatro, culto, preparado y diligente, ha logrado juntar dos propuestas estimulantes y bastantes poco frecuentes incluso para el publico internacional que llega a la Capital, ex Caput Mundi. Una decisión atrevida que, en el caso de la obra de Lehár, se ha visto premiada por el ansiado tutto esaurito en sus nueve funciones fuera de abono: otro milagro, el de vender en taquilla las entradas cuando en los teatros italianos la tendencia es, desgraciadamente, la opuesta.No era para menos. Gino Landi, hombre ligado al teatro ligero desde su infancia y considerado, con razón, el top en todas las producciones musicales donde hay que derrochar ritmo, comicidad y espectacularidad con plumas y lentejuelas (suya la regia, entre otras, del ultimo Festival de San Remo), ha llegado con esta a su octava edición de La vedova allegra. Para la nueva versión romana, en un escenario amplio y en un teatro muy grande dividido entre una enorme platea y un equivalente anfiteatro, donde se hace mucho repertorio ligero y prosa, ha imaginado -con la imprecindible ayuda de su fiel colaborador Willy Orlandi (otro elemento de valor por su adaptabilidad al pasar con desenvoltura de la opereta al barroco con Deflo y Jordi Savall) que ha creado un decorado funcional, refinado y elegante, y dibujado los deslumbrantes figurines en puro estilo 'Belle Epoque'- una escena fija, dominada por la orquestra situada en el fondo y a vista del publico. Una orquesta integrada y partícipe de la acción teatral, gracias también a la batuta del joven californiano Christopher Franklin (San Francisco) que, sin embargo, tiene una formación musical europea e italiana al haber estudiado primero con Peter Magg en La Bottega de Treviso y luego con Gianluigi Gelmetti.Pero además, de brillante director de orquesta, Franklin es un óptimo violinista y, bajando del podio, supo acompanar con delicadeza y virtuosismo los duos entre la 'Viuda' y el 'Conde Danilo'. Por lo demás, su lectura fue acertada en los tempi, en el ritmo y en el acompanamiento de las voces que, innecesariamente desde mi punto de vista, fueron parcialmente amplificadas. 'Inutile precauzione' para las voces de impostación lírica, sobre todo al no disponer de un equipo sonoro plus quam perfecto. Lo que ha creado algún que otro pequeño desabarajuste en la parte musical, pero, por otro lado, ha permitido una perfecta intelegibilidad de la parte hablada, con sus ribetes de vaudeville a la Feydeau en el inocente, pero pícaro, enredo del abanico de Valencienne. Todos los equívocos, los celos, las batallas amorosas responden, en esta divertida comedia, a la búsqueda de la legitima proprietaria: esa 'mujer honrada', y por supuesto casada, con ganas reprimidas de adulterio.La muy consolable viuda era Daniela Mazzucato, con razón considerada la 'Regina dell'operetta' en Italia. La soprano veneciana, que debutó a los diecinueve años en el rol de 'Gilda' en el Teatro La Fenice, por su versatilidad pasa del repertorio barroco a Mozart, de Puccini a la opereta, a la que sirve idealmente con sus dotes excepcionales de cantante de indiscutble talento y maestría, de bailarina y de actriz dotada de natural simpatía y encantadora belleza, al recordar con su abierta sonrisa y con un físico admirable los primores de Gina Lollobrigida. Tras haber sido la 'Valencienne' ideal, al lado de Kabaivanska (la que la noche de la 'prima' asisitió aplaudiendo desde la platea) a partir de 1985 en el Teatro di San Carlo de Napoles, ha incorporado recientemente el rol protagónico de 'Ana Glavari' a su extenso repertorio. Su personal y elegantisima 'viúda alegre' conjuga el exquisito estilo mozartiano, al que no es ajena la línea de canto de Lehár, el brío de 'Susanna' y las languideces de 'Rosina' en Las bodas de Figaro, a la ironía y malicia del personaje que vive con desencanto el ser millonaria en pos de un amor que, jugando con astucia, la ve triunfante en el marchoso final sobre el tema de que 'é scabroso le donne studiar / Ja, das Studium der Weiber ist schwer'.Tras su entrada, interrumpida por un espontáneo aplauso, siguieron una modélica interpretación de la romanza de la 'Vilja' en la que hizo alarde de medias voces y pianisimos y un duo emocionante 'Tace il labbro / Lippen schweigen'.Tuvo por 'Conde Danilo Danilowitch' al más apuesto, simpático y buen cantante entre los jóvenes tenores italianos. Alessandro Safina, procedente del Festival de San Remo, donde ha coronado su carrera en el sector Pop que le ha procurado en los Países Bajos un sinfín de éxitos, discos de platino incluidos, y popularidad. Sin embargo, Alessandro sigue siendo el profesional que apreciamos en las escenas líricas de Palermo, Trieste, etc. Un chico serio, sin grillos por la cabeza, que sabe adecuarse con naturalidad a los distintos estilos de canto. Su voz de bello y varonil timbre, su línea musical ejemplar por compostura y afinación, le permitieron delinear un personaje 'a tutto tondo', gracias también a la fluidez de una actuación brillante, de auténtico galán roba-corazones. El público lo premió con generosidad ampliamente merecida.Para no quedar ni cortos ni perezosos, en Roma eligieron para el comprometido rol de 'Camille de Rossillon' a Max René Cosotti, el especialista italiano de este papel. Un tenor de antigua escuela, de la categoría superior a la que pertenecieron Gigli, Schipa, Tagliavini y Valletti: un estilo de canto latino, específicamente italiano, que parece haberse agotado definitivamente y que en Cosotti tiene, sin duda alguna, su último ejemplar. La voz siempre apoyada en el fiato, que el tenor piamontés sabe dosificar con una maestría comparable tan solo a la ya legendaria de Alfredo Kraus, un canto matizado en pianisimos etéreos, messe in voce de gran seducción, que repitió su clase magistral cantando el duo del Pavillon con la guapisima y desenfadada 'Valencienne' de Donata Lombardi D'Annunzio, una soprano emergente en el mundo de la ópera que se está ganando terreno en el todavía más dificil, interpretativamente hablando, campo de la opereta.Pero todo el reparto pareció ejemplar. Los cómicos personajes de la embajada del fantástico Pontevedro, Saverio Bambi 'Pritschich y su senora 'Praskovia': Gianna Coletti, 'Bogdanowitch' con su 'Silviana', Nadia Rinaldi; Antonio Conte 'Kormow', absurdamente celoso de su 'Olga', Rosaria Ralli. Los parisinos cazadores de dote fueron los hilarantes Stefano Consolini, 'Raoul de Saint Brioche' y Gianluca Valenti, 'Visconde Cascada', una 'estraña pareja' al estilo de la formada por Hernández y Fernández en las aventuras de Tintín. Una especial mención al baritonal 'Baron Zeta' de Alberto Rinaldi, vocalmente muy autoritario y al cómico 'Njegus' de Leo Gullotta, humanísimo y enternecedor personaje resuelto con estilo y gran clase en sus acertadas 'morcillas' que destornillaron de risa el publico.Éste, finalmente, hasta en sus elementos más reticentes a la sana diversión, se rindió totalmente en el tercer acto, representado sin pausa tras el segundo, situado en el celebre Maxim's de Paris, cuando el fenomenal cuerpo de baile se prodigó en un largo y acrobático Can-can sobre las músicas, tomadas 'ilegítimamente' en préstamo de Offenbach, pero muy oportunamente para recrear un ambiente cabaretero, de Orfeo en los Infiernos y de La vida parisina. La coreografía, creada para el mismo regista, Gino Landi, permitió al cuerpo de baile de la Opera de Roma, dirigido por Carla Fracci, lucirse deslumbrando al numeroso auditorio. Entre los magníficos bailarines hay espacio de sobrao para nombrar a las tres estrellas acrobáticas: Simona Imola, Gianluca Ramponi y Francesco Vitiello. No sobró, en cambio, ni aliento ni fuerza en las manos, en la pasarela final, cuando se tributaron 'bravos' y aplausos a todo la compañía.Y es que la opereta, es verdad, tiene efectos terapeuticos y ensancha el corazón.
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